Justicia misógina | Caso Paola Tacacho: Hora de juzgar al juez

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Paola Tacacho denunció a su acosador por años antes de que la apuñalara en pleno centro de Tucumán. Desde entonces su familia pelea por algo parecido a la justicia. Porque aun cuando su femicida se haya suicidado luego de asesinarla, el crimen de Paola es un compendio de indolencia y abandono criminal por parte de quienes deberían haberla protegido. Empezando por el juez Francisco Pisa, hoy al borde del enjuiciamiento. 

No una ni dos ni tres: veintidós. Veintidós veces una profesora de inglés llamada Paola Estefanía Tacacho  (Miss Pao para sus alumnos, Estefi para sus amigos) denunció ante las autoridades (a veces la policía, a veces la justicia) que un ex alumno llamado Mauricio Parada Parejas no la dejaba en paz y vivía amenazándola de muerte. La rondaba, la seguía. Por más que Paola cambiara de rutinas, de número de celular, de domicilio, él la localizaba y volvía al ataque. Tardó cinco años pero cumplió: el 30 de octubre de 2020 la esperó a la salida del gimnasio, se abalanzó sobre ella y le dio seis puntadas por la espalda. Paola lo había predicho y hasta se lo había contado a la policía: “Tengo miedo que me agarre por detrás”. Nadie la escuchó.

Paola y su sobrina favorita

Cuando la historia llegó a los medios, en octubre del año pasado y en medio de las restricciones por la pandemia, nadie pudo creer la cantidad de veces que la chica (traductora de inglés, profesora en varios niveles de enseñanza en Tucumán, amante de los viajes y de la poesía de Sylvia Plath) había alertado sobre el acoso –en todo momento, en todo lugar, por todos los medios- al que la sometía Parada Parejas, con quien Paola nunca había tenido más relación que la de estudiante y profesora. Sin embargo, él se obsesionó con ella. La seguía, la acechaba, la esperaba a la salida del trabajo, de su casa, del gimnasio. Esta foto fue tomada por Marcelo Rodríguez, un amigo de Paola que trató de dejar constancia de ese acoso.


Mauricio Parada Parejas rondaba a Paola Tacacho constantemente. Llegó a meterse en su edificio y tapizar con fotos el palier. En sus últimas amenazas a Paola en las redes sociales, le avisaba a su víctima que era “hora de desaparecer”.

Paola empezó ignorando al acosador y restándole importancia al acoso, pero con el correr del tiempo y el agravamiento del acecho decidió ir a la policía y finalmente a la justicia. Lo denunció veintidós veces. En la justicia hizo catorce denuncias, sólo una de las cuales avanzó y sólo para que finalmente el juez Francisco Pisa también la descartara. Aseguró que seguir con la custodia policial para Paola era un “dispendio innecesario”.


Para el juez Francisco Pisa, que el Estado le pusiera una consigna policial a Paola para que la protegiera era un gasto superfluo. Parada Parejas atacó y mató a Paola el 30 de octubre de 2020.

Sin embargo, Pisa puso solamente el sello final. Antes del juez hubo policías, fiscales y muchos funcionarios más que desoyeron el pedido de ayuda. Hubo, también, sugestivas “torpezas” en la investigación y pericias que nunca se llevaron a cabo. Por ejemplo: ahí adonde los amigos de Paola lograban identificar y hasta retratar a Parada Parejas, la policía tucumana nunca encontraba nada. Era como si las cámaras de seguridad se apagaran al paso de Parada Parejas. Hermano, vale aclarar, de Roland Parada Parejas, contratista del gobierno de Tucumán, empresario, dirigente del futbol local  y presencia habitual en las instantáneas del poder.

Detrás de José Manzur, ex minisitro de Salud de la Nación y gobernador de Tucumán aparece Ronald Parada Parejas, hermano y protector del femicida de Paola. Llegó a convivir con él en un departamento y siempre lo asistió económicamente.

Paola había llegado muy joven desde Salta para estudiar el traductorado de inglés en la Universidad Nacional de Tucumán. Se recibió con las mejores notas y además hizo grandes amigos allí. Uno de ellos, Marcelo Rodríguez, era su confidente y también una de las personas más preocupadas por el acoso de Parada Parejas. Marcelo acompañó a Paola a hacer varias denuncias, salió de testigo y logró fotografiar y filmar al acosador. Hoy en la casa de Marcelo está la hermosa biblioteca de Paola, repleta de libros en inglés y en francés. “Ella era feliz viajando y soñaba con irse a vivir a Italia. Pero no la dejaron”, cuenta Marcelo, quien también es profesor de inglés. “Esta es  una foto vieja, pero es de una de las noches más felices de mi vida. Fue el cumpleaños de mi hermano, y mi familia hizo una fiesta grande en casa. La fiesta era para mi hermano, pero yo sentí que era para nosotros. Bailamos toda la noche, incluso solos en la pista por horas. Fue una celebración de la mejor parte de nuestras vidas y nuestra amistad, cuando los dos comenzamos a trabajar, ganar dinero y tener independencia. ¡¡Fuimos tan felices!!


