Una bala que atravesó la democracia

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Soy Florencia Girotti. El sábado 5 de marzo me cambió la vida. Cuando dispararon  y la bala atravesó mi brazo, fue un disparo contra la democracia.  Por eso me tatué los pañuelos de las Madres entre los dos orificios de la bala. Porque este disparo nos afectó a todos. Si las Madres nunca abandonaron la lucha, yo tampoco voy a abandonarla. Y también como ellas, los pañuelos son para decir Nunca Más, que nunca más se vuelva a repetir.

Recuerdo aquel día que me sume a militar sintiéndome contenida con compañeros con los mismos ideales y ganas de construir un proyecto de país encabezado por Néstor y Cristina.

Durante 12 años pudimos militar y transformar la patria con el anhelo y las convicciones firmes por las cuales me había sumado a este proyecto nacional y popular.

Como militantes siempre estuvimos ayudando al otro: pintando escuelas, las ollas populares, en las inundaciones de La Plata, y muchas otras acciones no solo en los barrios con más necesidades sino en todos los frentes.

Llegando al 2015 entendíamos que nos jugábamos dos modelos de país. Bah, uno de país y el otro de colonia.

Nos culpaban de generar «la campaña del miedo», y hoy podemos ver cuánta razón teníamos.

Porque este modelo ya lo habíamos vivido, y no hace mucho tiempo… Están destruyendo en poco tiempo lo que tanto costó construir.

El país para pocos está en marcha, el primer ejemplo fue la asunción de Macri: aquella plaza vacía y con vallas nos dolió, pensando en nuestra Plaza del día anterior llena de pueblo y amor.

Durante 3 meses muchos estatales vivimos en carne propia el revanchismo  y los maltratos hacia los militantes. Y ni hablar del menosprecio con el que nuestro presidente y su gabinete hablaba sobre nosotros, que siempre nos consideramos herramienta del Estado para servir al pueblo.

Particularmente recuerdo aquel 3 marzo que me toco a mí. Vivíamos semana a semana esperando el telegrama o listado cobarde que nos informe esa triste noticia.

Al día siguiente, entre angustia y desesperación,  en la marcha a nuestro edificio nos pusieron 40 policías… ¡Poner policías para los trabajadores! Ahí empezaron mis miedos.

Reflexionando con una amiga, compañera y referente le expresé mi mayor miedo: que nos tiren con plomos en algún festival o marcha.

¿Hasta cuándo podía durar tanta suerte, teniendo en cuenta las balaceras a las unidades básicas?

El sábado 5 de marzo  en la inauguración del Local de Nuevo Encuentro, cobardemente, un asesino nos disparó 3 tiros que atravesaron la democracia.

Nadie comprendía lo que sucedía.

Hasta que una compañera comenzó a gritar «hay una compañera baleada». Era yo. Efectivamente era un plomo y había atravesado mi brazo.

En estado de shock, solo recuerdo ver a los compañeros alrededor mío llorando y los médicos diciéndome que le tenía que agradecer a Dios estar viva.

A partir de ahí me cambio la vida, se marcó  un antes y después, sumando una batalla más para que sea justicia y no impunidad.

Este ensañamiento continúa hoy con 2 presos políticos: Milagro Sala y Pitu Salvatierra, detenidos por el hecho de dar la batalla cultural en sus diferentes territorios. Y lo  mismo con los atentados a las unidades básicas.

Durante años nos tildaron de ser la «Dictadura K», pero durante estos últimos 12 años no se sacó del aire a ningún programa por criticar al gobierno, no se echó gente por no militar o por no compartir nuestra ideología, no salió herido ningún votante o simpatizante del Pro y jamás atentamos contra ningún local.

Exigimos justicia y el cese de la persecución política.

Estos hechos nos obligan a redoblar esfuerzos y voluntad, alzando las banderas de la justicia social.

No nos van a doblegar.

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