Ocio y riqueza

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La ayuda para pagar el viaje de egresados a estudiantes de la provincia de Buenos Aires reeditó las críticas de clase con argumentos análogos a los de la discusión por las vacaciones pagas del siglo pasado. El peronismo sigue incluyendo con visión de desarrollo económico y los ricos se quieren adueñar hasta del ocio.

El 23 de enero 1945, la Secretaría de Trabajo y Previsión a cargo de Juan Domingo Perón extendió el derecho a las vacaciones remuneradas obligatorias al conjunto de los trabajadores. El turismo popular, que incluyó los hoteles sindicales y las colonias de vacaciones, fue una política coherente con el derecho al ocio y a las actividades recreativas de las clases medias bajas que incentivó el primer peronismo y que se completó con la asistencia a las salas de cines (el entretenimiento más popular de la época) y a los espectáculos deportivos. El objetivo fue permitir que las clases populares accedieran a bienes y servicios hasta ese momento reservados a las clases más privilegiadas. Esas clases vieron con una mezcla de fastidio y espanto la llegada del aluvión zoológico a la rambla de Mar del Plata o a las sierras de Córdoba. Por supuesto las críticas furiosas contra las vacaciones pagas no explicitaron el rechazo de clase sino que argumentaron lo insostenible de la medida: ¿Cómo iba a ser posible pagar a los empleados para no hacer nada? Como ocurrió en Francia en 1936, cuando el gobierno del Frente Popular instauró las vacaciones pagas, los medios afines a los grandes empresarios anunciaron quiebras masivas tan inminentes como esquivas.

Al final, tanto en Francia como en Argentina, esta notable ampliación de derechos que mejoró la vida de millones de ciudadanos no sólo fue económicamente sostenible sino que además propulsó la industria del turismo de masas.

Hace unos días, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, anunció un subsidio de hasta 30.000 pesos por beneficiario para que los 220.000 estudiantes que cursan el último año de la escuela secundaria en la provincia puedan organizar su viaje de fin de curso en febrero, marzo y abril próximos a destinos bonaerenses ya sea “en la Costa Atlántica, lagos o destinos rurales”. Como explicó el ministro de Producción Augusto Costa, no se trata solamente de que los estudiantes “tengan derecho a conocer otros lugares, paisajes, realidades y compartir experiencias únicas al finalizar el ciclo lectivo” sino que también “necesitamos que la temporada turística se extienda lo máximo posible para recuperar lo que se perdió por la pandemia (…) El dinero que se asigna va a destinarse a hoteles, empresas de transporte, gastronomía, guías estudiantiles, comercios y agencias de viajes que durante meses no trabajaron o lo hicieron en condiciones limitadas.”

Como era de esperar, nuestros medios serios y la oposición de Juntos por el Cambio (dos colectivos que cada día cuesta más diferenciar) rechazaron la medida en un nuevo Nado Sincronizado Independiente. Según el periodista Jony Viale se trató de una medida “desesperada” y para la diputada Silvia Lospennato “te regalan presente pero te roban futuro”. Por su lado, Patricia Bullrich, la ex ministra Pum Pum, sostuvo que “la cultura del regalo no va” mientras que el intendente de Vicente López, Jorge Macri, calculó cuantos baños de escuelas se podrían arreglar con esos recursos, un análisis que me hizo recordar la eliminación del programa de Fútbol Para Todos por Mauricio Macri y que permitiría la construcción de miles de jardines de infantes que nunca se llevaron a cabo. El propio Diego Santilli, actual vicejefe de gobierno de la CABA y candidato a diputado bonaerense, rechazó un subsidio que beneficiará a empresas de transporte y hoteles del distrito que aspira a representar argumentando que “se está hipotecando el futuro de los bonaerenses”.

En una escena asombrosa aún para el estándar generoso al que nos tiene acostumbrados, Martín Tetaz, ex economista independiente y actual candidato de Juntos por el Cambio, lanzó billetes falsos con una pistola de juguete durante el programa de Juana Viale.

El gesto, una denuncia al subsidio decidido por Kicillof y a las políticas activas del gobierno, generó la risa de todos los presentes. Así, un grupo de ciudadanos acomodados reunidos alrededor de una anfitriona cuyo mayor acierto fue nacer rica heredera, se burlaron de una medida que permitirá que miles de chicos viajen dos o tres días a Tandil o Santa Teresita. Los mismos comensales que aplaudieron la fuga de dólares denigraron la inyección de pesos en el mercado local para incentivar el consumo popular en plena pandemia. Deberíamos agradecer una declaración de principios tan clara. Es de una honestidad infrecuente.

Como ocurrió con las vacaciones pagas, el reconocimiento de un derecho por parte del peronismo redunda en un impulso a la actividad económica y genera la indignación de su oposición. Como hace 76 años, que el Estado impulse actividades recreativas de parte de las clases populares produce el mismo fastidio en las clases acomodadas.

El ocio es una prerrogativa de ricos.

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