La gobernadora

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Semblanza de una carrera política bien PRO. Del trabajo social a los informes técnicos en fundaciones, hasta poner la cara por Macri en la Ciudad con un final impensado: ser la gobernadora de la Provincia y la política más popular de Cambiemos.

Cuando alguien recuerde a María Eugenia Vidal es probable que su gestión quede en un segundo plano, justo detrás de su logro indiscutible: convertirse en la primera mujer en gobernar la provincia de Buenos Aires. Con low profile, callada y cultora del paso a paso logró arrebatarle la provincia a un adversario que parecía invencible: el peronismo.
Frente a esa estructura de barones -que mantuvo su hegemonía conurbana durante los últimos veintiocho años- «Mariu» fue montada como Caperucita ante un lobo viejo y conocido, y construyendo un elogio del marketing político su nombre cosechó la mayoría de las respuestas a la pregunta que hicieron los medios de cara a la elección: “¿A quién le dejarías a tus hijos?”.

Nacida en la Capital Federal, criada en un colegio de monjas y formada luego en la UCA, Vidal desarrolló su perfil técnico en el Grupo Sophia y en la Fundación Creer y Crecer. Con ese currículum parecía una candidata imposible para la provincia, y pan comido para sus adversarios. Pero la noche del 27 de octubre los números hablaron por sí solos: “Mariu” gobernaría la provincia más grande del país.

Yapa: aún tiene mejor imagen política que el propio presidente Mauricio Macri.

Paso a paso

Vidal comenzó a caminar la provincia de Buenos Aires en el año 2013. Al principio, convencida de que hacer pie en territorio bonaerense permitiría fortalecer la imagen de Mauricio Macri. Luego, verificando sus propias chances de crecimiento.

Recorrió los 135 distritos de la provincia. Posó tomando mate junto a los vecinos, entre bizcochos y pelopinchos. Y cuando ganó siguió manteniendo la misma estrategia. Por eso no es raro que llegue a tocar el timbre de algún vecino a quien ya visitó en campaña. Los sorprende, y se queda entre veinte minutos y media hora. Todo sucede tan rápido que algunos no llegan a pedirle trabajo para algún familiar o a contarle cuáles son sus necesidades.

No teme abalanzarse y abrazar a un obrero o a una jubilada. Y tampoco teme llegar a un lugar en donde no la conoce nadie. Algunas veces ni siquiera avisa a los intendentes – una acto que tiempo atrás hubiese significado una herejía- ni publica en las redes donde estará. Su agenda, confiesan hasta sus más cercanos, la maneja con a capricho y misterio.

De dónde viene

Los años noventa fueron el auge de la pizza con champán, los romances de políticos con la farándula y el florecer de distintas fundaciones o think thank integrados por profesionales egresados de universidades privadas. Si bien estos grupos solían autodefinirse como “apolíticos”, funcionaron en la práctica como semillero de muchos de los cuadros técnicos y políticos, incluso antes que el Pro.

Grupo Sophia primero, comandado por Horacio Rodríguez Larreta, y después la Fundación “Creer y Crecer” –creada por Macri y De Narváez-  se dedicaron a diseñar políticas públicas para los gobiernos de Carlos Menem y Fernando De la Rúa. Construyeron y propagaron así el ideario neoliberal como una marca de época. “Queremos cambiar el modo de hacer política desde adentro”, declaraba Vidal al diario La Nación en pleno 2001. Por ese entonces ya había llegado a convertirse en directora ejecutiva de Sophia, donde aprendió a diseñar, formular y evaluar programas en seguridad alimentaria y niñez.

Su caso es emblemático dentro de las filas Pro. Como tantos de los actuales funcionarios, la ex vicejefa del gobierno porteño pertenecía a esos jóvenes con un perfil técnico que se dedicaban a la planificación y el desarrollo de políticas públicas en distintas áreas, sin mancharse con la “rosca”.

Pero esta vieja nueva generación de jóvenes un buen día decidió meterse, ella misma, en política. Dejó de «colaborar».

Encarnaron así una fuerza en construcción, que buscaba llevar adelante –en el discurso- la “nueva política” frente a las lógicas anteriores que habían entrado en crisis con el nacimiento del nuevo siglo.

Entre las políticas que por ese tiempo diseñaban en Sophia hay una propuesta que destaca a Vidal: la de asignar desde el Estado un ingreso para las familias pobres del país, con la obligación de enviar a los niños a la escuela y a las madres y los hijos a controles de salud.

Una política pública similar a lo que tiempo después, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, se llamaría Asignación Universal por Hijo, a la que Vidal apoyó y criticó.

Poner la cara

“Yo toda mi vida me preparé para esto”, María Eugenia Vidal no idolatra la impostura. La frase pronunciada pocos días después de asumir como Ministra de Desarrollo Social en 2008 fue dicha entre cuatro paredes frente a dos o tres personas. Después pasaría a ser parte de su speak frente a los medios de comunicación.

“Es una técnica muy sensible con una profunda vocación”,  dicen quienes la conocen. Sin temor a la calle y fogueada en las áreas sociales algunos creen que la pusieron en el lugar que a ella le gusta.

“Absorbe como una esponja, toma las sugerencias de sus asesores. No le importa que la persona sea de otro partido”, revela una ex funcionaria kirchnerista.

