Las multas de la desmemoria

Compartir

Penar con multas a las Madres por marchar los días jueves, en la Plaza de Mayo –como lo vienen haciendo desde la última dictadura–, se asemeja  mucho a una pésima novela de terror en un país desmemoriado y las actas que constatan esas infracciones, papeles que demuestran que todo es posible en el mundo del revés.

Publicada en Contraeditorial

En todas partes del mundo existen infracciones en los Códigos Contravencionales que dan lugar a multas y a otras sanciones en virtud de violación a las normas de tránsito o de convivencia. Entre ellas se encuentran las que regulan la circulación respecto a velocidades permitidas a los automotores en calles o avenidas, la prohibición de estacionamiento, la utilización sin autorización del espacio público, etc..

También existen excepciones en virtud de distintas circunstancias que habilitan la permisión, entre otras, el estacionamiento para personas con discapacidades, la autorización para vehículos oficiales que transportan funcionarios, la realización de actos en espacios públicos, etc.

Que la Plaza de Mayo haya sido vallada durante los últimos años por disposiciones del entonces gobierno nacional o del de la Ciudad no deja de sorprender cuando siempre fue un espacio sagrado y consagrado para las manifestaciones populares de toda índole. El paisaje de esa Plaza en definitiva fue cambiando su rostro y surgió lo que parecía inimaginable, hasta sus baldosas que albergaban la historia más reciente de nuestro país, fueron sustituidas por otras. Así fue, que los pañuelos blancos pintados en las cerámicas rojizas que daba muestras de los pasos y presencia de las Madres de Plaza de Mayo desde hace casi cuarenta y cuatro años tuvieron que ser recuperadas por estas mujeres excepcionales que siempre marcharon en ese lugar emblemático desde que la autoridad les impidió reunirse y las obligó a circular.

Advertimos, con pesar, que las baldosas ya no son las mismas, que han cambiado su color y textura, pero que el pañuelo blanco símbolo de resistencia y de lucha por el derecho sigue siendo inmutable con el paso del tiempo y sobrevive a las coyunturas políticas porque las Madres se encargaron de que la memoria de sus hijos e hijas detenidas/os desaparecidas/os siguiera perdurando en esa misma Plaza que la abraza el Cabildo, la Catedral y la Casa Rosada.

Esa Plaza fue testigo de los más grandes momentos en la construcción de nuestra identidad como pueblo, a veces ampliando ciudadanía y otras, cercenando libertades o produciendo muertes con una violencia inaudita. En la Plaza de Mayo vivimos una revolución independentista, un 17 de octubre como testimonio de lealtad a un líder popular, un bombardeo masacrador que precedió un golpe de estado o una represión policial por un gobierno democrático que dejó el poder y muchas víctimas de violencia institucional.

Podríamos mencionar muchas manifestaciones públicas inolvidables -entre ellas la del Bicentenario de la Revolución de Mayo- como también actos que merecen pasar al ostracismo y/o a la justicia para que las autoridades competentes intervengan frente a la comisión de hechos ilícitos o actos de vandalismo como ocurrieron en estos tiempos de emergencia sanitaria cuyos autores desconocemos si tienen o no expedientes judiciales o actas de infracciones abiertas en la actualidad.

También es cierto que en todas partes del mundo la historia de los pueblos es el mejor refugio para conocer de dónde venimos y hacia adónde vamos.

Parece una burla grotesca en esta historia común que nos une a los argentinos y argentinas propia de una imaginación sin memoria, las multas que recibieron las Madres de Plaza de Mayo los días jueves (actas de fechas 01/08, del 12/09 del 2019, entre muchas otras) por la utilización indebida del espacio público o por permitir que accedieran con sus noventa años o más a la Plaza en un vehículo que las trasladaba para marchar como lo hacen desde 1977; a la fecha reciben intimaciones para su pago con intereses… bajo apercibimiento de ejecuciones judiciales.

 

Las dos historias de los Derechos Humanos

 

En el 2020 y en 2021 las marchas cambiaron de forma pues la pandemia impidió que las realizaran como cada jueves en forma presencial, de otro modo también seguirían siendo infractoras en el país de Alicia en donde no sólo falta el espejo, sino que algunos miran sin ver, se distorsiona la realidad y se entiende que el poder habilita lo absurdo y hasta lo desopilante.

Es muy difícil de explicar a cualquier ciudadano o ciudadana del mundo que en el país en donde se cometió un genocidio, que se llevó la vida de treinta mil compañeras y compañeros que luchaban por un país más justo y solidario, sus Madres sean multadas por asistir a la Plaza en donde se reúnen cada jueves -reiteramos desde hace 44 años para quien aun no se da por enterado-, por infracciones como la de “ocupación indebido del espacio público” al colocar gazebos para evitar las inclemencias del tiempo que pudieran afectarles la salud o por violaciones a normas de tránsito al atravesar con un vehículo la superficie que las acerque a la Pirámide de la Plaza por dificultades para caminar.

Tan complicado es entender todo lo narrado que desde el derecho resulta inexplicable. Quizás habría que apelar a la literatura para que algún funcionario entienda que las normas jurídicas no son abstracciones, ilusiones metafísicas o entelequias desprovistas de una realidad socio-histórica.

Penar con multas a las Madres por marchar los días jueves, en la Plaza de Mayo -como lo vienen haciendo desde la última dictadura-, se asemeja  mucho a una pésima novela de terror en un país desmemoriado y las actas que constatan esas infracciones, papeles que demuestran que todo es posible en el mundo del revés.

Si alguien nos preguntara sobre la legitimidad o ilegitimidad en la aplicación de estas sanciones nos quedaríamos sin justificaciones posibles desde una mirada jurídica con perspectiva histórica y política.

Tal vez podría explicarse lo irracional tan sólo con la canción de Alicia del mejor grupo de rock nacional de todos los tiempos que encabezaba Charly García.

En el reino del revés “los inocentes son los culpables dice su señoría: el Rey de Espadas”.

Link a la nota original. 

Comentarios

Comentarios

Avatar

E. Raúl Zaffaroni y Rodrigo Codino

E. Raúl Zaffaroni, Profesor Emérito de la UBA. Rodrigo Codino, Rector organizador del Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos “Madres de Plaza de Mayo”.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 17/05/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto