Un tiro para el lado de la Justicia

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La historia se escribe con pasos de manifestantes y ayer una multitud firmó una página largos años esperada de esa materia informe y caótica que los historiadores tratan de ordenar.

Una página que resulta extraña entre las últimas que se escribieron en Córdoba, más ligada en los últimos 40 años a la consolidación de una reserva de conservadurismo que a ese espíritu rebelde que la había puesto a la vanguardia de la luchas universitarias en los ‘20 y obreras en los ‘50 y ‘60. Una página que explica un poco, por su resolución, algunos por qué de ese cambio en la identidad colectiva de la provincia. La Megacausa La Perla, el mayor juicio por delitos de lesa humanidad en la historia de la Argentina, llegó a su fin con cadenas perpetuas para los responsables de exterminar una generación de argentinos que, en Córdoba, seguían las huellas de la Reforma Universitaria y del Cordobazo.

Bajo un sol tremendo, miles de manifestantes se comenzaron a agrupar a primeras horas de la mañana. Durante toda la semana, la #Sentencia fue el tema excluyente en las redes: cómo iba a asistir cada uno, con qué familiares, en nombre de quiénes, por la memoria de cuáles, por el futuro de tales, por estos ideales, por aquellos amores, por contagio de qué clase de entusiasmo, por apoyo a cuáles luchadores… una categoría nueva de selfie se apoderó del Facebook: este soy yo yendo a la Sentencia. Esta es mi cara que sonríe a pesar de todo. Estos son los rostros de los que quedamos acá y esperamos una eternidad este instante.

Más de tres años de juicio, con jornadas extenuantes, relatos desgarradores: conversar con quienes asistieron a las audiencias te pone la piel de gallina por esa cualidad plegable que tiene la historia, por la actualidad que adquirieron ciertos horrores, por la -hasta ahora- petulante impunidad de los torturadores. Todo eso llegó a su fin cuando el Presidente del Tribunal Federal número 1 –Jaime Díaz Gavier- comenzó a leer la sentencia. Luciano Benjamín Menéndez recibió su condena perpetua número 12, contando con otras dos condenas por más de veinte años.

A sus hechos, se sumó el robo del nieto de la Titular de Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba –Sonia Torres- que al día de la fecha lo sigue buscando, hijo de su hija Silvina Parodi y de Daniel Francisco Orozco. Ernesto Guillermo “Nabo” Barreiro, señalado como uno de los principales jefes de torturas del centro clandestino La Perla, fue condenado por primera vez, y recibió la pena máxima, prisión perpetua.

Otra de las sorpresas fue la condena perpetua para Luis Diedrichs, quien nunca había sido juzgado. Héctor Vergez, (responsable entre otros casos de la muerte del padre del político y militante por los Derechos Humanos, Horacio Pietragalla) también recibió la pena de prisión perpetua. Mirta Graciela Antón, recibió la pena máxima. Conocida como “la Cuca”, tuvo activa y nefasta participación de los crímenes cometidos en la D2.

Cada perpetua se festejaba como un gol en las afueras de Tribunales: se ve en las fotos, los abrazos no distinguen agrupación política, color de bandera, ni camiseta de fútbol. Si de alguna materia se puede sospechar que quizá sea posible recuperar la rebeldía y el amor de la Córdoba exterminada por la Dictadura, esa materia está hecha de esos abrazos. De esas lágrimas de reparación. De los nombres que se repetían como plegarias entre la multitud.

Entre las restantes perpetuas se encuentran: Ricardo Lardone, Yamil Jabour, Ernesto Padován, Calixto Flores, Héctor Romero, Arnoldo López, Jorge González Navarro, Herminio Antón, Carlos Díaz, Juan Molina, Alberto Choux, Miguel Ángel Gómez, José Herrera, Eduardo Grandi, Jorge Gorleri, Jorge Acosta, Héctor Hugo Chilo, Luis Martela, Alberto Lucero y Marcelo Luna. Desde el Ministerio Público Fiscal y abogados de organismos de Derechos Humanos manifestaron estar conformes con la sentencia, a pesar de las absoluciones para 5 imputados.

El fiscal Facundo Trotta afirmó: “Que la Institución encargada de determinar si ocurrió un delito, reconozca la existencia de la víctima cumple claramente una función reparadora.” Por su parte Claudio Orosz, abogado de los familiares y víctimas reveló “después de 4 años de trabajo, sacar casi una treintena de perpetuas, nos pone muy contentos.” En conversación con Horacio Pietragalla Corti, actual Secretario de Derechos Humanos de la provincia de Santa Cruz y ex diputado por el Frente Para La Victoria, declaraba su emoción por la jornada histórica y agregaba: “Sabemos que fue Vergez el autor intelectual y material del asesinato de mi papá, y estar hoy sentado frente al asesino de mi padre y que haya justicia tiene que ver con este acto reparador que hoy nos hace diferentes a cualquier país del mundo.” Frente a la pregunta sobre cuál debería ser el mensaje para las generaciones venideras, señaló: “Hoy estoy acá yo, en representación tal vez de mi familia, ya que mis Abuelas no pudieron vivir esto, ni siquiera el hermano de mi papá pudo estar en el juicio; pero que como dicen nuestras Abuelas ‘la única lucha que se pierde es la que se abandona’, nunca hay que perder las esperanzas, y si no hay esperanza tiene que haber lucha, porque la historia nos está diciendo que ellas en el peor momento cuando no tenían ni un mínimo de esperanza siguieron y hoy vemos lo que se puede lograr: Juicio y Castigo.”

Al término de una jornada histórica, algo parecía haber cambiado en el aire de la provincia que alcanzó el mayor porcentaje de votos a favor del gobierno que hoy permite que otro genocida, Miguel Etchecolatz, descanse en su casa.

La Megacausa La Perla-Campo La Ribera contó con 417 víctimas que pasaron por estos centros clandestinos de detención y horror, 581 testigos y 354 audiencias. Las audiencias fueron públicas, lo cual posibilitó que los ciudadanos cordobeses y no cordobeses que quisieran participar de las mismas pudieran hacerlo por la mañana, sólo presentando DNI. La experiencia, que demostró madurez cívica, fue experimentada por cientos de vecinos y vecinas, estudiantes, trabajadores, amigos de las víctimas y sobrevivientes. No hubiese sido posible hacer justicia sin el testimonio casi siempre más que doloroso de los sobrevivientes de la última Dictadura Militar. No hubiese sido posible escribir otra página en la historia democrática de nuestro territorio sin el trabajo colectivo de diversas instituciones. Un dato: los militares se retiraron de la sala amenazando e insultando a los jueces y al resto de los presentes. Los “presentes” los escucharon, los vieron salir esposados. Había una sonrisa en los “presentes”. Ahora. Y siempre.

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