El huevo PRO de la serpiente

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El periodista Jorge Elbaum señala que la «escena marquetinera del macrismo no solo obnubiló votantes, esperanzados con una derecha dialoguista y republicana, sino que sedujo –al igual que en tiempos de la primera Alianza- a distintos observadores» que hoy realizan «malabarismos teóricos para explicar las mutaciones de aquello que estaba en su origen». Además, puntualiza que todos los movimientos del oficialismo exponen «la identidad intrínseca y estructural de un modelo oligárquico».

“Qué hermosa apariencia tiene la falsedad”

William Shakespeare

Desde la asunción del gobierno de Mauricio Macri, distintos periodistas e investigadores describieron al modelo del PRO y de “Cambiemos” como la expresión de una derecha moderna, republicana y democrática. La expusieron, incluso, ajena a los modelos tradicionales corporativos y discriminatorios, característicos de las diferentes formas que asumieron a lo largo de la historia.  Gran parte de sus análisis se concentraron en la discursividad, la cultura política, la observación de sus usos tecnocráticos, su presentación pública y sus manifestaciones comunicacionales. Todos esos análisis dejaron de lado llamativamente dos aspectos centrales de cualquier caracterización política situada: su vínculo con la esfera de la producción y el trabajo y su impronta en relación a la utilización de la violencia “legítima” del Estado.

La escena marquetinera del macrismo no solo obnubiló votantes, esperanzados con una derecha dialoguista y republicana, sino que sedujo –al igual que en tiempos de la primera Alianza- a distintos observadores que confundieron la delicadeza infantil de los globos y su musicalización evangélica de optimismos abstractos, con un territorio fértil para la construcción de equitativos consensos ciudadanos. Esos mismos referentes “biempensantes” postularon una “pacificación” de las álgidas discusiones políticas que se diversificaron como producto de la reimplantación, durante doce años, del Proyecto Nacional. Los medios hegemónicos, y sus intelectuales orgánicos, caratularon de “grieta” a lo que supuso un nuevo patrón de distribución de la renta, donde se beneficiaba a los trabajadores y desocupados, cuestionando la matriz instalada desde 1976 hasta los inicios del siglo XXI.

La “concordia” anunciada tuvo, desde sus orígenes, la subyacente intencionalidad de disolver la capacidad de transformación que se anidaba en la continuidad -y profundización- del debate público ciudadano, con el sector más empobrecido de la sociedad, empoderado como sujeto social legitimado. La publicidad de una “derecha moderna” duró poco y sus difusores hacen en la actualidad malabarismos teóricos para explicar las mutaciones de aquello que estaba en su origen. Paralelamente, el gobierno de cambiemos empezó a mostrar a su “rey desnudo”, apelando a una discursividad más autoritaria y persecutoria, combinándola con las consabidas frases hechas, eslóganes e invitaciones a esperanzas abstractas y meritocráticas.

La escenificación “popular” del macrismo se instituye en la actualidad a partir de fotos carentes de espontaneidad, montadas en calles desiertas o rutas despejadas de potenciales opositores. Todos sus movimientos exponen la identidad intrínseca y estructural de un modelo oligárquico que requiere de tres condiciones para perpetuarse: (a) acoplarse a las corrientes internacionales que disciplinan a los trabajadores, para garantizar su renta, (b) reimplantar el sitial de privilegios para sus grupos hegemónicos, para legitimar su dominación, y (c) apelar a la represión como mecanismo de visibilización de autoridad.

¿Cómo discutir el macrismo? (Una polémica con Natanson)

Históricamente se denomina “reaccionarios” a los sectores que responden con violencia ante la potencial o real irrupción de cambios sociales. En nombre de su “orden social”,  los sectores portadores de privilegios son –y han sido- capaces de despedazar a quienes se atreven a desafiar un estatus quo en el que asienten su espacio de prerrogativas. En la actualidad, el modelo neoliberal rentista se ha lanzado brutalmente a la recuperación del terreno perdido en Latinoamérica desde inicios del siglo. Esta restauración incluye, como en todos los procesos similares sucedidos en el último siglo, la utilización del miedo a los “extraños” y la apelación al enfrentamiento de la “corrupción” como dos caras de la misma moneda, dispuestas para la reimplantación de una tasa de ganancia acorde a sus expectativas,

