#25AñosDeHIJOS luchando contra la impunidad

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La organización que agrupa a hijxs de desaparecidxs nació luego de un campamento en Córdoba, el 14 de abril del ’95. Irrumpió en la escena pública con la reivindicación de la militancia de sus padres y los escraches a represores en tiempos de leyes de perdón, indultos y desmemoria. Impulsó los juicios y aportó a la construcción de la memoria con una perspectiva generacional. Néstor los invitó a hablar en el acto de la recuperación de la ex ESMA. Hoy muchos hijos ya son padres, pero la organización se multiplicó en ciudades y pueblos para militar también contra las injusticias del presente y abrazar el pañuelo verde.

En tiempos de Coronavirus se ha reinventado la manera de festejar. Cumpleaños y aniversarios de manera remota se vuelven moneda corriente en momentos de confinamiento. Por caso, hoy martes 14 de abril se cumplieron 25 años de la agrupación H.I.J.O.S.:  las bodas de plata de uno de los organismos de DDHH más novatos pero clave en la reconstrucción democrática y en el fin de la impunidad.

La celebración también será, como en estos tiempos, a través de las redes sociales con el hashtag #25AñosDeHIJOS, los llamados, los ZOOM. Ya habrá tiempo para abrazarse y marchar. Pero resulta imprescindible hacer una recorrida por las marcas en la memoria y la política que la agrupación que nuclea a hijos e hijas de desaparecidxs aportaron con su lucha.

Orígenes y protagonistas 

La agrupación nace el 14 de abril de 1995, después un campamento que se realiza en Río Ceballos, Córdoba, donde concurren varios hijos de desaparecidos asesinados a juntarse y a compartir un encuentro para debatir ideas y acciones y sobre todo la de formar una nueva agrupación de derechos humanos. Esto se termina de consolidar en noviembre de ese mismo año, cuando formalmente se constituye H.I.J.O.S —Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio— y se definen sus lineamientos. Sobresalen puntos básicos que formaron parte de aquella gesta: el impulso de los juicios a los genocidas, la reivindicación de la lucha de sus padres, la lucha por la restitución de sus hermanos apropiados, el posicionamiento en contra de la teoría de los demonios —imperante en ese momento—, el reclamo por el desmantelamiento del aparato represivo, el pedido por la libertad de los presos políticos—que aún había—. Se conformó entonces la Red Nacional de Hijos y se definió que iban a funcionar de manera horizontal y asamblearia, con decisiones por consenso y que todos los años harían encuentros nacionales donde definirían políticas a seguir.

El contexto es conocido: la década de los 90 en la que los indultos, la impunidad de los genocidas y la patraña de la “reconciliación nacional” tenían asiento en la Casa Rosada. “Nosotrxs aparecemos en un escenario donde por supuesto estaban las Madres y las Abuelas, que son con quienes nos criamos políticamente, de quienes aprendimos y a quienes tuvimos muy cerca. En ese contexto éramos una generación nueva, que venía como a actualizar lo que había pasado en la dictadura en términos más cercanos para los jóvenes. Nosotrxs éramos estudiantes universitarios y eso interpeló de otra manera. Ya no era algo de lo que hablaban esas señoras grandes que eran las madres y las abuelas, sino que era algo que leshabía pasado a tus compañeros de facultad”,  reflexiona con Nuestras Voces Lucía García Itzigsohn, integrante de H.I.J.O.S La Plata. 

Pero sin dudas, el hito más importante y que aún hoy sigue identificando a esta agrupación, es la práctica de los escraches. “Ese fue el puntapié para que nosotros irrumpiéramos con una nueva modalidad de manifestación, que fue el escrache. Una respuesta a la impunidad y al ver a los genocidas de nuestros padres en las calles, caminando libremente y amparados también por los gobiernos de turno”, explica Carlos “Charly” Pisoni, integrante de H.I.J.O.S Capital  a este portal. “Esto se transformó después en una herramienta más de lucha del pueblo argentino, que consistía en ir a la casa de los represores, marcar su guarida y hacerles conocer a esos vecinos que estaban cerca de este personaje, que esta persona era un asesino, un secuestrador, un apropiador de menores, un violador de mujeres, y que a falta de condena legal nosotros queríamos condena social”. 

