Impuesto a las ganancias: lo que falta

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Esta semana avanza el tratamiento en la cámara de Diputados para acotar el impacto en los trabajadores del impuesto a las ganancias. Sin embargo, queda pendiente un debate sobre el impuesto de la herencia, eliminado por la José Martínez de Hoz durante la dictadura: el 80% de las grandes fortunas argentinas proviene de herencias. Y también falta hacer más efectivo el impuesto a los bienes personales, que hoy representa apenas el 0.6% de la recaudación. Sin impuestos no hay igualdad posible

La cámara de Diputados avanzará esta semana  con el proyecto de ley Sergio Massa que tiene el objetivo de subir el mínimo no imponible para aquellxs trabajadorx y jubiladxs que pagan impuesto a las ganancias.

La idea central es liberar de dicho impuesto a 1.267.000 personas, que representan el 63,4% de contribuyentes. La iniciativa busca que paguen ganancias exclusivamente las personas que tengan salarios brutos superiores a $150.000 o su equivalente a $124.500 netos y jubiladxs que perciban ingresos superiores a 8 haberes mínimos, es decir $152.282,32.

Sería interesante revisar algunos factores de este proyecto, como puede ser el hecho de que aún no queda claro si habrá algún tipo de distinción económica entre asalariados con hijos y sin hijos. Es evidente que el nivel de gastos y responsabilidades no son los mismos, y sería importante que frente a una ley que busca mejorarle la calidad de vida a mucha gente, se pueda tener esta diferenciación.

Además, será importante evaluar posibles compensaciones frente a la relevante pérdida de recaudación, la cual se calcula en aproximadamente 40.000 millones de pesos, de acuerdo con lo que indica el proyecto legislativo. Por un lado, se están pensando en gravar con alícuotas más elevadas a los estratos de ingresos más altos y, por otro lado, el año pasado el ministerio de Economía envío un proyecto que discontinuaba el sendero del macrismo de reducción de ganancias de sociedades. Esto representaría ingresos fiscales extras por aproximadamente 80.000 millones de pesos que ayudaría también a contrarrestar “la pérdida”.

Un impuesto a grandes fortunas y mayores ganancias de empresas podría recaudar $169 mil millones

Esta medida intentará colaborar con la actividad económica por el lado del aumento de la demanda. Las familias más vulnerables y de clase media, son aquellas que destinan al consumo una mayor proporción de sus ingresos, por lo que podrían aplicar el dinero de dicha reducción del impuesto a gastar, y de esa manera seguir fomentando una demanda creciente.

Durante 2015 lxs agentes alcanzadxs por el impuesto eran el 11,9% de personas con salarios más altos en nuestro país, en 2019 se registró que pasaron a ser el 24% es decir, el doble. Sin embargo, lejos de que lxs argentinxs hayan tenido una mejora en su situación económica, este crecimiento en el universo de aportantes fue la consecuencia de no actualizar las escalas nominales del impuesto en un contexto de alta inflación.

En Argentina, como en muchos otros países de América Latina la estructura tributaria es injusta e ineficiente. Lamentablemente nunca terminamos de generar un sistema que sea progresivo y equitativo para las enormes mayorías y lejos de eso, nuestro mayor porcentaje de recaudación se centra en los impuestos más regresivos como el IVA. 

En el mes de enero del corriente año, por ejemplo, se recaudaron (en millones de pesos) $480.729,5 de los cuales el 48,5% corresponde al IVA. 

Este impuesto, es coloquialmente conocido como un impuesto a la pobreza, centralmente porque las familias menos pudientes destinan casi el total de sus ingresos a bienes alimenticios. Lamentablemente paga el mismo impuesto unx tabajadorx que lucha todos los días con el objetivo de llegar a fin de mes y poder darle de comer a su familia, que unx que goza de una vida holgada. Es claro que este sistema impositivo es injusto, pero por sobre todas las cosas, profundiza los niveles de desigualdad e imposibilita un mayor nivel de recaudación por parte del Estado, para poder destinar esos recursos a infraestructura o generación de empleo, entre otras cosas.

Hace poco leí un informe realizado por “The Peterson Institute for International Economics” una organización estadounidense que, entre otros temas, estudia el origen de las fortunas de las personas más pudientes del mundo.

El núcleo central del estudio se basa en la observación de que el ritmo de los rendimientos del capital supera el ritmo del crecimiento de la economía en su conjunto. Esto nos indica que el nivel de concentración de la riqueza es cada vez mayor y responde a un fenómeno mundial, convirtiendo a los empresarios en rentistas, y que la herencia está derrotando a la famosa meritocracia de la cual el capitalismo hizo eco durante varias décadas. 

El porcentaje promedio a nivel mundial nos demuestra que el 30% de las fortunas de las personas más ricas del mundo proviene de la herencia, sin embargo, en Argentina ese número escala de manera escalofriante y preocupante. Nuestro país corona estos índices mostrándonos que el 80% de las grandes fortunas provienen de la herencia (el más alto de toda la región).

Cabe al menos cuestionarse cómo puede ser que casi la mitad de recaudación de los impuestos sea mediante el IVA y no haya impuesto a la herencia, por ejemplo.
Lo cierto es que hasta el año 1976 en Argentina existía el mismo y fue eliminado por una ley impulsada por el entonces ministro de economía, José Alfredo Martinez de Hoz.

La herencia y su correspondiente tratamiento impositivo es muy poco mencionado cuando nos referimos a construir un sistema tributario un poco más justo.
Sin embargo, en muchos países vecinos como Brasil y Chile o no vecinos como El Reino Unido, Japón, España y Estados Unidos se utiliza dicho impuesto, en parte por el resultado recaudatorio que tiene, pero también para combatir la menor tasa de crecimiento de la economía, frente al ritmo de los rendimientos del capital.

Es claro que con la aludida modificación en el impuesto a las ganancias no es suficiente para poder mejorar el sistema tributario de nuestro país. Es menester generar una reforma integral que sea inclusiva y que colabore con una mayor redistribución de la riqueza, que fomente la   generación de empleo y la reducción de la pobreza. 

Durante el 2019 la recaudación sobre los bienes personales fue de solo el 0,6% del total de la recaudación.
Esto es un dato de color que nos permite poner en perspectiva lo mucho que nos falta en el sendero de ser un país un poco más justo y sobre todo con posibilidades de crecimiento y perspectiva de futuro.
En verdad, no es algo muy novedoso, ya que pasa en gran parte de países del mundo, siguiendo el hilo del impuesto a las ganancias, la tasa máxima cobrada en Argentina sobre las personas físicas que más ganan es del 35%, un número muy inferior frente al promedio de países de la OCDE, donde el promedio de tasas cobradas es del 42,8%.

A pesar de que exista cierta preocupación, que ha sido instalada, ha quedado demostrado que la reducción de impuestos a personas físicas no fomenta mayores inversiones. Para aumentar las mismas, debiéramos preocuparnos más por desarrollar un mercado de capitales consistente y acorde a nuestro sistema, que permita a las empresas endeudarse a tasas razonables. 

Se torna cada vez más necesario efectuar una reforma tributaria de manera integral y progresiva que además de abordar de manera integral los patrimonios y los salarios, pueda reducir la evasión fiscal generando una base de ingresos que posibilite una estructura de país más equitativa. 

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