Apenas un 20% de estudiantes de 15 años alcanza el curso adecuado puntualmente

Argentina cuenta con una de las tasas de escolarización más elevadas entre los adolescentes en América Latina. Sin embargo, se posiciona en el séptimo lugar de nueve países de la región al tomar en cuenta también los resultados de aprendizaje, según el Índice de Resultados Escolares en América Latina desarrollado por el Observatorio de Argentinos por la Educación.

Este índice ha presentado desmejoras desde 2009, momento en el cual 26 de cada 100 jóvenes de 15 años alcanzaban el curso correcto en tiempo y con las habilidades básicas en Lectura y Matemáticas.

En este contexto, estar en “tiempo y forma” implica que los estudiantes se encuentren en el curso adecuado (sin haber repetido ni desertado) y posean los conocimientos mínimos pertinentes para su edad. Actualmente, en Argentina, solo 19 de cada 100 adolescentes cumplen ambos requisitos. Esto representa una disminución de siete estudiantes en comparación con 2009. Curiosamente, el país ostenta un alto nivel de asistencia escolar, ya que el 97% de los jóvenes de 15 años asiste a clases.

Este dato también revela otro problema identificado por Clarín al analizar las pruebas PISA más recientes: de cada 100 niños que comienzan primer grado, apenas 50 logran llegar a la secundaria puntuales y con los conocimientos esperados. Los desafíos no superados en los primeros años se trasladan y empeoran en etapas posteriores.

Limitaciones de la secundaria

El índice considera dos aspectos de la trayectoria escolar: inclusión y calidad. “Para la inclusión, analizamos cuántos estudiantes de 15 años efectivamente asisten a la escuela”, indica Sol Alzú, analista de Argentinos por la Educación. Esta información, obtenida a partir de encuestas a hogares, arroja la cifra más positiva del informe: un 97% de asistencia escolar.

El segundo aspecto es el tiempo. De ese 97%, solo el 79% de los estudiantes se encuentra en su curso correspondiente, es decir, sin haber repetido, dejado temporalmente la escuela o haber ingresado tarde al sistema. Esto se traduce en una tasa de sobreedad del 21%, situándose como la sexta más elevada de la región.

El tercer criterio evalúa el nivel de aprendizaje. Para ello, se consideran los estudiantes que alcanzan el nivel 2 en las pruebas PISA, tanto en Lectura como en Matemáticas. Combinando estas tres dimensiones, del 97% que asiste, se reduce al 79% sin sobreedad y, finalmente, al 19% con resultados académicos satisfactorios.

Uruguay (35%) y Chile (34%) lideran la tabla de posiciones, seguidos por Brasil (25%) y Perú (23%). Argentina se sitúa por debajo de estos y solo supera a Ecuador (14%) y Paraguay (7%).

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Desempeño educativo en América Latina

Argentina cayó del segundo al séptimo puesto en la región y es el único país que ha perdido ubicaciones en el ranking desde 2012 hasta 2025 en todas las mediciones.

La sobreedad hace referencia a alumnos que tienen más años que los esperados para su nivel educativo. En el observatorio son rigurosos al evaluarlo. Alzú señala que, dado que las pruebas PISA se aplican cuando los estudiantes deberían tener 15 o 16 años recién cumplidos, tener 17 o 18 años, “o incluso 16 pero casi cumpliendo 17”, ya se considera sobreedad.

Esto puede ocurrir por tres razones: el estudiante ha repetido un grado, ha abandonado y luego regresado a la escuela, o ha ingresado tardíamente al sistema y ha cursado sus estudios con un desfase de edad.

La segunda parte de la definición, que se centra en los conocimientos mínimos, no implica necesariamente malas calificaciones o cargar con varias asignaturas por aprobar. “Esto también depende de cuáles son los contenidos mínimos necesarios para aprobar, definidos a nivel nacional o provincial”, aclara Alzú.

Un ejemplo son los trabajos prácticos integradores, una herramienta diseñada para aquellos que no alcanzan los contenidos mínimos. Así, “los alumnos pueden estar llevando menos materias y, aun así, tener peores resultados en las pruebas PISA”.

Es precisamente aquí donde se observa el deterioro: los resultados de PISA en Matemáticas, Lectura y Ciencias, según la analista educativa, “son los más bajos desde 2006 y han disminuido respecto a la evaluación anterior de 2022”.

En la comparación regional, Argentina queda detrás de Uruguay y Chile, países con un PIB per cápita más alto, pero también detrás de México, Colombia, Brasil y Perú, con un PIB per cápita menor.

“Existe una relación, no ignoramos, entre este índice y la idoneidad económica de los países, pero no es tan directa”, señala la analista. Con el PIB per cápita que Argentina posee, agrega, “se esperaría que los resultados educativos fueran mejores”.

De los países analizados, solo se supera a Ecuador, donde 14 de cada 100 estudiantes llegan a tiempo a los 15 años, y a Paraguay, donde solo lo logran 7.

Una explicación común respecto a la falta de mejora en la secundaria está relacionada con la inclusión. En años recientes, Argentina ha ampliado la cobertura escolar, especialmente en la secundaria, uno de los niveles más recientes en volverse obligatorio.

“Niveles mayores de inclusión suponen un reto en términos de aprendizaje, porque se enfrentan distintas realidades y contextos”, apunta Alzú. A corto plazo, expresa, suele haber tensión, dado que “mayor inclusión puede implicar peores resultados”.

El informe sugiere una respuesta más amplia. En otras naciones de la región también han aumentado las tasas de asistencia, incluidas las de secundaria, y no en todas ha disminuido el índice de resultados educativos. “Parece ser un problema particular de Argentina más que una tendencia general”, sostiene.

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“Las autoridades argentinas suelen enorgullecerse del aumento de la cobertura, pero pasan por alto los bajos resultados en el aprendizaje. Este índice, al combinar diversas variables, proporciona un panorama más preciso y difícil de ignorar. Con más estudiantes y menos sobreedad que en años anteriores, en la actualidad son menos quienes llegan con el conocimiento esperado”, afirma Alejandro Morduchowicz, experto en planificación y políticas educativas.

“La comparación con países de mayor pobreza debería despertar una segunda alerta: los factores externos ya no justifican nuestro bajo desempeño. Excluir esto deja a la política educativa como principal responsable, ya sea por su ausencia o sus errores, según sea el caso”, añade Morduchowicz.

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Alzú también señala otro factor que surge mucho antes de la adolescencia. Ya en tercer grado, existen dificultades en comprensión lectora, como que casi la mitad de los niños no logra entender adecuadamente un texto adaptado a su edad. Y esto no se limita al área de Lengua.

“Un estudiante que no comprende el enunciado de un problema, aunque sepa realizar las operaciones básicas, tiene dificultades para resolver el ejercicio”, ejemplifica.

¿La responsabilidad recae solo en la escuela? Agustín Porres, director regional para América Latina de la Fundación Varkey, piensa que no.

“La escuela se sustenta en la comunidad. Con directores que confían en sus equipos, con familias que apoyan a la institución y con gobiernos que impulsan su desarrollo. No podemos relegar todo el aprendizaje a las escuelas, ya que es un compromiso de todos. Si deseamos que los estudiantes asistan y aprendan en tiempo y forma, debemos asumir el compromiso, y así revertiremos la tendencia”, enfatiza.

El desafío en la región, apunta el informe, es conseguir que la expansión del acceso se traduzca en trayectorias escolares sostenidas y, sobre todo, en aprendizaje efectivo.

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