Ya no estamos solas

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Se cumplen cinco años de Ni Una Menos. ¿Es mucho o es poco el tiempo que pasó? ¿Somos las mismas de aquel 3 de junio de 2015?, se pregunta la diputada feminista Mónica Macha: “Somos las mismas pero también somos las que aprendieron a luchar de otro modo, que llevan en sus cuerpos y mentes las marcas de la violencia patriarcal pero también las marcas del encuentro con otras, las marcas de nuestra propia insurrección. Un fuego que va a hacer arder cada injusticia”.

El tiempo es curioso. Sabemos que no es lineal y que sus cronologías son engañosas. ¿Ya pasaron cinco años de ese primer 3 de junio en el que descubrimos que éramos muchas, que éramos un pueblo feminista y estábamos ahí, cerca, próximas, una al lado de la otra, luchando con nuestra fuerza hermana? ¿Es mucho o es poco el tiempo que pasó? Por momentos creo que fue hace muy poco, que ese recuerdo vital, que esa sensación de encuentro que sigue viva, pulsando en todas nosotras, fue hace mucho menos que cinco años. Pero también, cuando reviso nuestra historia reciente descubro que desde el primer Ni Una Menos nos separan los cuatro años, hondos, oscuros, dolorosos del gobierno macrista (que como casi ninguno articuló la desigualdad de clase, de género y de raza para profundizar nuestra opresión). No somos las mismas de hace cinco años. En el medio, en el mientras tanto, en ese curso de tiempo, hicimos el primer paro de mujeres, hicimos del aborto legal una bandera de lucha y reconocimiento de derechos, nos sostuvimos en los momentos difíciles, festejamos cuando nuestra historia (la escrita con el trazo feminista) avanzaba un paso hacia la libertad y la igualdad. ¿En serio no somos las mismas? Somos las que fuimos, las que estuvimos ahí ese 3 de junio de 2015 y todos los 3 de junio que siguieron, pero también somos éstas que aprendieron a luchar de otro modo, que llevan en sus cuerpos y mentes las marcas de la violencia patriarcal pero también las marcas del encuentro con otras, las marcas de nuestra propia insurrección. Ya no estamos solas. Quizás nunca lo estuvimos. Pero ahora somos una red invencible, un colectivo que excede a cualquier nombre propio, un fuego que va a hacer arder cada injusticia.

Cuando pienso en Ni Una Menos, cuando pienso en este feminismo de masas, heterogéneo, plural, de todas las edades, de todas las procedencias, creo que nadie podía anticiparlo, nadie estaba preparado para una fuerza que llegó de todos lados a la vez e hizo explotar las plazas de todo el país. Ni el tiempo ni la historia lineal parecían llevarnos a ese lugar. 2015 era un año de elecciones presidenciales, (y terminó siendo el año de las inflexiones, cambio de gobierno hacia la derecha pero irrupción del colectivo en las calles), era un año en el que el feminismo aún no era agenda obligada (ahora es inevitable) y quienes veníamos trabajando en temas de género seguíamos ocupando un lugar marginal. No tengo dudas de que a muchas compañeras feministas, como a mí, les han dicho “eso no es importante”, o “la agenda feminista puede esperar”, o “vos siempre con esas cosas”. ¿Cuáles eran esas cosas? ¿Eran los dispositivos de acceso a la salud para mujeres? ¿Eran las leyes contra la impunidad de la justicia machista? ¿Era visibilizar la violencia de género en las parejas, los noviazgos violentos, las convivencias inseguras? ¿Era contar y ponerle nombre a cada mujer que nos faltaba? ¿Cuáles eran esos temas que podían esperar? ¿Podían esperar los cientos de chicos y chicas huérfanos a causa de los femicidios? ¿Pueden esperar las mujeres que mueren por abortos clandestinos? ¿Pueden esperar las personas LGBT que mueren en promedio a los 40 años, lo que sería para cualquier otra persona la mitad de su vida? ¿Saben qué es lo que pasó? No quisimos esperar más. No quisimos ser más el tema de color en las noticias, el suplemento de mujer como credo de la violencia simbólica machista, no quisimos ser más las que ganan menos que los varones, las que son asesinadas y tiradas en un despampanado. Y cuando una comunidad, nuestra comunidad feminista, nuestra comunión de mujeres sublevadas, se cansa de esperar lo que viene después es una fuerza incontrolable, es el tiempo acumulado llevándose por delante todas las desigualdades.

No seré feliz pero tengo marido

Hoy no podemos salir a las calle para celebrar nuestra gran fiesta feminista, pero estamos igual de unidas y fuertes para cuidarnos entre todas. Hoy Ni Una Menos explota en cada casa donde una mujer dice basta a la violencia machista. Ni bien empezó el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio alertábamos sobre los efectos de la violencia patriarcal. Lejos de romantizar la cuarentena, para muchas mujeres el lugar más inseguro es su propio hogar. Hoy más que nunca son necesarias las redes feministas, el acompañamiento, los cuidados colectivos. Nadie se salva solo. Ninguna de nosotras se salva sola de la pandemia patriarcal. Seis mil años de patriarcado, seis mil años de un genocidio de mujeres por goteo, más de seiscientos años de colonialismo en América Latina, de usar nuestra tierra y nuestros cuerpos como herramientas de opresión, más de cuatrocientos años de capitalismo explotándonos, confinándonos a los roles domésticos, reproductivos, haciéndonos ganar menos cuando salimos a trabajar, dejándonos afuera de todos los ámbitos de poder y toma de decisiones. Todo ese tiempo, toda esa historia, todas esas mujeres llevamos dentro nuestro. Cuando nos cruces por la calle no te olvides que al mirar a cualquiera de nosotras, estás viendo a todas.

Nuestro tiempo se comporta de otro modo. Nosotras aprendimos a luchar de otra forma, nuestra lucha es justa y es abierta, es para todas y por todas. Para transformar la sociedad no podemos usar los mismos métodos que nos oprimen, construimos nuestras herramientas y nuestros conceptos. Trabajamos no por lo que pasa ahora, no porque sea solo un tema urgente, sino para hacer posible otra vida social. Como decía Vallejo, no me pongo el piloto porque nieva sino para hacer nevar. Después de todo, todo llega siempre de algún modo. Es la historia, muchachas, no se puede detener.

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Mónica Macha

Directora de la Revista La Mancha y licenciada en Psicología. Senadora Provincial FPV-PJ y Diputada Nacional electa por Unidad Ciudadana.

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