Malamada es maltratada

Compartir

El primer varón que de niña me atrajo fue Clark Gable, o en realidad el personaje que interpreta en “Lo que el viento se llevó”, Rhett Buttler: un macho alfa, seductor, jugador, alcohólico y mujeriego y que… si Scarlett Q´Hara se porta mal, le pega un bife. ¡Siempre un poquito de violencia en esas pelis de Hollywood de antaño con las que crecimos!

Hoy, 2016, en una de las telenovelas más vistas en nuestros canales de aire, esa energía de «te agarro fuerte porque te amo» se vuelve a repetir en un cachetazo de la protagonista al galán, o en gritos con pasión y furia. La violencia está muy presente en las obras, películas, libros, novelas, series con las que la humanidad cuenta que se ama, aún hoy en día.

Esta demente  equivocación se mete con la salud amorosa de todas y todos, pero las mujeres salimos perdiendo un poquito más, para variar. El lugar que se nos dio a las mujeres en el «amor patriarcal y machista», para diferenciarlo del buen amor que nada entiende de géneros, es pasivo y doliente.

Los devaneos y lamentos amorosos parece que están solo en nuestros dominios, a pesar de los Wherters y Romeos. Parece que el romanticismo es patrimonio femenino. En esa mitología dos grandes modelos de ser nos son propuestos: la bella-objeto que no corresponde al amor del héroe y por su culpa se desatan guerras; o la Penélope eterna que lo amará y sufrirá por él para siempre.

Durante siglos las mujeres alejadas de los lugares de poder y construcción solo eran educadas para ser elegidas por un varón, para ser buenas esposas y madres como único destino posible de sus deseos. Si bien hoy no parece seguir siendo así porque votamos, estudiamos, trabajamos y mil victorias más, esta ancestral idea de ser buena y bonita para ser elegida nos acompaña, sigue escondida muchas veces con vergüenza progre, pero actuando en nosotras desde la profundidad.

Porque el feminismo a veces es de la puerta de casa hacia afuera. Puertas adentro no nos dimos cuenta aún cuan machistas son nuestras propias ideas sobre cómo debe ser esa persona que amemos, cómo es una cita ideal, cómo son los besos, cómo son las demostraciones de afecto en público, cómo son las peleas, cómo son las reconciliaciones, cómo es el sexo perfecto, cómo debe ser el futuro de esa relación y cuán terrible será si no dura para siempre.

Las ideas megamachistas del príncipe, del salvador, del que viene a completar, del que viene a proveer, del que viene al fin a quedarse con nosotras para siempre (porque estar solas con nosotras mismas dado lo inestables que dicen somos «las mujeres» parece desesperarnos) son apabullantes para mujeres y varones. Ninguno puede ser todo eso.

Y como ninguno puede, convivimos con conceptos bazofia, instalados, un status quo del amor, la pasada de moda de la «batalla de los sexos», ellos de Marte y nosotras de Venus, pero ninguno del aquí y ahora. «Ya no hay hombres!», «son todos iguales!» «uno peor que otro!»…

Y sí, de esos no hay, porque ese hombre ideal no existió, no existe y no existirá. Porque el amor machista todxs perdemos; no hay igualdad, pocos roles para tantas identidades, nosotras las locas de mierda, ellos los hijos de puta.

Sumada a la autopercepción mancillada, a las ideas más constituyentes y profundas sobre quiénes somos, la carrera interminable por la belleza perfecta, siempre corriendo pero llegando a ningún lado, dice que nunca somos lo que hay que ser por lo tanto nunca nos mereceremos ese amor.

Porque así como en este sistema patriarcal ser mujer está ligado primordialmente a que nacimos para ser madres y la ausencia de hijos pareciera ser cosa de las malas mujeres , las que física o emocionalmente no son suficientemente mujeres y nunca lo serán sin hijos también la idea de «ser amadas» es otro mandato que pesa sobre nosotras.

Transitando el feminismo es muy frustrante, aunque excitante, comprender todo el trabajo personal que tenemos por delante para sacarnos de encima toda esta masa de equívocos bien aprendidos. Todo lo que le pedimos al otro o a la otra sólo por su genitalidad, la desvalorización de nosotras mismas, la falta de registro frente a situaciones de incómodas a violentas, la pérdida de identidad, de personas, de espacios personales y tantos errores más…

Las grandes batallas que da el feminismo están allá afuera y acá adentro: ¿De qué hablamos cuándo pedimos basta de violencia si no podemos frenarla contra nosotras mismas desde nosotras mismas? Exponiéndonos a personas que nos confirman nuestras locas ideas de que el amor duele, de que nadie nunca va a querernos, ¿por qué buscamos el sol de noche?

No me refiero a las víctimas de violencia o  violaciones, temas ligados a otras cuestiones mas complejas y que merecen otro tratamiento. Hablo de todas esas escenas de mal amor que vivimos hasta de manera virtual o telefónica; todas esas ofensas disfrazadas de «viste como son las minas/los tipos»; todos esos encuentros sexuales sin sentido o sin goce; todo lo que sufrimos por creer, esperar, exigir, intentar, sostener cosas que no son reales, ni posibles, ni sanas, ni humanas; solo convenciones machistas, así de simple.

Si en el buen amor no podemos repensarnos como personas antes que como mujeres y al otro o a la otra como algo tan poco encasillable como eso, una persona, nuestro destino y final siempre será sufrir.

El amor machista establece lazos de propiedad, de dominación, privilegios para unos y desigualdad para otras, libertades o censura solo por género, el amor machista es otro producto del capitalismo, promete la felicidad total, la completitud, la satisfacción garantizada. Y en esa fiebre consumista de tener en vez de ser , el otra o la otra, su amor, o su cuerpo es otra cosa más que debo poseer para sentirme bien.

La buena noticia es que existen personas y relaciones alejadas de estos parámetros que enseñan que hay otra manera de amar. Que es real. Que es posible. Que no duele.

Podemos terminar con el patriarcado en pequeñas células de nuestra vida, células que podrán multiplicarse.

Para esto hay que matarlo en nosotrxs mismxs y uno de los puntos más urgentes es repensar y cambiar la forma en la que nos amamos y amamos a lxs otrxs.

¿Acaso hay algo que nos cuente más como sociedad, como humanidad, que el amor?

Hasta ahora solo probamos una manera: la machista. Ya estaría siendo tiempo de probar algo nuevo…

@srtaBimbo

Ni un Cordera más

 

#NiUnaMenos porque #VivasNosQueremos

 

Comentarios

Comentarios

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 26/05/2022 - Todos los derechos reservados
Contacto