“¿Y dónde están las feministas?”

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Durante los últimos días, en un giro argumental que otra que Game of Thrones, las mujeres en general y las feministas, en particular, pareceríamos ser también las principales responsables del reciente fracaso electoral. Ya sabrán: tanto ministerio, tanta ley, tanta marcha, tanto DNI no binario, tanto todo habría –según algunos y algunas– contribuido a “irritar” el ánimo social. 

No es una pregunta, porque si algo no quiere es escuchar la respuesta. Es, en todo caso, eso que se llama pregunta retórica, uno de esos interrogantes que se lanzan para que nadie los responda, para que queden ahí flotando como un globito de diálogo sin rellenar. Torpes, chocando contra todo. ¿Sube la inflación? “¿Y dónde están las feministas?” ¿No habrá tercera temporada de Sex Education? “¿Y dónde están las feministas?” ¿Ya no se consiguen más caramelos Sugus azules? ¿Y dónde están las feministas, que no salen a marchar también por este sabor olvidado? Es un Ubi sunt 2.0, algo así como la reescritura –tecnologizada, vía redes sociales- de las frases que ahora a muchos les avergonzaría decir. Decir, que no pensar. Decir en voz alta y delante de todos, decir y que se sepa –de una vez y para siempre– que detrás de ese tipo canchero, de esa mujer “empoderada”,  asoma la misma misoginia de siempre. Sólo que ahora, en un giro argumental que otra que Game of Thrones, las mujeres en general y las feministas, en particular, pareceríamos ser también las principales responsables del reciente fracaso electoral. Ya sabrán: tanto ministerio, tanta ley, tanta marcha, tanto DNI no binario, tanto todo habría –según algunos y algunas– contribuído a “irritar” el ánimo social.

 

Quipu | «Los feminismos son el horizonte de la época»

 

Así las cosas, el famoso enano fascista parecería haber pegado el estirón y ahora vocifera aquí y allá su doctrina (simple pero cumplidora) según la cual el reconocimiento de aquel derecho, el reclamo frente a ésta desigualdad habrían provocado el desconocimiento de otros derechos y de otras desigualdades, iguales de urgentes. Parece entonces que había que elegir entre vivir y comer, entre los golpes de un marido violento y las clases, entre la IVE y la IFE. Como si fuera una manta –corta, claro está- el Estado habría optado por proteger a unas descuidando a otros, dejándolos a la intemperie. Siguiendo con este análisis digno del sueño agitado de un joven libertario, el gobierno se habría apasionado por un feminismo tan ruidoso como piantavotos, y en las urnas tronó el escarmiento. O eso dicen, o eso gustan creer: Alberto, quien alguna vez se autoproclamó “vencedor del patriarcado”- habría caído bajo el peso de un hacha verde y violeta, reluciente de glitter y hasta con ruidos de tacones lejanos. Muerto de feminismo, intoxicado de género, derrotado de toda derrota por haber escuchado a las que alguna vez nos hicieron perder el Paraíso.

 

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Pues no, mi ciela, no es así como suelen suceder las cosas. Que Oliver o Wanda tengan hoy su documento no binario a vos no te quitó un solo derecho. Ni uno solo. Salvo, claro, el de sacar a pasear a tu facho interior a plena luz del día y sin correa. ¿Te perturban acaso los penes de madera que se usan en las clases de ESI? ¿El lenguaje inclusivo? ¿Te indigna que una mujer que no quiera ser madre no sea forzada a parir? ¿Sentís que el dinero de “tus” impuestos se está malgastando en toda clase de cosas, según vos, por completo innecesarias? Ves, ahí tenés: tal vez para eso sirvan las feministas. Para recordarte que –detrás de México y de Brasil, según los últimos datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)- Argentina es uno de los tres países que más mujeres masacra en la región. Que antes de que pase un día y medio habrá una nueva –niña, adolescente o mujer mayor, lo mismo da- asesinada por simple y llano odio de género. O para contarte que gracias a la implementación de la ley 26.150 que creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (una ley combatida hasta hoy por las almas nobles que no reparan en “esas pavadas”), según un estudio del Ministerio Público Tutelar de CABA 8 de cada 10 denuncias de abuso sexual comenzaron, justamente, en las clases de ESI. Ahí donde la seño te cree, ésas en las que el profe te escucha y te dice que eso que te está pasando no es culpa tuya. Vivimos, por lo demás, en un país que desde hace dos décadas no logra bajar la tasa de embarazo adolescente precoz. Esto es, que nenas de menos de 15 años –14, 13, 12 y aún menos– no terminen en una camilla de parto luego de un abuso. Ahí, justo en ese espacio entre tu realidad y la de miles de nenas y mujeres que vos te empeñás en no ver, estamos nosotras. Todas nosotras. Por supuesto que todavía hay diez cosas, cien cosas, mil cosas más por hacer. Falta un mundo entero de conquistas, y otro universo entero de respuestas. Hay que hacer más, muchísimo más, muchísimo más rápido. Hay niñas y mujeres en riesgo, y en riesgo de todo. Hay miles de familias clamando por una ayuda y una justicia que todavía no llegan. También ahí nos vas encontrar. Cerca, exigiendo más derechos y más libertades para todos y todas. Sí, para vos también. Acá estamos. Acá nos quedamos.

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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