El buen parir es un derecho humano

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Estos días, a partir de las manifestaciones espontáneas que surgieron a raíz del intento de detención a Hebe de Bonafini, me recordé hace más de veinte años atrás en plena adolescencia, consciente de aquella generación contemporánea (nací en el ´76) que comenzaba (o mejor dicho seguía) reclamando su identidad individual pero también social y política. Me dieron ganas de abrazar a los H.I.J.O.S, a los compañeros que acercaron ese sentir a mis apenas 16 años. Ahí estaba Laurita, hermana de Roque, más pendeja aún que yo y quien pocos años más tarde empezaría su carrera como cineasta con el documental Panzas, que aborda la identidad, nuestra identidad, y donde una de las frases que resuenan es  “uno en el fondo sabe, aunque le mientan”.

Ellos fueron los que sostuvieron los escraches, reeditando el movimiento hacia delante, poniendo voz donde todo era silencio. La negación de la identidad es, quizás, la más tremenda de las mentiras.

Corrían los noventa y nosotros, todos artistas, activistas por pura esencia; alguno en Letras, otros en Psicología, a otros se les dio por el teatro, por el cine, por el deporte, por  la música, por la construcción sustentable; por los amigos, por el coraje de levantar las banderas del buen camino, del lado correcto que, superando todo prejuicio ideológico o partidario, no es más que apostar a la vida, a nuestra más profunda humanidad.

Nos expresábamos a través del trabajo social, del arte y de las ideas políticas sobre democracia, participación, educación pública… No eran tiempos de militancia “orgánica”, más vale el juego era esquivarla por estar profundamente corrupta. Militábamos como estudiantes secundarios y trabajábamos en un barrio muy humilde cobijado por el padre Eliseo Morales, en Hogares la Paz, Wilde, Avellaneda, nuestro primer lugar de militancia.

Podríamos escribir un libro sobre cada uno de esos compañeros/as, jóvenes, hoy muchos de ellos ya padres, ya madres, y sobre las vueltas de las cosas, y los caminos de búsqueda internos y nuestro “quehacer” externo. Entonces, cuando me senté a escribir esta columna pensé qué bueno sería escuchar la voz de Roque, el que eligió ser médico, y compartir sus palabras para esta comunidad que busca y sabe que detrás del parto humanizado habita un mejor vivir.

Roque Bondaresky es médico pediatra, homeópata  y terapeuta sistémico con un fuerte recorrido que se origina en la medicina alopática y que transcurre, en formación y práctica, hacia la medicina homeopática. Con mirada sistémica, nos habla de un nuevo paradigma y hoy, en plena espera de León, su primer hijo, siembra en Madrid lo que otros están sembrando en Buenos Aires y en tantos otros lugares de este globo: un hábitat simple, natural, amoroso, conectado con la vida.

¿Cuál es la mejor forma de transmitir a los lectores el nuevo paradigma? ¿Cómo hacemos para desviar, un instante, la mirada desde fuera hacia adentro? ¿Cuál es la forma más asertiva de transmitir la diferencia entre elegir el camino de la mente o el camino del sentir? ¿qué lugar y qué representan las emociones en salud?.

Dijimos en nuestra primer nota de esta columna, que en ella daremos lugar a voces que ya viven y construyen en este paradigma nuevo, aquí va la voz de Roque, desde su mirada humanizada de la medicina:

“Vamos en búsqueda de un nuevo nacimiento que nos desenganche de lo hegemónico, que nos plantee otros tipos de liderazgos, que nos libere de este gran montaje que sostenemos con nuestros mandatos. El nuevo nacimiento es una invitación al disfrute de la vida, para que crezca nuestra sanación, para aprovechar el movimiento que trae la nueva vida, valernos de las herramientas que aportan una mirada transpersonal, sistémica, que explica la vida a partir del caos, la complejidad, el transitar los procesos de manera más consciente, de la interrelación, del dinamismo constante.

Según el modelo hegemónico, el momento emocional no es respetado en el parto o después de él, por eso hay que ir construyendo una red de calidad, amigos, terapeutas y sostenes en la construcción de comunidad; esos espacios afines donde uno tenga la posibilidad de encontrarse, de dejar los miedos, donde encuentre gente entrenada para contener, empática con el proceso de puerperio de una madre,  por ejemplo.

Debemos ser cuidadosos, pacientes, humildes con lo que trae la vida, todos estamos migrando desde viejas formas de pensar hacia una nueva consciencia, para lo cual necesitamos conciencia de lo viejo y de lo nuevo: el contacto con lo ancestral y poder aceptar, integrar. El parto es una experiencia mamífera al 500%. Requiere reconciliarnos con nuestro sistema de valores, con nuestro origen, y estar atentos al proceso de sufrimiento que se sostiene por creencias como ‘no me debería haber pasado esto’ para que el dolor no crezca y gane el disfrute con lo que trae la vida.

Recuperar el poder en el momento del parto es reiniciarnos, es reencontrarnos, es revolucionarnos, es ponernos más firmes, confiando que surge de un lugar de sabiduría propia.

Llevarlo con calma, poder avanzar, caminar con lo que nos toca, poquito a poco.

Siendo pacientes para conectar y dar aparición al Ser, que viene desde dentro y trae lo nuevo.

Honrar a los padres, reconocer el esfuerzo, darnos los tiempos y los espacios necesarios,  salir del paradigma de la presión y la excelencia ver si hay algo que modificar dentro de nosotros mismos.

Volver a la esencia, despegándonos de la cultura de la impaciencia que no es más que un disfraz que se pone la exigencia”.

Gracias, Roque.

@roecharri

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