Tanto Europa como América se encuentran atravesados por el mismo intento de “restauración” que tiende a etiquetar a migrantes, minorías y desocupados como los peligros instituidos que deben ser disciplinados, reprimidos, segregados o encarcelados. El terrorismo internacional y el narcotráfico son los subterfugios para instalar peligros e hipótesis de conflicto. Mientras Trump sugiere expulsar a los niños y adolescentes latinoamericanos que permanecen sin sus familias en Estados Unidos e intenta construir un muro a lo largo de la frontera con México, Macri, su ministra de seguridad, Patricia Bullrich, y sus medios de comunicación afines, buscan relacionar la desaparición de Santiago Maldonado con movimientos subversivos ligados con guerrilleros kurdos y con las (disueltas) Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Los datos cotidianos de los últimos años contribuyen a conformar un clima de época que exige la implantación de una agenda pública que justifique intervenciones, inversiones en material de seguridad, armamentos, discursos belicistas y políticas represivas. Luego de la masacre en Las Vegas, Trump acusa al “mal supremo” de ser la causa de los casi sesenta asesinados, sin hacer referencia a los empresarios fabricantes de armas o a políticas de control de las mismas. Las “amenazas” se multiplican y el lenguaje de la multilateralidad diplomática es sustituido por permanentes advertencias de intervenciones militares –en Venezuela, en Corea del Norte, en Irán- contribuyendo a una escalada de belicismo discursivo (con ecos nucleares) desconocido en los últimos cincuenta años, desde la denominada crisis de los misiles hasta nuestros días.

El aislacionismo británico expresado en el “Brexit”, la irrupción del partido neonazi “Alternativa por Alemania” que cuestiona las políticas de Merkel por considerarlas permisivas, la presencia de discursos fascistas en Francia, enunciados por el partido de Marine Le Pen que humillan diariamente a los musulmanes, los discursos islamofóbicos de Geert Wilders y su Partido por la Libertad holandés  y la guerra civil en Siria completan un escenario de inestabilidad cuyo trasfondo es la crisis económica producida por la financiarización de la economía mundial, y sus consecuentes conflictos migratorios, derivados de la ausencia de proyectos internacionales de desarrollo sustentable.

Esta inestabilidad es acompañada por otro aspecto del mismo proceso, consistente es un nuevo ciclo de endeudamiento, especialmente por parte de varios Estados latinoamericanos, entre ellos el nuestro, que presagian un futuro de mayor sumisión a los centros financieros internacionales, quienes reiterarán sus exigencias de desregulación, flexibilidad laboral y achicamiento del gasto público. Esta situación brinda un clima propicio para formatear “chivos expiatorios” y fantasmas capaces de instalar la existencia de “grupos de alta peligrosidad social” o simplemente instaurar modelos de jerarquía social en los que algunos grupos serán cosificados, estigmatizados y humillados. Esta es una de las obvias externalidades de un proyecto de derecha, absolutamente ajeno a cualquier forma de “pacificación”.

El populismo “bueno»

Un apresurado racconto de declaraciones y acontecimientos promovidas por la derecha macrista, en relación a diferentes grupos vulnerables o colectivos históricamente discriminados, muestra a las claras el comportamiento retrógrado y reaccionario que el marketing naturalizador ha intentado maquillar detrás de sonrisas, globos y evangelizaciones fariseas. La derecha republicana y dialoguista asume su verdadero rostro:

– El 8 de julio de 2009, el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, afirma que los repetidos cuestionamientos a su Jefe de Policía, Jorge “Fino” Palacios “se habían convertido en un Auschwitz”, haciendo una analogía entre la crítica a quien fue procesado por escuchas telefónicas y los campos de exterminio.

– En 23 de marzo 2010, Macri fue consultado sobre si «los extranjeros pueden atenderse en los hospitales públicos de la ciudad”. El entonces Jefe de Gobierno respondió: «El extranjero no está bien que se atienda sin pagar».

– En diciembre de 2010, a raíz de la ocupación del Parque Indoamericano tanto Macri como su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, atribuyeron la intrusión en Villa Soldati como producto de una “inmigración descontrolada”, catalogando a despreciativamente a los ciudadanos latinoamericanos ocupantes de las tierras.

– El 12 de septiembre de 2013, luego de escuchar una presentación sobre el Holocausto, Macri afirma que “hay que terminar con el tema de la memoria…hay que mirar para el futuro…dejar el pasado atrás.”

– El principal asesor de comunicación de Macri, Jaime Durán Barba, asevera ante la Revista Noticias, el 8 de noviembre de 2013 que “Hitler era un tipo espectacular”.

– El 22 de abril de 2014, Mauricio Macri afirmar que «A todas las mujeres les gustan que les digan un piropo. Aquellas que dicen que no, que se ofenden, no les creo nada. No puede haber nada más lindo (que un piropo), por más que esté acompañado de una grosería, que te digan ‘qué lindo culo que tenés’”.

