La vara democrática del antiperonismo

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Mauricio Macri retomó varias letanías reaccionarias ya clásicas, entre ellas, tildar al kirchnerismo como un tipo de peronismo antidemocrático, pero a diferencia de los de la mayoría de sus rivales, los liderazgos peronistas siempre se dirimen en base al apoyo popular y la buena salud electoral. Eso les otorga una gran legitimidad democrática.

A fines de 1979, el dictador Jorge Rafael Videla brindó una conferencia de prensa en la Casa Rosada. Uno de los participantes, Jorge Monti, entonces acreditado de La Nación en Gobierno, le recordó declaraciones previas según las cuales “si el partido peronista se organiza como un partido político con responsabilidad ciudadana, tendrá cabida como cualquier otro partido, en tanto adecúe sus hombres y sus ideas a un régimen de democracia plena” y le preguntó si creía “que un partido basado en el culto a la personalidad y, por lo tanto esencialmente antidemocrático, tiene derecho a participar realmente en un sistema democrático”. “Usted dio la respuesta” fue la previsible respuesta de Videla.

Hace unos días, el ex presidente Mauricio Macri fue entrevistado por Luis Majul, quien tuvo la cortesía de evitar tanto los temas ríspidos como las repreguntas incómodas. Además de considerar que el aporte de campaña disfrazado de préstamo que recibió del Fondo Monetario Internacional fue un premio al éxito de su gestión económica, Macri retomó varias letanías reaccionarias ya clásicas. “El kirchnerismo es una versión muy antidemocrática del peronismo, comparable con sus inicios, nada que ver con la época del menemismo y el duhaldismo, que era un peronismo democrático”, afirmó. “Además, en vez de representar a los que trabajan, como siempre hizo el peronismo, representan a los que no trabajan y a los que quieren vivir del trabajo ajeno”. No sin cierta autocrítica se refirió a la actual vicepresidenta: “Subestimé a Cristina, porque ella nunca se fue. Ella siempre tuvo el poder”.

¿Por qué los gobiernos de Carlos Menem y de Eduardo Duhalde serían más democráticos que los de Néstor Kirchner y CFK? En realidad, el único que llegó al poder sin el voto ciudadano fue Duhalde, aunque costaría calificarlo de antidemocrático. Los otros tres presidentes contaron con un amplio apoyo popular, logrando su reelección en primera vuelta, salvo Néstor que declinó presentarse. De hecho, a diferencia de los de la mayoría de sus rivales, los liderazgos peronistas siempre se dirimen en base al apoyo popular y la buena salud electoral. Eso les otorga una gran legitimidad democrática.

La crítica al peronismo antidemocrático de “los inicios” retoma una letanía antiperonista que tiende a justificar el golpe de 1955, única forma de terminar con un gobierno que no aceptaba el juego democrático. En realidad, si Macri destaca las virtudes democráticas del peronismo de Menem o Duhalde, es por el modelo económico que defendió el primero y el salvataje de las grandes empresas endeudadas a través de a pesificación asimétrica decidida por el segundo. No se trata de democracia sino de negocios.

 

La incomodidad con lo popular

 

La extraña mención al “trabajo ajeno” es otro lugar común gorila transitado durante décadas. El peronismo, hoy circunstancialmente kirchnerismo, sería un movimiento de vagos y planeros que viven de los emprendedores que Macri representa, esos pocos ciudadanos virtuosos que generan riqueza. Lo extraño es que bajo los gobiernos peronistas, salvo el de Menem tan elogiado por Macri, no sólo hubo generación de empleo privado sino que aumentó el poder adquisitivo de los sueldos. Como señaló hace unos días Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete, durante los tres gobiernos kirchneristas, el salario real del sector privado registrado creció un 78%. Ese mismo indicador cayó un 20% durante el gobierno de Macri.

El poder omnímodo del peronismo es otro lugar común del antiperonismo. Macri controlaba el gobierno nacional, la CABA y la provincia de Buenos Aires de forma directa, contaba con el apoyo de los medios, del sector financiero, de las grandes empresas del país, del FMI y la embajada de Estados Unidos y pudo endeudarse a destajo, pero el poder lo tenía CFK.

Así como uno de los dictadores más sanguinarios de nuestra historia, condenado a reclusión perpetua como autor de 469 crímenes de lesa humanidad (sin contar las causas posteriores a los juicios a las Juntas), analizaba la pureza democrática del mayor movimiento popular del país, el ex presidente Macri considera tener la vara democrática para establecer quién lo es y quien no. Recordemos que durante su presidencia miles de empleados públicos fueron echados a la calle por ser supuesta “grasa militante”, se estableció una mesa judicial para perseguir y encarcelar preventivamente a opositores, se persiguió y encarceló a los accionistas del único multimedios no alineado con el gobierno, se inventó una guerrilla imaginaria mapuche-iraní que habría puesto en riesgo la integridad territorial de nuestro país durante al menos ocho semanas (lo que tuvo como consecuencia las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel) y se estableció el tiro por la espalda como doctrina de Seguridad.

La vara democrática del antiperonismo nunca deja de asombrarnos.

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