El estilo sindical

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Horacio González pone en contexto la marcha de las centrales sindicales de ayer y la analiza a través de las palabras de Cristina Fernández de Kirchner en el teatro Roma, ayer, donde señaló que el Frente Ciudadano no pretendía ser «columna vertebral de nada».

Por Horacio González para Nuestras Voces

No cabe duda que el acto del 29 de abril, mostró una vez más que hay en la Argentina un característico estilo sindical. Supo denominarse a sí mismo como “sabio y prudente”–esas son las formas clásicas de virtud-, pero ahora convendría más llamarlo astuto y contenido. Un modo de verlo no tanto como virtud sino como habilidad. Se quiso advertir, no confrontar; presionar, no desbaratar. El lenguaje que se usó fue enteramente latente, sinuoso y recoleto. “No somos enemigos del gobierno, sino de las políticas del gobierno”. La frase de Moyano resonaba suave en su forma, pero involuntariamente grave en su fondo. “Suaviter in modo, fortiter in re”. El esfuerzo que se hizo para aparecer enojados y no confrontativos, rozó primero zonas conocidas de la sensiblería social. La mención al “plato de comida” y al trabajador despedido que llega su casa “sin saber que decirle a su mujer”, son temas frecuentados, no inverosímiles ni ajenos a una llaga permanente en la memoria social, pero capaces de revestir con un manto de compasión problemas que exigen más precisiones. Era evidente que se quería tranquilizar al gobierno y al mismo tiempo asustarlo. Se avisaba que no se estaba “haciendo política”, que la política nada tenía que hacer en un ámbito donde solo se manifestaba en su pureza la reivindicación economicista de los trabajadores angustiados, en su más casto tenor. No obstante, fue el acto más político que contuvieron estos cuatro meses de Macri, más que el más numeroso del 24 de marzo y que el más ostensible de Cristina frente a Comodoro Py.

Hay que destacar que se leyó un buen documento, en la lectura concisa de Smith, dirigente de Dragado y Balizamiento, que revelaba una laboriosa confección y tenía una seriedad que si bien no le hacía perder su parquedad, lo convertía en una rara pieza que, excepcionalmente, definía el crudo panorama que atraviesa la clase obrera. Un conjunto de decisiones económicas que desprotegen el trabajo y se esmeran en inclinan sistemáticamente a patrocinar la renta empresaria, animaron a los redactores a definir con mayor claridad que la que luego desplegaron los cuatro oradores, esa escena social con sus sistemas de medida descompensados. Smith puso colores exactos en la lectura, postura de clásico dirigente sindical de los proletariados mundiales, enclaustrado en los dominios del peronismo del siglo XXI, y aunque las frases ya no eran las de Huerta Grande y La Falda –año 1957-, resonaban pequeños apuntes dispersos de las antiguas vocaciones sindicales. Al decirse ahí que mencionar hoy “la herencia recibida” no constituía ya pretexto válido para desconocer la grave situación social del mundo laboral, se cortaba con una argumentación específica del Gobierno de Macri, que cada vez que la escuchaba en bocas sindicales confirmaba que su campo de maniobras seguía siendo infinitamente amplio. Ya no lo es.

No podía preocuparle al gobierno que Micheli resolviera que un veto a la ley de emergencia económica que seguramente aprobará Diputados, ocasionaría un paro general inmediato. Lo preocupante era que Moyano no lo dijera pero usara una cantidad importante de eufemismos para revelar, al fin, que su costado amenazador sigue velado y es así que es efectivo. Pues habla sin decir, es afirmar bajo un signo implícito aquello que otros dicen por él. Este es el estado actual de la clase trabajadora argentina, que va escribiendo su historia propia a través de la trama de mediaciones de sus consabidos dirigentes, que practican con hábiles esguinces el “preferiría no hacerlo”. Pero para que el estado de inminencia funcione, alguna vez debe ser practicado. Moyano lo ha practicado y puede volver a practicarlo; además, las ligeras menciones a los “mártires del movimiento obrero”, fueron acompañados por más cercanos y palpables anuncios de una “unidad en la acción” de los gremios históricamente enfrentados, temible coalición donde la verba agitadora que actúa en las laterales se “moyaniza” momentáneamente pudiendo producir una conmoción evidente en un país donde no quieren “cogobernar”. Así lo anunció Moyano, “humildemente”: no queremos cogobernar, sabemos qué lugar nos corresponde, locuciones que salían de la misma boca que cierta vez a Cristina le había dicho que era imprescindible, en cualquier momento, “un trabajador como presidente”. Es evidente que en toda lectura son reversibles los enunciados, pero mucho más cuando son dichos por una dirigencia sindical acostumbrada –como el resto de la clase política- a dejar flotando en el aire lo que desea mostrarse, pero a condición que se lo mire por el revés.

