Ritos de llegada

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La llegada al  aeropuerto, el balcón de una casa de departamentos en el Barrio Norte, el momento ritual donde se atraviesa la frontera entre lo que no logra verse y un par de ventanas abiertas de improviso.

No se puede negar una fuerza evocativa, pues la evocación no pretende el rigor ni la repetición. Es una atmósfera que repentinamente nos rodea en una espiral del tiempo. La llegada al  aeropuerto, el balcón de una casa de departamentos en el Barrio Norte, la vigilia nerviosa con el cántico que asoma a cada rato, el momento ritual donde se atraviesa la frontera entre lo que no logra verse y un par de ventanas abiertas de improviso.

¿Debe bailar un ex mandatario, debe acompañar con movimientos corporales de cadencia festiva, los oleajes rítmicos de la multitud? Creo que hay una polémica sobre este tema. El baile puede ser una concesión graciosa, un pespunte de simpatía o un ligero consentimiento. Pero en este caso pienso que se trata de otra cosa, de un anuncio, una fusión coreográfica, una ondulación de elementos muy cimbreantes, como un viento en la terraza que sacude las sábanas colgadas con un chasquido mojado. Y principalmente, se trata de un desafío, menos a las enormes fuerzas preparadas para destruir a un movimiento popular-juvenil, que a la pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos, si es que “a pesar de todo”, es posible un impulso reconstitutivo y refrescante.

Que de la  evocación apenas  borroneada en el recuerdo, extraiga una nueva línea del horizonte, que implique reexamen y lanzamientos de nuevas predisposiciones y respuestas.

Lo que vimos hasta ahora es el nudo primitivo de un pensamiento que puede restablecerse en la fuerza que puede darle, paradójicamente,  su adversidad.

Para eso se precisa una insolencia irónica (el sustrato de toda marca social profunda en la historia) que puede pensar en un ciclo de tiempo, puede mirarse adentro y mirarse hacia delante, con la destreza de un cuerpo danzante en una ventana inesperada. Son llamados sigilosos, apenas esbozados en su significación total –cuando se desplieguen por entero- pero indicio de que la esencia de una donación es colectiva, no tiene principio ni fin, y su centro tiene una forma danzante.

Son los pasos previos para pensar, meditar sobre lo actuado, reaprender a hablar de los pasos dados y pulir los que se van a dar, con una incitación que muestra la superioridad de la grácil pantomima sobre los poderes más terribles que se lanzaron a ahogar a la Argentina.

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