La quiebra asintomática y el África subsahariana

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Volvieron las mentiras de campaña descaradas de Mauricio Macri: ahora dice que el país estaba quebrado cuando él recibió el gobierno en 2015 pero era «asintomático». Un cruce de términos con la pandemia, un par de medios que hacen eco bobo y otra frase falsa pensada para el impacto, como en 2015 lo fueron «pobreza cero», «no más impuesto a las ganancias» y «la inflación es lo más fácil de controlar». En 2018 se atribuyó el logro del «crecimiento invisible».

Hace unos días, Mauricio Macri explicó que en 2015 “el Estado nacional estaba quebrado pero era asintomático, nadie sabía que estábamos quebrados”. Si bien la del país quebrado es una letanía que el ex presidente ha transitado con frecuencia, en este caso asombró la noción de quiebra asintomática, una calamidad que nadie habría percibido por ausencia de síntomas e incluso de consecuencias.

Según la definición técnica, una quiebra o bancarrota es la situación económica en la que una empresa, organización o persona física se encuentra cuando, debido a la incapacidad de hacer frente a sus deudas con los recursos disponibles, tiene que cesar su actividad de forma permanente. Cuando esta situación ocurre quiere decir que con la totalidad de los activos no podría responder a la deuda total que debe a los acreedores.

Es difícil llegar a esa instancia sin que nadie lo perciba, en particular los acreedores. Es más, antes de “declarar la bancarrota”, Macri debería haber llamado a una convocatoria de acreedores para intentar llegar a un acuerdo en lo que respecta a la deuda que ya no podía asumir, algo que no ocurrió. En realidad, ni siquiera hubo suspensión de pagos y el Estado siguió asumiendo sus compromisos financieros sin sobresaltos. Al contrario, ese país quebrado según las afirmaciones del ex presidente -es decir, sin posibilidad de asumir sus propios pasivos- tomó una deuda en dólares colosal, la mayor de nuestra historia en tan poco tiempo. No sólo los mercados no percibieron lo mismo que Macri: tampoco lo percibió su gobierno. En efecto, como lo señala el economista Mariano Kestelboim, el propio equipo económico de Cambiemos describió un país completamente distinto cada vez que buscó colocar deuda, como por ejemplo en el prospecto que acompañó al famoso bono Highlander a 100 años, emitido en junio de 2017. Allí se informaba que el déficit fiscal primario había sido equivalente al 0,2% del PBI en 2012, al 0,7% (2013), 0,8% (2014) y 1,8% (2015), niveles moderados en perspectiva internacional. Esos funcionarios serios ni siquiera percibieron el déficit desbocado, otra calamidad supuestamente heredada de CFK. ¿Macri le mintió a los mercados en aquella época o le miente a sus conciudadanos hoy? Teniendo en cuenta que hasta el día de hoy ni los mercados ni los organismos multilaterales de crédito denunciaron la estafa que hubiera significado una quiebra maquillada, sólo nos queda la segunda opción.

En la misma época en la que Macri descubría la bancarrota invisible, el futuro ministro de Economía Nicolás Dujovne afirmaba que “el gobierno anterior era tan estrafalario que nadie le prestaba plata” y que el nivel de deuda de la Argentina “es bajísimo, de los más bajos del mundo, no conozco ningún país que tenga un nivel de deuda más bajo, tal vez algún país del África subsahariana”.

Pero el don de ver lo que nadie percibe no se limita a las bancarrotas. En su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso del año 2018, el entonces presidente afirmó: “Hace un año en este lugar les dije que teníamos que construir las bases para que la Argentina pudiese crecer 20 años en forma consecutiva (…) Eso es lo que hicimos, ese crecimiento invisible sucedió.” Nacía así el maravilloso crecimiento invisible que, al igual que la quiebra, nadie percibía.

En realidad, la bancarrota no es un hecho mágico, sino que se trata de una situación definida por parámetros objetivos; lo mismo ocurre con el crecimiento.

Pero lo más asombroso no es que un ex gobernante reinvente su propia gestión, al fin y al cabo la exageración e incluso la mentira son sus prerrogativas. Lo asombroso es que ninguno de nuestros economistas serios, quienes desde hace décadas se presentan como analistas objetivos de la coyuntura, haya refutado esa realidad paralela a partir de un análisis elemental de los propios parámetros económicos del gobierno de Cambiemos. Tal vez se trate de los mismos expertos que durante doce años criticaron a los gobiernos kirchneristas por estar tan alejados del mundo que nadie les prestaba un dólar y hoy denuncian que CFK nos endeudó en esos dólares que el mundo le negaba.

El reino de Narnia es una creación colectiva, un trabajo en equipo que requiere tanto de la frondosa imaginación de los ex funcionarios de Cambiemos como del amable silencio de nuestros economistas serios.

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