¿Estamos preparados para envejecer?

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El envejecimiento presenta un desafío para algunos países de América Latina y el Caribe. Es el caso de Argentina, que ofrece servicios de atención a la dependencia de personas adultas mayores, pero verá la demanda aumentar drásticamente en el futuro.   

BID.- Frentes marchitas, nieves del tiempo, sienes plateadas. Esas palabras se asocian en todo el mundo a uno de los tangos más famosos de la historia. Pero, hoy en día, en el país de Gardel son, además, una imagen cada vez más frecuente. El descenso de nacimientos unido a una mayor esperanza de vida ha hecho que en Argentina vivan hoy casi 6,5 millones de mayores de 60 años, lo que equivale a un 15% de la población. Según estimaciones de las Naciones Unidas, en el año 2055 uno de cada cuatro argentinos será una persona adulta mayor.

El envejecimiento de la población argentina, al igual que en muchas naciones europeas, asiáticas e, incluso, de América Latina y el Caribe, genera inquietudes sobre quién se ocupará de una población adulta mayor que demanda más y mejores cuidados.

Cuanto mayores son las personas, más probable es que experimenten algún grado de dependencia. Según la última Encuesta sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores de 2012, un 11% de los argentinos mayores de 60 años tiene dificultades para realizar actividades básicas de la vida diaria, como comer o levantarse de la cama. Esa tasa se duplica si consideramos las actividades instrumentales, que implican actos como tomar sus remedios o viajar en transporte público. Para realizar esas tareas, más del 75% suelen contar con la ayuda de un familiar mientras que solo un 3,5% (en el caso de actividades básicas) o un 1,5% (en el caso de actividades instrumentales) recibe la ayuda de un cuidador especializado.

Estas cifras evidencian desafíos tanto a nivel individual como público. ¿Quién va a hacerse cargo de las personas que hoy están en edad activa cuando lleguen a la vejez y necesiten cuidados? ¿Qué servicios necesitarán a medio y largo plazo para preservar su calidad de vida? Y, fundamentalmente, ¿cómo pueden prepararse para llegar a ese momento de la vida lo mejor posible?

 

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El desafío individual

Hay muchas cosas que podemos hacer para prolongar nuestra independencia y autonomía. En primer lugar, para prevenir o dilatar las enfermedades crónicas es fundamental incorporar desde la juventud estilos de vida saludables: no fumar, realizar ejercicio físico, mantener una alimentación sana y minimizar el consumo de alcohol. Todo ello contribuye a reducir los factores de riesgo que pueden derivar en hipertensión arterial, sobrepeso, hiperglucemia o colesterol elevados, asociados con el desarrollo de enfermedades crónicas.

La participación en actividades intelectuales es igual de importante. La educación continua, ya sea formal o informal, tiene numerosas ventajas aparte del desarrollo de nuevas habilidades o el enriquecimiento personal. Nos permite mantener las funciones cognitivas a medida que envejecemos, seguir económicamente activos y mantener las relaciones sociales.

Ponderar los imponderables

Una buena salud física, mental y social contribuye al bienestar en la vejez. Pero esto no garantiza que no necesitemos de servicios de apoyo en el futuro. ¿Y con quién contamos si esa es la situación? Hoy en día, demanda y oferta de servicios siguen tendencias contrarias que preocupan a los especialistas de políticas públicas.

Por el lado de la oferta, la disponibilidad de cuidados por parte de familiares es cada vez menor por la reducción de las familias y la incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo, quienes tradicionalmente se han ocupado de los familiares mayores. En tanto la demanda aumentará exponencialmente por el aumento del peso relativo de las personas adultas mayores en la población.

 

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¿Puede Argentina hacerle frente a esta ecuación?

En Argentina existe una amplia gama de servicios sociales públicos que atienden a este segmento de la población. El Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), por ejemplo, presta tanto servicios sanitarios relacionados con la prevención y promoción de la salud (de autocuidado, culturales e, incluso, de actividades turísticas), como servicios integrales en centros de día o en residencias de largo plazo orientados a aumentar la autonomía funcional y atender a la dependencia. Estos servicios no solo permiten que la persona adulta mayor reciba los cuidados que necesita, sino también ayudan a que el familiar a cargo pueda mantener su trabajo y disponer de tiempo para descansar. Para las personas adultas mayores no afiliados al PAMI, diversas agencias nacionales, como la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores (DINAPAM) y otros gobiernos provinciales ofrecen diferentes niveles de servicios de atención.

Descargá el estudio de caso de Argentina haciendo clic aquí
Construir sistema de atención a la dependencia sólidos

Esta nueva realidad de una creciente demanda de servicios de apoyo y una disminución de los servicios preocupa a Gobiernos y Organismos Internacionales. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha creado una plataforma en línea sobre el Panorama del Envejecimiento y Atención a la Dependencia, para concentrar recursos de investigación y diseño de políticas. Además, el organismo ha publicado “Envejecer con Cuidado” una guía interactiva y accesible para que los gobiernos puedan diseñar sistemas de atención a la dependencia sostenibles en el tiempo.

Descargá “Envejecer con cuidado” haciendo clic aquí

El aumento de la esperanza de vida, si bien es un índice positivo, trae consigo importantes retos. A la larga, lo importante no es simplemente vivir más años, sino que estos sean de calidad. Conseguirlo es una responsabilidad individual y también social. Los países han de continuar diseñando estrategias de prevención para retrasar la dependencia el mayor tiempo posible, así como articulando una adecuada oferta de servicios que disminuyan la exclusión en la vejez. Porque, aunque sintamos que la vida es un soplo, como diría Gardel, no queremos que “la vejez sea la más dura de las dictaduras”, como cantaba otro gran tanguero, Alberto Cortez.

 

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María Laura Oliveri

María Laura Oliveri es consultora en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

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