Hubo más de cien escraches en todo el país y al ritmo de «a dónde vayan / los iremos a buscar» se transformaron en un símbolo de de lucha por Memoria, Verdad y Justicia. “La herramienta política del escrache para nosotros fue muy liberadora porque nos permitió tener una voz pública, denunciar a los represores y sacudir un poco el consenso que habían instalado en torno a la impunidad”, puntualiza Lucía. 

Norita, Madre de todas las batallas

El primer escrache y la invitación de Néstor

“Los momentos más importantes de nuestra historia tienen que ver por ahí con el primer escrache a (José Luis) Magnacco, que fue uno de los parteros en la ESMA. Y de ahí, con eso, nacieron el resto de los escraches. Otro momento fundamental fue cuando fuimos a Comodoro Py a presenciar el juicio contra (Alfredo) Astiz y nos hicimos pasar por estudiantes de Derecho. Y cuando salió nosotros estuvimos ahí gritándole y manifestando”, recuerda Pisoni.

Pero tanto para Charly como para Lucía el 24 de marzo de 2004 cuando Néstor bajó los cuadros y pidió perdón en nombre del Estado fue uno de los grandes hitos para la agrupación. “Nos ofrecieron el día anterior ser parte de los oradores y ahí dijimos un montón de cosas que teníamos guardadas, no necesariamente para Néstor, pero sí para un montón de sectores de la sociedad. Creo que son tres hitos fundamentales y sin duda marcan parte de nuestra historia”, recuerda Pisoni.

Para Lucía fue a partir de ese momento en el que se los puso como actores fundamentales de la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia: “A partir de ese momento todas las políticas nos pusieron a nosotros en el lugar, por ejemplo, de testigos de los juicios por crímenes de lesa humanidad que nos posibilitaron conocer el destino de nuestros viejos y nuestras viejas en los centros clandestinos. Para muchas y muchos de nosotros fueron la posibilidad de conocer la verdad de lo que había sucedido con nuestros viejos y nos permitió de alguna manera hacer alguna especie de duelo”.

La democracia en los tiempos del pánico

Del escrache a la arena de la política

“La agrupación es una agrupación dinámica, no es estática y creo que después nos fuimos reconfigurando como agrupación política, y nos fuimos amoldando en acciones, dichos, palabras y también te vas amoldando de alguna manera a lo que requieren los tiempos —reflexiona Pisoni—. No es lo mismo un momento de impunidad, como un momento donde logramos ver nuestros objetivos cumplidos en política de Estado durante el kirchnerismo. Son momentos distintos, y eso también hace que vos te reconfigures. Hoy creo yo que más allá de continuar la lucha por Memoria, Verdad, Justicia de los reclamos históricos, la agrupación Hijos y de alguna manera continúa levantando la bandera de los derechos humanos y hoy fundamentalmente se torna imprescindible, por ejemplo, aportar nuestro granito de arena para terminar con la pobreza, de ser también unos de los veedores del cumplimiento del Estado de Derecho y que en nuestra Argentina se respeten los derechos humanos y que se pueda vivir en democracia. Por ejemplo, que no haya persecuciones a quienes piensan distinto, que no hayan desaparecidos, como pasó con Santiago Maldonado, o que no sean encarcelados por cuestiones políticas, como pasa con Milagro Sala”.

Lucía García hoy es la vocera de la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires, Estela Díaz. Ella también habla de una reconfiguración feminista de la agrupación: “El año pasado las HIJAS participamos en conjunto del Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata, marchamos con bandera propia y hicimos un conversatorio uniendo la trayectoria de lucha de Madres y Abuelas en la que nos inscribimos los feminismos, los pañuelos, nuestras madres desaparecidas, las abuelas que nos criaron y nos cuidaron todo. Una historia de lucha de vida que, vista desde la perspectiva de género, tiene muchísimo para decir en esto de los linajes y cómo se van transmitiendo los legados. Creo que ese camino, como lo empezamos ahí, los estamos recorriendo, intercambiando y escuchándonos también entre nosotras y reelaborando lo que hemos hecho a lo largo de estos 25 años de historia”. 

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Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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