El Mal de Tony Montana

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El rechazo al decreto presidencial sobre las nuevas medidas sanitarias desde el gobierno de la CABA a través de jueces amigos incompetentes en materia federal y la defensa de las clases presenciales en la peor semana de contagios desde que arrancó la pandemia evaporaron la idea de Larreta como candidato moderado. Juntos por el cambio tiene hoy dos alas: una bolsonarista y otra imaginaria.

En una de las mejores escenas de Scarface –el remake del clásico de cine negro de Howard Hawks que Brian De Palma dirigió en 1983– Elvira, interpretada por Michelle Pfeiffer, le explica las reglas del buen narcotraficante a Tony Montana, el exitoso gánster cubano interpretado por Al Pacino. La más importante es: “nunca consumas tu propio producto”. La mezcla de soberbia e impaciencia de recién llegado impulsa a Montana a desestimar el consejo y lo condena, luego de un ascenso fulgurante, a una rápida caída a manos de sus competidores en la magnífica escena final.

Esta regla elemental también se aplica a la política: la prédica es para convencer al otro, nunca para consumo propio.

Desde que el gobierno de Cambiemos entró en una feroz crisis financiera, lo que lo impulsó a negociar en la urgencia un préstamo con el FMI y recibir así el mayor aporte de campaña de la historia, dicha coalición conformada por el PRO, la UCR, la Coalición Cívica y algunos sellos de goma unipersonales, cambió su prédica política. Ya no se trataba de “mantener lo bueno y cambiar lo malo”, de ofrecer sonrisas y globos sino de alertar a la ciudadanía sobre el peligro de un regreso del kirchnerismo. Ese cambio se acrecentó con la derrota en las PASO del 2019. Maurico Macri logró remontar en parte la diferencia con un discurso duro, centrado en los propios.

 

¿Tenemos la peor oposición del mundo?

 

En el inicio de la pandemia, Juntos por el Cambio, ya desde la oposición, se mostró como un espacio político pragmático, dispuesto a apoyar las iniciativas del Ejecutivo. Las conferencias de prensa conjuntas entre el presidente Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof y el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, ayudaron a construir esa imagen. Fue la época de oro en la que los medios reprodujeron el mismo texto alentador en la tapa: “Al virus lo frenamos entre todos”. “Es la primera vez en la historia de nuestro país que todos los diarios se ponen de acuerdo para salir con la misma tapa”, destacó el secretario de Medios y Comunicación Pública.

Esa emocionante comunión, sin embargo, duró poco. Los medios y Juntos por el Cambio (dos colectivos que hoy cuesta diferenciar) volvieron a enfrentarse con el gobierno como había ocurrido durante los gobiernos de CFK, aunque ya sin la excusa del carácter ríspido de la ex presidenta o de sus formas rudas.

Las medidas sanitarias fueron consideradas como atentados a la libertad y la Sputnik V, la misma vacuna que empezará a ser fabricada en la Argentina, fue denunciada como una estafa o incluso algo peor. Al mismo tiempo que la ANMAT autorizaba su uso en la Argentina, desde Juntos por el Cambio presentaron una denuncia penal contra Alberto Fernández y su equipo de Salud por intentar envenenar a la población con la vacuna rusa.

El PRO optó por incentivar el discurso bolsonarista de una parte minoritaria pero muy activa de su electorado, cuya prédica extrema es replicada por los medios. Pese a ese corrimiento de su propio espacio político, Larreta siempre intentó mantener la idea de una coalición con dos sectores bien diferenciados: uno más extremo y sin responsabilidad territorial, con Patricia Bullrich a la cabeza, y otro más moderado y pragmático, que lo tendría como referente.

 

La derecha imaginaria

 

El dilema que se le presenta a Larreta es el de tratar de ampliar su base electoral de cara a las presidenciales del 2023 sin alejar a ese núcleo duro, hoy ubicado con furia en el terraplanismo político, una tendencia extremista muy refractaria a las alianzas y negociaciones que implican el juego político.

El rechazo al decreto presidencial sobre las nuevas medidas sanitarias desde el gobierno de la CABA a través de jueces amigos incompetentes en materia federal y la defensa de las clases presenciales en la peor semana de contagios desde que arrancó la pandemia evaporaron la idea de Larreta como candidato moderado. Juntos por el cambio tiene hoy dos alas: una bolsonarista y otra imaginaria.

El colapso de los hospitales públicos y clínicas privadas de la CABA pone en jaque la estrategia de su jefe de gobierno y la sorpresa de los dirigentes de Juntos por el Cambio frente al acatamiento ciudadano de las nuevas medidas sanitarias pareciera evidenciar que, como Tony Montana, han empezado a consumir la que sólo deberían vender.

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