Cuerpar revoluciones

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Volvemos a suspender los hábitos que son parte de nuestra coreografía diaria. Y al mismo tiempo las calles de América del Sur arden en protestas. Somos un «cuerpoespín», por la Pandemia y por la realidad política. Y las mujeres ponemos el cuerpo en esta transformación.

Cuando quiero explicarme, hablar del  tiempo que nos toca vivir, de esta parte de la historia en la cual participamos, del actual espíritu de época que evocaremos en algún futuro, por un lado me mareo, y por el otro me viene la imagen de algo que no sé cómo tomar entre mis manos porque donde toca lastima, se hunde en la carne, es algo pinchudo, un “cuerpoespin”. Y ya que jugamos con las palabras, aviso que no es cuerpear, el título está bien escrito.

Hoy volvemos a suspender los hábitos que son parte de nuestra coreografía diaria, que meses atrás retomamos ligeramente y nos dio algo de impulso. Ahora volvemos a replegarnos y también a desorientarnos: la rutina vuelve a trastocarse y definitivamente algo se interrumpe en el ritmo. Hace un año supimos hacer una vida en escasos metros cuadrados y buceamos todo lo que había que bucear en el pasado, las fotos, los olores, las historias, las revisiones. También tuvimos tiempo para hablar de otras cosas: ¡bien por eso! Los detalles se dilataron en el tiempo haciéndose “profundidad de poesía y extensión no medible” en palabras de Édouard Glissant.

Siguiendo entonces con el ejercicio minucioso del detalle, quiero recapitular y volver a los últimos meses de 2019, cuando rebeliones populares con muchos jóvenes en las calles estremecieron Sur América. Octubre de 2019: aquí en Argentina el voto popular volvió a elegir al peronismo; en Chile estallido social  y masas de de mujeres haciendo  la performance “un violador en tu camino” al coro de el estado opresor es un macho violador; acciones globales por el aborto legal y contra las violencias y femicidios; en Ecuador la insurrección masiva contra las medidas del FMI obligó a su presidente a refugiarse fuera de Quito. Brasil con Bolsonaro, un capítulo aparte. Y en 2020 continuó, en marzo ya con el COVID, en EEUU la gente salió a la calle para repudiar el asesinato racista de George Floyd en un susurro colectivo que repetía como mantra  I can’t breath, I can´t breath (no puedo respirar, no puedo respirar). Durante todo ese año en Colombia hubo rebeliones masivas continuas que culminaron con los hechos recientes. En la región casi todo eclosionó en aquel octubre de 2019 y continuó. En Bolivia también se dieron alzamientos populares y Evo fue destituido con un golpe blando teniendo que refugiarse en México. Por esos días leo en una nota: Se repiten violentos enfrentamientos en Cochabamba y bloqueos en otras partes del país. En Vinto (centro), manifestantes prenden fuego el edificio municipal y obligan a la alcaldesa Patricia Arce Guzman (MAS) a caminar descalza por el pueblo, cubierta de pintura roja, bajo insultos y amenazas. (6/11/2019).

Busco el libro  “Revolución en los Andes”, de Sergio Serulnikov y leo :

“Tupac Amaru, Micaela Bastidas, dos de sus hijos y otros cabecillas fueron conducidos hasta el pueblo de Urcos en la provincia de Quispicanchis….. el 14 de abril, el visitador general entró en la ciudad imperial con el célebre reo. Según un relato de la época, Don José Gabriel Túpac Amaru venía sentado como mujer, en un sillón con grillos en los piés, la cabeza descubierta para que todos lo vieran…en el pecho tenía pendiente  por una cadena una Cruz de Oro con su Santo Cristo, las medias de seda blanca y el zapato de terciopelo negro, el semblante sereno y el color propio del Inca. Detrás del “desgraciado Inca” venía su mujer en una mula blanca, sentada sin sillón, sin sombrero para que todos la conozcan”. Toda la ciudad se lanzó a las calles para ver pasar el cortejo

 Luego, las torturas públicas que me resultan irreproducibles.

Hago esta reseña descriptiva para hacer foco en el cuerpo, en lxs cuerpxs de la revolución y  la necesidad de imprimir la dominación haciendo, operando desde y sobre lxs cuerpxs porque la colonización no cede, jamás cede y sabe de la eficacia simbólica y ritual para dejar en claro quién tiene el poder.Desde el Sur hemos tenido y seguimos pensando mucho sobre la colonialidad del poder para comprender sus operaciones. Sin embargo, los pueblos también resisten y subvierten la opresión con acciones y “performances” (para usar el término convencional), así pensamos y disputamos colectivamente: defender con el cuerpx siempre es un límite.

La última descripción donde el visitador general entra a la ciudad denigrando públicamente a Túpac sentado como mujer con medias de seda blanca y el zapato de terciopelo, al leerla asocié con un  salto temporal de 240 años a la imagen de las vogueers activistas LGTB que se hizo viral bailando entre armas, cascos y pecheras tortugas en pleno estallido. ¡Eso me dislocó! (recomiendo ver especialmente el video en el perfil de piisciis en Ig), no solamente el despliegue de blondas y glamorosas cuerpas danzando, girando al ritmo de la guaracha, sino la perplejidad y la parálisis de los hombres armados y protegidos hasta los dientes en el Palacio de Justicia: el contraste lo dice todo… En el juego de similitudes y diferencias  el visitador general y la cruz colgada del cuello, hoy es el Escuadrón Móvil Antidisturbios  y aquella denigración simbólica misógina, hoy es empoderamiento.  