Desde que asumió como ministra puso la cara ante los conflictos más picantes del gobierno de la ciudad: la toma del parque Indoamericano, la represión en el Borda o las inundaciones de abril de 2013.

Unos días después de que su imagen cobrara notoriedad por la represión en el hospital psiquiátrico, una madre que envía sus hijos a la misma escuela de Castelar que la gobernadora la increpó:

– Qué cosas duras que tuviste que salir a defender

-Sí, sí- respondió- tuve que enfrentar cosas muy duras.

“Tanto apareció en los medios que casi se podía creer que ella, y no Macri, gobernaba la ciudad”, aseguran los autores del libro Mundo Pro.

Esta lectura devela la estrategia Pro: los funcionarios son clave para descomprimir mediáticamente la atención sobre Macri. Cara de piedra Vidal, a esa defensa, le agrega una sonrisa.

La residencia

El tren de la línea Sarmiento, con terminal en plaza Miserere, tarda alrededor de una hora en llegar hasta el barrio de Castelar, partido de Morón. Desde las ventanas se puede observar cómo varía el paisaje: la transición entre la Capital y el conurbano bonaerense se refleja en las construcciones, los negocios, los carteles y la oferta de productos.

Entonces aparece Castelar, uno de los barrios más acomodados del partido. Calles de una mano arboladas, chalets, autos de gama media alta: la típica zona residencial del conurbano bonaerense.

Los vecinos cuentan que a la gobernadora la conocen sólo de pasada.

  • La casa es allá- dicen señalando a la otra cuadra- donde están los Toyota.

Dos hombres sentados en un Corolla negro en marcha,  frente a la casa de la gobernadora, custodian la puerta.

Aquí es la casa donde vivía Vidal con su exmarido y sus tres hijos desde hacía diez años. Hoy, la gobernadora confirmó su separación de Ramiro Tagliaferro y, poco después, su mudanza a una base militar en Morón.

Apenas a dos cuadras, sobre la calle Arias, doblando en una esquina está la “Confitería Española”, una de las preferidas de la gobernadora, que cobró notoriedad cuando en un tuit anunció que había ido en busca de una rosca de pascua “como todos los años”.

  • Viene siempre a comprar, es amable,  pasa y dice que está haciendo los mandados- cuenta una de las empleadas.

Frente a la caja hay un canasto en donde se consigue “mercadería de ayer a mitad de precio”.

Volver a casa

Las casas sobre la avenida Directorio a la altura del barrio de Flores son bajas, con excepción de algunos nuevos edificios de departamentos construidos en los últimos años que vienen a ser poblados por una clase media más acomodada que el promedio de los habitantes históricos del barrio.

Allí se encuentra el Colegio Misericordia, un edificio de 1800 en perfectas condiciones, justo al lado de la parroquia que lleva el mismo nombre, lugar en donde la actual gobernadora cursó la primaria y la secundaria.

-Entendemos que acá vinieron el Papa y Vidal, pero esto es un colegio-, dice la secretaria estableciendo un orden de prioridades al momento de atender al periodista. Francisco, en efecto, hizo su paso por el jardín del Misericordia.

“Ah, sí, de acá salen todos políticos”, afirma una señora rubia de unos cincuenta y pico que trabaja como administrativa. “Además de ellos – el Papa y Vidal- hay como 3 que están en la ONU. La formación es muy buena, se forman valores”, sugiere sobre las razones de esa salida laboral.

Sin embargo, las opiniones parecen estar necesariamente influenciadas por el factor generacional. Dos profesores que fuman en el patio, de menos de treinta, hacen otro análisis: “Hay mucha carga religiosa. Los tienen cortitos”.

En el Misericordia tienen una gigantografía del Papa Francisco en el patio, que convive con los niños vestidos con pantalón azul y chomba blanca. Hoy las aulas son compartidas por hombres y mujeres, pero supo ser un colegio exclusivo de señoritas.

En Misericordia a Vidal la recuerdan del mejor modo: “hermosa, amable, agradecida”, repite la hermana Marta, cuidándose de protegerla.

Sin compañero

Vidal y Ramiro Tagliaferro se conocieron cuando cursaban la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina. Se pusieron de novios y al poco tiempo se casaron. Tuvieron tres hijos. En una entrevista la que los compararon con Néstor y Cristina ella aclaró que sus circunstancias eran muy diferentes porque no los unió la política: «eso vino después”.

Poco tiempo después de asumir en la provincia, corrió el rumor de que las cosas entre ella y su marido Ramiro Tagliaferro, intendente de Morón, no iban bien.

Rápida de reflejos, aprovechó la inauguración de un tramo nuevo en la autopista La Plata – Buenos Aires para salir a cortar el runruneo en seco. Se acercó a los periodistas, que le hicieron preguntas sobre todo. Pero la pregunta que ella necesitaba se hacía esperar. Por eso, mismo ella se había asegurado de que hubiera alguien de su equipo que se lo preguntara por si ningún reportero se atrevía. Tardaron unos minutos y por fin uno de ellos tomó coraje y le dio el pie para que dijera que se había separado.

Durante esa secuencia, en circunstancias que podrían imaginarse tristes, también asomó su sonrisa.

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