En un acto de estas características –la presentación coreográfica de una amenaza- las más importantes significaciones aparecen de “colado”. En primer lugar, por debajo de pecheras, cánticos, modismos y liturgias, subsiste bajo diversas modalidades, la antigua clase trabajadora argentina, segmentada y ahora multicolorida en su dispersión funcional. Podrá decirse que ha perdido buena parte de sus hábitos de lucha, que está asustada, ha sido mellada por dirigencias sindicales que mutaron hacia identidades empresariales, deportivas, etc., todo en simultáneo y sin abandonar ningún vínculo con el mundo de los negocios, pero esa mixtura que hoy actuó por imperativo de las circunstancias, esbozó un círculo de tiza en el cual deberán moverse tanto el gobierno –que ya anunció que “comparte la agenda sindical”, haciendo gala de un pétalo más de sus cartuchos de astucias menguantes-, como el futuro partido justicialista reunificado. Pero también puede reconocerse que hubo un pequeño salto cognoscitivo de una dirigencia en general precaria pero calculadora al reconocer problemas sustantivos de la economía popular, menoscabada drásticamente por los planes gubernamentales. En ese marco, podía dispensarse el desarticulado discurso de Caló, entenderse el fervor de Micheli e interpretar adecuadamente el esfuerzo de Yasky para sentirse en confraternidad en un palco donde la proclamada futura unidad del movimiento obrero era tan llamativa como la reaparición de todo  tipo de personajes del florido bosque sindical. Y todo eso, aceptando que no estuvo Barrionuevo, que aunque sea involuntariamente, también ha cumplido un papel en esta tragicomedia social argentina, pues su ausencia valoriza más la pícara sagacidad de Moyano.

En segundo lugar, en otro acto multitudinario pero de distinta naturaleza, Cristina había anunciado un frente ciudadano, que en una presentación posterior –este en un teatro- aclaró que no pretendía ser la “columna vertebral” de nada. Es evidente que al decirse que se descarta algo, por lo menos no se lo descarta como motivo de análisis, por lo cual estamos nuevamente ante la cuestión de la columna vertebral o si queremos decirlo disminuyendo la corpórea metáfora, ante la cuestión del punto central de apoyo para desarrollar un ámbito de afinidades políticas, tema propicio para especialistas en “hegemonías” y otras visiones de un nuevo inicio de la vida activa en el terreno de lo que deberían ser las réplicas  sociales a la corriente aluvional gobernante. Ese punto de apoyo, como siempre estuvo claro, no puede constituirse sin un fuerte llamado a los trabajadores en tanto ciudadanos, en tanto productores y en tanto sujetos de diversas afiliaciones (sindicales, políticas y culturales). Por lo tanto, estamos en el mismo punto en que comienza el acto frente al Canto al Trabajo (monumento de Rogelio Yrurtia) pero entrando por otro ángulo. El Frente a constituirse nunca es una obra terminada y debe tratar de situarse en un punto imaginario del espacio-tiempo político que incluya la ciudadanía, la producción no sojuzgada por meta-poderes coercitivos y la acción cultural autónoma. Para eso se precisa un estilo, a ser creado. El estilo sindical es otro y es motivo de análisis. Lo vimos en el acto del cruce de Independencia y Paseo Colón en todo su complejo despliegue, en sus vetas y moléculas repentinamente conjugadas por una materia común. Aun no hay monumento alguno que diga aquello que se alude cuando señalamos al estilo que falta, todavía no avizorado, y que en su real esencia emancipadora, no se respiraba precisamente en los alrededores de ese Canto, que aun así tenía notas que no pueden desdeñarse.

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Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

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