Paola con su amigo Marcelo, profesor de inglés como ella y compañero de paseos y lecturas.

Mariela Tacacho es la mamá de Paola y desde el asesinato de su hija viaja regularmente a Tucumán. Presenta escritos, notas, atiende a los medios, activa en las redes sociales el pedido de justicia y vive pendiente de los caprichos de la dama vendada, que en esa provincia parecería tener una visión privilegiada para ver de lejos en dónde y con quiénes no meterse nunca. Sin embargo, y tras haber dejado caer siete pedidos de juicio político, finalmente la comisión legislativa que impulsa o paraliza el jury a los magistrados (esto es, la Comisión de Juicio Político) se reunió a fines de agosto y habilitó el juicio a Pisa. En esta historia, el trabajo incansable de Mariela tuvo muchísimo que ver. Fueron ella y su hija Ana, hermana de Paola, quienes organizaron posteos en las redes, notas en los medios y ahora también la recolección de firmas. Pasa sumarse, sólo hay que dejar los datos en este documento de Google:

Enlace al documento que busca reunir firmas en favor del juicio al juez Pisa.

Pero, ¿cómo fue posible esto? ¿Cómo es que Pisa, uno de los tantos “intocables” de Tucumán podría llegar a tener que rendir cuentas y explicar por qué actuó como actuó? En parte porque soplan –aun en la provincia de Marita Verón y Paulina Lebbos, ésa en la que un evento obstétrico puede pagarse con la cárcel (como le pasó a “María Magdalena”, como le sucedió más adelante a “Belén”) y hasta las nenas violadas como “Lucía” pueden ser forzadas a gestar y parir así tengan once años– algo parecido a los vientos de cambio. Hay posiciones y miradas que ya no pueden defenderse ni siquiera en una sociedad tan conservadora y clerical como ésta. En ese sentido, Paola fue también una señal de alarma. Una advertencia definitiva. Si algo como eso (un ataque en plena calle, a cuchilladas, por la espalda y después de años de ver al asesino estudiando el terreno y a la víctima) podía suceder sin generar reacción alguna, algo en ese lugar ya se había roto para siempre.

Afiche de la campaña activada por la familia de Paola Tacacho para pedir el juicio al juez.

Para los pragmáticos, sin embargo, todo se reduce a un cambio de capitanejos, a un pase de mandos y de facturas. “Los legisladores que antes le respondían a Manzur hoy le responden a Osvaldo Jaldo”, resumen. Son justamente esos legisladores y legisladoras quienes dieron el acuerdo indispensable para que el jury avance. Sin embargo, según Mariela, eso sería sólo una parte de la justicia por hacer porque ahí hubo un único matador y varios ayudantes, a menudo con cargo y responsabilidades. Fiscales que decidieron descartar a Parada Parejas como amenaza, funcionarios que no supieron leer a tiempo la letra del odio a las mujeres escrita en cada amenaza, en cada límite violado sin que las autoridades hicieran nada.

También por eso, justamente por eso, el activismo en las calles y en las redes sociales sigue siendo un factor clave. Distintos grupos feministas de Tucumán han acompañado a la familia de Paola en el pedido de justicia. Mariela, la mamá de Pao, las llama “las chicas” y dice estar enormemente agradecida con ellas. “Porque el día 23 de agosto pasado se sentó un precedente en la provincia de Tucumán y en todo en norte argentino. Yo, como mamá, lo viví con sentimientos encontrados. Tristeza porque mi hija hizo todo lo que se le dice a la mujer que sufre violencia de género que debe hacer, y no me la escucharon. Pero también felicidad porque esto fue el primer paso  para iniciar el jury y la posterior destitución de Pisa. Y eso fue posible gracias al acompañamiento y el apoyo de las organizaciones sociales y feministas de todo el país”.

De hecho, fue justamente por dos pedidos de juicio político presentados por colectivas feministas que el juicio al juez no quedó completamente en el olvido, ya que los siete pedidos previos (sí, leíste bien: siete) fueron sistemáticamente archivados. Conclusión: de no haber sido por las feministas de Tucumán, Pisa podría estar hoy jubilado, en su casa y disfrutando de una jubilación cercana al medio millón de pesos al mes. “Hablamos de un juez misógino y sin perspectiva de género, que le dio luz verde al femicida de mi hija”, destaca Mariela.

 

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Ahora sólo resta esperar que lo que ya inició siga su curso y termine en un juicio ejemplar al magistrado que alguna vez decidió que ahorrar era más importante que salvar la vida de Paola. Pero la esperanza de Mariela y la familia Tacacho va incluso más allá. “Nuestra lucha no se termina con la destitución de Pisa sino que va a continuar. Queremos respuesta de todos los responsables que tuvieron en sus manos las distintas causas de mi hija. Quiero respuestas de todos y todas, porque también hay fiscalas involucradas”, precisa la mujer. Quieren que todos los funcionarios que no estuvieron a la altura de las circunstancias respondan por sus acciones. Por lo que podrían haber evitado, y no quisieron.

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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