Sin embargo, en pleno fragor del hartazgo y frenesí, las acciones populares creativas, pacíficas, alegres recibieron represión, muerte y desprecio, el mundo entero se detuvo ante la interrupción drástica del distanciamiento, del  aislamiento social, de cuerpxs que no podían tocarse ni intercambiar el aliento. I can’t breath.

El virus produjo un “salto”, dice Bifo, (literalmente saltó del reino animal al humano) que nos vuelve a poner en un lugar de igualdad. Es complicado usar la palabra Igualdad  porque ya sabemos que la base de este sistema mundo capitalista y patriarcal es todo lo contrario, pero entiendo que la usa como condición humana, como especie que participa de la vida en este mundo. Y es esa condición que tenemos en común la que desnuda obscenamente la desigualdad. La lógica miserable de los que dominan primero e imponen condiciones, y después que desfilen los que pueden acceder pareciera no tener lugar ante  la velocidad de las mutaciones virales y contagios: crece la tensión entre “nadie se salva solo” y la política de contar los muertos como un factor más de la ecuación para conservar el poder.

Al principio nos asombramos porque podíamos ver  cumbres de montañas  antes tapadas por el smog, fotos de leopardos extinguidos, mandriles peleando por comida en una ciudad asiática, pájaros que nunca escuchaste cantar en tu vereda. La naturaleza hacía lo que tenía que hacer: desplegar la vida y preservar el equilibrio, siempre algún ser vivo paga el costo del desbalance  y esta vez nos tocó a nosotrxs. Les humanes entramos en un paréntesis, no en el presente no en el pasado sino en duración del gerundio, en el “estar siendo”.

 Somos una especie más de la inmensa multidiversidad que hay en el planeta. Hacemos cultura y tecnología para vivir en ellas. Las creamos artesanalmente en el estar colectivo: visitar, abrazar,  charlar cerca, saltar en pogo, peregrinar, danzar, cantar, alentar, vestirse, maquillarse, discutir, confrontar para mencionar sólo unas pocas de las  muchas expresiones espontáneas de alegría que suspendimos por esta pandemia. El virus  sin ser directamente visible  y muy silenciosamente ataca  el núcleo de la sociabilidad, del estar con otrxs, de la estrechez física que nos estimula.

Entonces nos sumergimos en las redes sociales y la virtualidad entrando definitivamente en una relación espacio tiempo que antes la percibíamos como ciencia ficción. Nos vemos obligadxs a la conexión, y entendemos que la tecnología nos lleva hacia otras experiencias colectivas. Siguiendo con el juego de similitudes y diferencias el soporte virtual digital no reemplaza al cuerpx.  Miguel Benasayag afirma, por ejemplo, que el pensamiento humanx es performático, que no existe la posibilidad de capturar la realidad y formatearla sólo desde el cerebro, todo nuestro ser, este equipo de carne, nervios, músculos sangre, agua y órganos que nos permite vivir está  íntegra y totalmente comprometido en la comprensión del mundo. Hay un desarrollo filosófico, antropológico y de las ciencias en general que abona y profundiza sólidamente este nuevo paradigma, pero eso da para otra discusión

Así vamos, saltando entre las contradicciones vitales, existenciales y la pulsión del estar siendo colectivo social. A esta altura me suena raro decir que las ideas y los conceptos se piensan y después les ponemos el cuerpo. Me arriesgo y digo: innovemos el lenguaje , del sustantivo cuerpo  crear el verbo “cuerpar”, no cuerpear porque éste que ya existe significa exactamente lo contrario, esquivar con el cuerpo. La definición de la  Real Academia Española dice textualmente hurtar un cuerpo.

Lo que quiero expresar y resaltar  es esa capacidad corpórea y revolucionaria del hacer que transforma  el mundo tanto sea  en el detalle íntimo como en la historia colectiva, pasamos de una escala a otra permanentemente atravesando tiempos cronológicos desde la jabonería de Vieytes en 1810 a  las calles de Cali en 2021.

 Ya sé que la cosa es bien compleja como les decía al principio. Pero soy optimista, mejor dicho confío. Confío en la potencia de la reflexión colectiva que hilvana cada piel y pulsa el latir en el caos organizado: son nuestrxs cuerpxs  que lo han hecho una y otra vez desde que el mundo es mundo. Por eso cuando escucho la pregunta  ¿volveremos a juntarnos, a llenar plazas para reivindicar y reclamar, a celebrar en las calles como manada, a escuchar recitales? Yo digo que sí, llevará su tiempo pero confío en que lo vamos a hacer una vez más porque aún con todo el dolor, este virus me arroja en la cara que no hay otra manera de vivir que no sea cuerpando revoluciones. 

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Silvia Brunelli

Bailarina. Antropóloga. Miembro del Equipo de Investigación de Antropología del Cuerpo y la Performance. UBA.

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