Soberanía y soberanismo

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Por Horacio González ¿Soberanía? Preferimos tratar la cuestión no desde este concepto sustantivo, sino desde su posibilidad adjetiva: soberanismo. Este último es el nombre de la forma práctica, expresiva y competente de la soberanía.

Hay gobiernos soberanistas y gobiernos no soberanistas. Este último es el caso del de Macri. No se trata meramente de un gobierno “abierto al mundo”, sino de un gobierno que excluye sistemáticamente la noción de soberanía, como un artificio inútil y vacío, que imposibilita darle sentido último a los actos políticos. De tal modo, el antiguo concepto de Nación (como un conjunto de decisiones tomadas desde el presente que se inspiran selectivamente en actos del pasado conocidos pero no necesariamente invocados) no forma parte de la idea gubernamental de la actual gestión.

El resultado efectivo de esta toma de partido se resuelve únicamente de un modo: con el desmantelamiento simbólico de los procesos asociativos del país y una detonación silenciosa de la idea de ciudadanía.

Por ejemplo, todas las actitudes de la canciller Susana Malcorra indican hasta qué punto se dejó de lado este concepto soberanista, al tratar como cuestiones “técnicas” tanto la cuestión de Malvinas como la de Brasil. Entendiendo “mundo” como la relación con las formas más perfectibles de la reproducción de la vida, el macrismo es el gobierno más cerrado al mundo que hayamos conocido.

El pensamiento de las corporaciones económicas es superior al pensamiento en torno a la Nación, al punto de eliminarse éste. Otros procesos corporativos, que incluso hacen convivir cierto feudalismo en los vínculos laborales con grandes innovaciones tecnológicas (como en Japón), o que incorporan todas las características de una sociedad capitalista-tecnológica en un marco político-estatal centralizador (como China), conservan de manera implícita la idea de soberanía nacional. Pero aquí tienen gran peso los legados milenarios de su cultura social y lingüística, lo que hace que lo nacional quede sobrentendido en franjas soterradas de religiosidad y etnicidad, lo que les permite operar como motores de globalización visibles, que pueden combinarse muy bien con nacionalismos, milenarismos y neo-religiosidades que a su vez se convierten en ideologías del alto capitalismo.

Los gobiernos Kirchner acentuaron la expresión “nacional y popular”, incluyendo en ella la cuestión democrática y la cuestión del  desarrollo nacional. Es evidente que la vertiginosidad de los actos de gobierno muchas veces obligaba a relegar descripciones más específicas referidas a sus propias consignas. Pero ahora es necesario reponer el papel imprescindible de más específicas teorías democráticas, social-tecnológicas e igualitaristas-distribucionistas. Es cierto que todo ello fue expuesto innumerables veces, pero no pudo evitarse cierta ambigüedad en el uso de las consignas. “Conectar-igualdad” reunía una idea tecnológica a un término de la teoría política sin aclarar los respectivos pesos de los conceptos.

De igual modo la “soberanía tecnológica”, que en el caso de experiencias como la del satélite de Arsat, implicaban una discusión sobre uno de los pivotes de la globalización tele-comunicacional y el modo en que con el trabajo nacional,

acompañado con una importante porción de equipamiento y materiales originados en él, permitían lanzar una gran tarea –después frustrada por la nueva administración macrista- sobre los alcances de un nuevo soberanismo.

Leé la columna de Horacio González sobre el Frente Ciudadano

Son ejemplos necesarios en relación a un soberanismo renovado (que debe incluirse en los términos de un programa frentista de reconstrucción ciudadana y popular), que deberá tratar nuevamente la concepción de soberanía en temas de fuerte singularidad, que signifiquen el fuerte compromiso de asegurar porciones de autonomía ético-política al país en un mundo muy complejo. Un mundo de universalización compulsiva y de fuertes falencias en su resguardo de la convivencia humana y de ésta en su relación con la naturaleza.

Por eso las políticas de la recuperación del dominio de lo social popular deben recrear un soberanismo capaz de dar varias lecciones, dadas incluso a sí mismo, además de construir adhesiones y unanimidades dinámicas a través de ellas.

Soberanismo económico junto a soberanismo lingüístico; soberanismo tecnológico junto a soberanismo cognoscitivo; soberanismo jurídico junto a soberanismo cultural-regional; soberanismo territorial junto a soberanismo sobre las condiciones de reproducción de la vida, en todos sus sentidos.

Todo ello, junto a un soberanismo histórico, que implica un replanteo de la historia nacional novedoso, que rechace los variados estereotipos hasta hora existentes y coloque la noción de “Argentina” en situación de pensar su territorialidad conceptual y físico-cultural, con otras verosimilitudes documentales.

Es lo que permitirá estudiar con originalidad (y por lo tanto actuar con más eficacia) sobre los problemas del desarrollo nacional vinculado a Malvinas, a la presencia de Gran Bretaña y Estados Unidos en las más diversas tramas sociales y económicas del país, y su propia intervención interesada pero crítica en las grandes reformulaciones tecnológicas por las que atraviesa la humanidad.

El gobierno de Macri quiere situarse irresponsablemente dentro de los flujos más violentos de la circulación financiera internacional, acatando totalmente sus dictámenes y macro-decisiones.

Son los oráculos que el gobierno se desvive (e incluso se deshace) en la magna tarea de interpretarlo, para cumplir sus determinaciones. El pago sin condiciones a los fondos buitre, la candidatura de la Canciller a la ONU, la renuncia tácita a las Malvinas, el reconocimiento al ataque a la institucionalidad en Brasil y situar al país como puesto de observación avanzada para desestabilizar Venezuela, son apenas algunas de  las joyitas que hay que observar en el cofre de la memoria nacional –en este 25 de Mayo- para percibir hasta qué límites este gobierno destrozó todo vestigio de soberanismo.

La crítica de la economía política de estas desmesuras es el reverso exacto de la reconstrucción de nuestro pensamiento crítico en términos de un nuevo soberanismo democrático, popular, nacional.

Horacio González para Nuestras Voces.

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Horacio González

Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944), sociólogo, docente, investigador ensayista argentino. Nació en Buenos Aires en 1944. Es profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino y dicta clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario. Entre 2005 y 2015, se desempeñó como director de la Biblioteca Nacional.

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