El totalismo macrista

– El 21 de marzo de 2015 el actual presidente de la Argentina afirmó, suelto de cuerpo, que la homosexualidad “es una enfermedad” y un homosexual “no es una persona ciento por ciento sana”.

– Marcos Peña recibe en Casa Rosada –el 14 de julio de 2015– a representantes del agrupamiento Bandera Vecinal, partido neonazi liderada por Alejandro Biondini

– El Secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj afirma el 25 de agosto de 2016 –en relación a la Shoá, el exterminio de judíos durante la segunda guerra mundial- que “nunca se determinó fehacientemente si (las víctimas) son 6 millones o 5 millones…».

– El 7 de septiembre de 2016, la ministra de seguridad de Argentina, Patricia Bullrich –en un alarde indisimulado de islamofobia–, anuncia la captura de El Sayed, un supuesto terrorista libanés, buscado por Interpol, con pasaporte falso de Paraguay, sin notificar que se trataba en realidad una persona de nacionalidad paraguaya, de origen libio, con pedido de captura por delitos comunes en Brasil.

– El Fiscal Federal Gerardo Pollicita, consustanciado con el gobierno del PRO, declara el 10 de diciembre de 2016 que el atentado a la AMIA se llevó a cabo contra ciudadanos israelíes, confundiendo a las víctimas argentinas (algunas de las cuales eran de origen cultural o confesional judío) con ciudadanos de otro país.

– El 14 de diciembre de 2016 el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) difunde sus observaciones sobre la situación de la Argentina y destaca que los indígenas, afrodescendientes y migrantes enfrentan un agravamiento de la discriminación. Cuestiona, también, el alto número de desalojos y “los incidentes con alto nivel de violencia contra las comunidades indígenas”.

– En enero de 2017, el gobierno de Bolivia pide explicaciones a Argentina por expresiones xenófobas y discriminatorias proferidas por la ministra argentina Patricia Bullrich, contra todos los inmigrantes de la región que llegan a su país, a quienes criminaliza asociándolos con el narcotráfico. El cónsul de Bolivia en Argentina, Jorge Ramiro Tapia Sainz, dijo el jueves sentirse indignado por las declaraciones de Bullrich, y ha pedido a su Gobierno que tome una posición firme frente a las “desafortunadas” declaraciones de la funcionaria argentina.

– El 30 de enero de 2017 Macri modifica la Ley de Migraciones mediante un decreto que endurece los controles migratorios en la Argentina. En el DNU se asocia a los migrantes con el delito, apuntando a revolver las problemáticas del «crimen internacional organizado» en la misma agenda que los derechos humanos de la migración.

– El ministro de Educación, Esteban Bullrich define a los nazis el 26 de marzo de 2017 como una “dirigencia que no supo unir”, en un acto realizado en la Casa de Ana Frank en Ámsterdam.

– En marzo de 2017 el organismo internacional dedicado a las migraciones advierte al gobierno argentino sobre las estadísticas equivocadas utilizadas por el macrismo para fundamentar su Decreto de Necesidad y Urgencia. El documento pone en evidencia la sustancial diferencia entre el 21 % de la población carcelaria que dice el Gobierno que representan los extranjeros y el 6 % establecido por estadísticas carcelarias verdaderas.

– El 26 de julio de 2017, el concejal del PRO de San Miguel de Tucumán, Agustín Romano Norri, fue denunciado por empleadas del consejo deliberante por desarrollar practicas misóginas. Además, fue acusado de referirse a Eva Duarte de Perón con la frase más aborrecible utilizada contra la líder popular: “Viva el cáncer”.

Los sucesos no son sólo expresiones de deslices discriminatorios sino, básicamente, evidencias de una impronta neo fascista que el sentido común y la naturalización mediática intentan esconder debajo de la alfombra. Macri es la expresión local de Trump y las ultraderechas europeas: sólo el odio embrutecedor del privilegio puede evaporar el sinnúmero de detalles que configuran el mapa del desprecio, la segregación y la defensa de las jerarquizaciones sociales. ¿En qué arcón de la historia intelectual se ocultarán los diferentes análisis que clasificaban al macrismo como una “derecha moderada”?

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Jorge Elbaum

Periodista, sociólogo y Doctor en Ciencias Económicas. Además de escribir en este portal, colabora con el diario Página/12. Fue director de la Dirección de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y actualmente es el titular del Llamamiento Argentino Judío.

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