Libertad de presión

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Un periodista del diario que fue «tomado» por una patota cuenta el camino recorrido desde que Tiempo Argentino se quedò sin dueño y comenzó el vaciamiento. Crearon una cooperativa y este mes ya estaban cobrando salarios. Elige firmar como «un trabajador» porque entiende que se trata de un camino colectivo.

Trabajar de periodistas se convirtió en una epopeya. El año arrancó sin poder cobrar el aguinaldo de diciembre ni el sueldo de enero. Y, con toda la incertidumbre a cuestas, empezamos una negociación con Sergio Szpolski hasta que el 22 de enero apareció Mariano Martínez Rojas.  Se presentó como la cara nueva del diario y, aunque nos generó cierto optimismo, sabíamos que detrás de todo esto estaba Szpolski, que es conocido por sus reiteradas estafas.

Cuando vimos que cada una de las promesas de Martínez Rojas eran incumplidas decidimos organizar un festival para contar el vaciamiento que sufría Tiempo Argentino y todo el Grupo Veintitres: Vorterix, Radio América, El Argentino y sus zonales. Así fue que el domingo 31 de enero, los periodistas que sabíamos hacer un diario, aprendimos a hacer una festival para 30 mil personas. Esa fue la primera gran presión, sin contar las marchas que habíamos hecho al Ministerio de Trabajo ni las choripaneadas en la puerta de la redacción.

El domingo 31 de enero, los periodistas que sabíamos hacer un diario, aprendimos a hacer una festival para 30 mil personas. Llevamos cinco meses asegurando nuestros puestos de trabajo.

Una semana después, Martínez Rojas decidió dejar de imprimir Tiempo Argentino y nos obligó a permanecer en la redacción para asegurar los puestos de trabajo. Desde el 5 de febrero hasta hoy llevamos cinco meses asegurando esos lugares que son los que nos permiten pensar en la posibilidad de trabajar. Vivimos de nuestro trabajo y esos puestos son la garantía. Por eso, además de buscar información para escribir las notas decidimos cuidar la redacción. Ahí volvimos a ejercer nuestro derecho de presión.

Poco después, nos sumamos a la movilización del sindicato de prensa (Sipreba), que fue el primero en salir a denunciar el Protocolo Antipiquetes, que no sólo atenta contra el derecho a movilizarse sino también contra el derecho a la libre expresión y al acceso a la información. Volvimos a presionar.

Para el 24 de marzo hicimos un suplemento especial para conmemorar el golpe de Estado de 1976. Nosotros mismos lo imprimimos, armamos los gazebos para distribuirlos y los vendimos en la movilización. Contamos allí con la solidaridad de empresas recuperadas y sindicatos. Vendimos 35 mil ejemplares y volvimos a cambiar el derecho de presión por el derecho de expresión.

Ese fue el inicio de la cooperativa. Fue otro desafío más: periodistas que estábamos acostumbrados a llegar a la redacción, buscar información, escribir noticias pasamos a conocer el circuito de canillitas, el funcionamiento de una cooperativa, la búsqueda de pauta publicitaria.

Cuando el diario dejo de imprimirse, hicimos un suplemento sobre el golpe de 1976. Nosotros lo imprimimos, armamos los gazebos para distribuirlos y los vendimos en la marcha. Contamos con la solidaridad de empresas recuperadas y sindicatos. Vendimos 35 mil ejemplares y volvimos a cambiar el derecho de presión por el derecho de expresión .

Y desde el 24 de abril, cuando se fundó formalmente la cooperativa, el camino fue en ascenso. Suponemos que eso fue lo que generó el asalto de anoche, donde una patota irrumpió en el edificio que comparte Tiempo Argentino con Radio América. Nosotros habíamos logrado recuperar la fuente de trabajo. Yo, que tenía el salario más bajo del diario, iba a cobrar la semana próxima un salario similar al de diciembre. Eso significa que, además de tener el orgullo de sostener un diario cooperativo que puede marcar agenda como demostrar que la off shore de Macri tuvo actividad en Panamá, teníamos una cooperativa con salarios que nos permitían vivir.

Anoche nos encontramos con una patota que entró al diario, un cordón policial que no nos dejaba entrar al edificio y que mantenía a los violentos adentro del diario y la radio, que lo único que hacían eran destrozos. Tuvimos que llamar a los compañeros de otros medios, organizar una conferencia de prensa, convocar a los compañeros de las empresas recuperadas y cooperativas. Todo eso para poder volver a hacer un diario ante la vista gorda del Gobierno.

Otra vez la presión para poder gozar del derecho de libre expresión.

*Un trabajador de Tiempo Argentino

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