Vacuna y bolsillo (II)

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Volver a Néstor del 2009, cuando dijo: «Queremos decirles a todos los amigos, a los compañeros que ayer nos votaron y hoy no nos votaron, que somos gente con mucha voluntad para construir una Argentina con un modelo productivo e inclusivo. Y por eso ya estamos trabajando para profundizar la gobernabilidad en la Argentina, consolidar los cambios y volver a ser alternativa». Del diagnóstico del voto castigo por parte de Alberto Fernández y las medidas que tome dependen sus chances de revertir la derrota.

En junio del 2009, luego de perder las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, Néstor Kirchner asumió la derrota: “Hemos perdido por muy poquito, hemos luchado con toda dignidad en la provincia de Buenos Aires y estamos muy satisfechos. Ahora vamos a tomar la iniciativa y profundizar la gobernabilidad (…) También queremos decirles a todos los amigos, a los compañeros que ayer nos votaron y hoy no nos votaron, que somos gente con mucha voluntad para construir una Argentina con un modelo productivo e inclusivo y por eso ya estamos trabajando para profundizar la gobernabilidad en la Argentina, consolidar los cambios y volver a ser alternativa en el 2011. Esto es la política y esto es la democracia”

Néstor era la cabeza de la lista oficialista y lo acompañaban con “candidaturas testimoniales” tanto el entonces Jefe de Gabinete Sergio Massa como el gobernador de la provincia Daniel Scioli. Su victorioso contrincante fue Francisco De Narváez, quién había acordado una alianza circunstancial con Mauricio Macri y Felipe Solá, sociedad precaria que se evaporó la misma noche de la victoria.

Néstor perdió contra un candidato de pacotilla cuya carrera política fue tan efímera como la alianza con sus compañeros. Sin embargo, frente a ese notable fracaso decidió retomar la iniciativa e ir a fondo en lugar de buscar una imaginaria solución de consenso o una ancha avenida del medio. La creación por decreto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, a partir de una propuesta de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, reflejaron pocos meses después esa voluntad de profundizar el modelo.

En 2011, CFK ganó la reelección con 54% de los votos. Un año antes se produjeron dos hechos de enorme trascendencia que sin duda influyeron en ese resultado: la celebración del Bicentenario y el fallecimiento de Néstor.

Hace unos días fueron las PASO de las elecciones de medio término y el oficialismo fue el gran perdedor. La derrota fue aún más contundente ya que las encuestas e incluso los datos de boca de urna lo señalaban como favorito. Juntos por el Cambio mantuvo su caudal de votos de 2017 y 2019, lo que indica que más que una victoria opositora se trata de un fracaso del Frente de Todos. El voto castigo de muchos ex electores de Alberto Fernández y CFK se plasmó en propuestas de izquierda y de derecha o incluso en la abstención y el voto en blanco.

Del diagnóstico del gobierno sobre ese voto castigo dependen en gran medida sus chances para revertir el resultado en las elecciones generales de noviembre, lo que sin duda influirá en las elecciones presidenciales del 2023.

Es un error pensar que la sociedad “se derechizó” como algunos analistas parecen creer. La gran elección del terraplanista disfrazado de liberal Javier Milei alimenta esa lectura, pero es un fenómeno por ahora limitado a la CABA, en donde también hizo una buena elección la izquierda. Sería extravagante creer que el voto castigo contra el gobierno por las penurias económicas -los sueldos bajos y el aumento de los precios- fuera compatible con la aceptación de la agenda de la derecha que propone reducir a la mitad el sueldo mínimo de los jóvenes o eliminar la indemnización por despido. El electorado exige vivir mejor, tal como se lo prometieron hace dos años, no seguir perdiendo derechos o poder adquisitivo.

Hace unos meses escribimos en esta columna: “Las verdaderas preocupaciones populares hoy son dos: vacuna y bolsillo. De la vacuna ya se ocupa el gobierno. Proteger el bolsillo de las mayorías le está costando mucho más”.

Vacuna y bolsillo

Hoy podemos afirmar que la vacunación fue un éxito, a tal punto que desapareció de la agenda mediática. Mejorar el bolsillo de las mayorías es una deuda pendiente del gobierno que paga hoy con la derrota electoral. Que alguien que recibe un sueldo mínimo no logre salir de la pobreza no sólo es inaceptable, sino que además atenta contra el sistema, es una oda a la antipolítica. La deuda impagable con el FMI condiciona la política económica y la inyección de liquidez en el bolsillo de las mayorías, lo que favorece políticamente al espacio que la tomó. Ese es el dilema que tiene que resolver el gobierno en plena pandemia. No hay otra respuesta al descontento.

Volver a escuchar a Néstor en un momento de gran fragilidad como fue la derrota del 2009- apenas un año después del conflicto de la 125- puede servir de inspiración.

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