Soluciones de otra galaxia

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El macrismo considera la victoria en las PASO como un cheque en blanco. Con una crisis real en curso, se propone ir a fondo con lo que le quedó pendiente: reforma laboral, eliminación de la indemnización por despido, reducción salarial para los trabajadores más jóvenes y más.

Luego de la victoria de Cambiemos en las elecciones de medio término de 2017, Eduardo Fidanza le dedicó un panegírico al entonces presidente Mauricio Macri, “un líder de otra galaxia que constituye una completa novedad”. “Con la resonante victoria de anteayer, Mauricio Macri se encamina a consagrarse como un líder nacional fuerte de la democracia argentina, poniéndose probablemente en la nómina selecta que inició Yrigoyen, y continuaron Perón, Alfonsín, Menem y los Kirchner en el último siglo”, afirmó el consultor con un entusiasmo desbordante.

El propio Macri debió creer que formaba parte de ese club selecto porque durante la conferencia posterior a los comicios consideró que “entramos en una etapa de reformismo permanente” y concluyó que “Argentina no tiene que parar y no tienen que tenerle miedo a las reformas porque reformarse es crecer, evolucionar, progresar.”

Para Macri y gran parte de la primera línea del PRO, la victoria electoral confirmaba la aceptación por parte de la ciudadanía de la necesidad de las reformas estructurales que el oficialismo no había logrado hasta ese momento. Se trataba de una victoria cultural más que política, que terminaba- ahora sí- con el legado kirchnerista y la idea de un Estado sobredimensionado que asiste a los ciudadanos en lugar de incentivarlos a producir. Como afirmó ese año Esteban Bullrich, entonces ministro de Educación, en el Foro de Inversión y Negocios de Argentina: “Debemos crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla.”

 

 

 

La mayoría del electorado parecía haber aceptado el goce de la incertidumbre y, según la mirada del oficialismo, daba por terminada la etapa del “gradualismo”, un concepto generoso que incluía los tarifazos -el aumento de los servicios públicos en más de un 2.000%- o la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos. Así, la voluntad de crecer, evolucionar y progresar se tradujo en el lanzamiento de dos iniciativas mayores: la reforma previsional y la reforma laboral.

Sin embargo, aún con la ayuda de liderazgos venidos de otra galaxia, la reforma previsional fue el primer gran fracaso de Cambiemos, pese a haber logrado votarla en el Congreso. Esa victoria pírrica, coronada por una marcha multitudinaria al Congreso de un grupo etario, los jubilados, en general afín al macrismo, fue un duro golpe para Macri. La denuncia desde el oficialismo de las “catorce toneladas de piedras” supuestamente arrojadas contra el Congreso por militantes enajenados no logró atenuar la impresión general del fin de los globos y la revolución de la alegría. La pérdida de poder adquisitivo de las jubilaciones a partir del nuevo cálculo de haberes establecido por la reforma confirmó las denuncias de la oposición y de las asociaciones de jubilados.

Pese al apoyo de los medios «serios» (desde TN, Diego Dillenberger escribía en aquella época: “Por qué la reforma laboral puede ser lo más interesante de una campaña electoral sin ideas”), dicha reforma no pudo concretarse. Los sindicatos, incluso aquellos que mantuvieron un trato cordial con Macri pese al aumento del desempleo, no acompañaron la iniciativa, lo que frenó el ímpetu de algunos aliados circunstanciales e impidió una nueva victoria en el Congreso.

Pocos meses después y frente al cierre del financiamiento externo, Macri anunciaría un acuerdo urgente con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar el default luego de dos años de endeudamiento masivo. El resto es historia conocida.

Los líderes de Juntos por el Cambio tomaron el resultado de las últimas PASO de un modo similar al resultado de las del 2017. La derrota del oficialismo fue leída no sólo como una victoria de sus ideas, algo al menos discutible, sino como un cheque en blanco de parte de la ciudadanía para terminar a partir del 2023 aquello que Macri empezó de forma demasiado gradual. El propio ex presidente explicó en una entrevista la semana pasada que durante su presidencia no pudo “ir a fondo” porque la gente “no percibía la crisis” (la famosa “crisis asintomática”). Al parecer, esta vez Juntos por el Cambio sí contaría con el impulso de una crisis real que justificaría los presentes calamitosos como paso necesario hacia futuros tan lejanos como venturosos, una vieja letanía de nuestra derecha.

La asombrosa paleta de opciones que ofrece el macrismo -reforma laboral, eliminación de la indemnización por despido, reducción salarial para los trabajadores más jóvenes- frente al reclamo ciudadano luego de seis años de pérdida de poder adquisitivo parece señalar que, una vez más, ha optado por soluciones de otra galaxia.

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