Perpetua

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El día jueves 25 de este mes, el DR Ernesto Argañaraz no atenderá ya que el mismo acompañará en Córdoba la lectura de la sentencia de la mega causa La Perla-Campo de la Rivera. Allí serán condenados los responsables de la desaparición, tortura y muerte de su madre, María Elena Gómez de Argañaraz (la Negrita) en 1976, durante el terrorismo de Estado. Sepa disculpar las molestias. Gracias. El cartel en la puerta del consultorio del doctor Argañaraz, ayer por la mañana. Y sus posteos, para la memoria.

Mientras preparamos la previa al fallo en el juicio por los crímenes de La Perla con unos mates quiero decir una cosa cortita. Más o menos en el año 2000 yo me estaba preparando para alguna cosa. O le iba a comprar información de los destinos seguidos por mi vieja al gendarme Quijano. O lo iba a matar. Ya tenía todo. Los horarios, la dirección. Todo listo. Alguno de mis primos, de esos que en determinadas circunstancias tienen más luces, me paró. Y me puso en contacto con una hermosa abogada, que se puso el mochilón del derecho cuando no había derecho. De esa mujercita, éste humilde escribidor había puesto…»demasiado jóven para ser abogada, demasiado frágil para ser penalista». Y me salvó de los pelos. Y puso leyes, derechos, por ante ella que da fe, y un gran pedazote del alma. Voy por vos Dra. Lyllan Luque, que me devolviste todo.

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La carta que nos podrían haber escrito genocidas y sicarios

Arrastrarás cada día tu condena. Serás como Sísifo, subiendo una y otra vez la piedra de la vida. Peor aún, lo harás cada hora, segundo a segundo. Porque haré de tu existencia el supremo calvario de la espera. Porque haré de tu espera el deseo del suicidio. Porque te quitaré hasta la sed del agua de la vida. Porque te romperé una vez y para siempre la palabra certeza. Y más aún, sabrás que la vida tiene bolsillos de mago maldito; no aparecen palomas, al contrario, desaparecerá aun el sagrado abrazo del despido. Desaparecerá el beso para siempre. El Adiós dicho entre gritos. Eso que llaman lágrimas. Y más aún. De aquí en adelante, desaparecerá hasta la muerte. Envidiaras a aquellos que se van a la nada en ataúdes. Desearás el olor agridulce de los muertos. Los cementerios vulgares pero exactos. En toda religión encontrarás el culto con severas instrucciones acerca del entierro, así en el Talmud, donde todo será bajo tierra, entero o en pedazos, cuerpo, dedos esparcidos, restos de cabello, gotas de sangre, todo, todo irá bajo la tierra. Algo parecido en el catolicismo, que despedirán a sus muertos, incluso los intermediarios entre Dios y el hombre perdonarán con la extremaunción eso que llaman pecados. Similares cosas veras en musulmanes, budistas, protestantes, agnósticos y Ateos. Porque después de la muerte sigue la vida. Y entiéndeme bien. Después de la muerte de algunos, la vida de otros continúa. Pero para vos, ¡ay lo que te espera! No conocerás el amor porque el amor te será siempre otra medusa de pérdidas. Apenas rozaras los pubis con la mirada atenta. Serás la presa posible de otro desatino. Dormirás con el ojo abierto de la ausencia. Insisto, cada segundo de tu vida. Cada segundo de tu vida. Parirás con el dolor de la próxima indecencia. Sentirás lo siniestro besándote el cabello. Desearás el olor agrio de los muertos. Envidiarás a aquellos que despiden la nada en ataúdes. Porque así será el olvido: El constante, hijo de puta recuerdo. Porque así maldigo al hombre y tu nombre, y los herederos de tu escasa apariencia: Que no veas la raíz de la que vienes, porque tampoco conocerás los frutos que podrías. Porque PASADO: será presente y constante desperdicio, alcancía de amores alarmados para siempre. Así te maldigo: No encontraras un hueso de aquellos que eran tuyos. No tendrás despedidas. Serás una camisa apretando a tu dueño. Serás corto de mangas, talle chico, demasiado ajustado para enfrentar esta realidad, ya de por sí áspera, como lengua de tigre. Serás siempre lo posible y nunca lo encontrado. Serás un barco sin velas, ni destino. Serás lo que yo hice de vos: Levantarte cada día a luchar lo imposible. Eso si, lucharás, pero te aviso, no puedes con la nada de un despido sin despido. Nunca podrás aunque lo intentes a brazo partido. La luna que veras no será el astro de tus padres, hermanos, ni amigos. No habrán ojos ni pieles suficientes para comprender tu suplicio. No estarán ni las cenizas de aquellos que te dieron la vida o de aquellos a quienes se las diste. No te dejaré nada de nada. Arrastrarás cada día tu condena. Serás como Sísifo, subiendo una y otra vez la piedra de la vida. Peor aún, lo harás cada hora, segundo a segundo. Porque haré de tu existencia el supremo calvario de la espera. Este es mi acertijo Hombre. A ver si puedes desarmarlo.

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