La izquierda llegó al balotaje en Colombia

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Este 17 de junio los colombianos decidirán quién será  su próximo presidente en un balotaje protagonizado por dos dirigentes muy contrapuestos en sus postulados: el senador uribista Iván Duque y el ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, un político favorable a los acuerdos de paz y critico de la injerencia estadounidense en su país. Luego de la primera vuelta del domingo que dejó a Duque y Petro como más votados, la incógnita de la segunda vuelta radica en cómo se comportará la inesperada enorme base electoral que votó por el candidato de centro Sergio Fajardo, ex gobernador de Antioquia y ex alcalde de Medellín, un cuadro moderado y critico de los partidos tradicionales que quedó en el camino.

El hombre más ducho para hacer cuentas entre los dirigentes políticos colombianos es Sergio Fajardo, matemático de profesión, ex alcalde de Medellín, ex gobernador de Antioquía, y desde ayer la gran nueva estrella de la política en su país. El líder de Coalición Colombia, un frente de centro, moderado en su programa económico y respetuoso de los acuerdo de paz, estuvo muy cerca de arrebatarle el segundo lugar en los comicios a Gustavo Petro, el primer dirigente de izquierda en llegar a esa instancia en un país donde las ideas a favor de un Estado presente, y soberano frente a los Estados Unidos, no tenían un buen desempeño electoral desde que el Partido Liberal fue barrido a sangre y fuego del poder hace ya más de medio siglo.

Juntos, Petro, un ex guerrillero critico del chavismo y favorable en unir proclamas antiimperialistas con valores ecológicos, y el matemático Fajardo, que ha hecho de la critica a la política tradicional su principal baza, podrían sellar un gobierno de coalición en pos de vencer en el balotaje al uribista Iván Duque, un político joven, formado académicamente en los Estados Unidos y ex funcionario del Banco Internacional de Desarrollo. Pero, claro, esa unidad, que se muestra tan ventajosa con las escuadras frías de la matemática, se muestra mucho más endeble en el fangoso terreno de la política, donde dos más dos también puede dar tres por resultado.

Para la recomposición de una opción progresista

Los columnistas televisivos del grupo editorial El Tiempo, uno de los holdings de comunicación más poderosos de Colombia, no podían salir de su asombro ayer a la noche a medida que el veloz conteo de votos se iba oficializando por parte de las autoridades electorales. “Con estos números podemos concluir que el antiuribismo es más grande que el uribismo”, acotaba un periodista y, acto seguido, otro analista agregaba que: “Las encuestas que manejábamos para la segunda vuelta entre Iván Duque y Gustavo Petro vaticinaban un 53% contra 43% a favor del Centro Democrático (uribismo), pero los resultados de hoy merecen un borrón y cuenta nueva. Colombia entra en un escenario nuevo e impensado”.

El imprevisto tablero colombiano se debe, básicamente, a la inesperada elección realizada por Sergio Fajardo, quién cosechó cuatro millones y medio de votos (un 24% de los sufragios, un punto menos que Petro, ambos suman un hemisferio de las preferencias, frente al 39% conseguido por Duque), y resultó primero en el distrito electoral de Bogotá. Petro, por su parte, tuvo sus mejores resultados en los departamentos recostados sobre la costa del Pacífico, las provincias más afectadas por los acuerdos de libre comercio firmados por la administración del presidente saliente Juan Manuel Santos. Precisamente, el candidato oficialista Germán Vargas Llera ayer consiguió un magro 7%.

De forma paradojal, los dos actores políticos que vienen protagonizando el debate político más álgido de Colombia en los últimos años -los llamados acuerdos de paz-, la coalición gubernamental liderada por Santos y la ex guerrilla de las FARC, tuvieron ayer un desempeño electoral bajísimo. Semanas atrás, la ex formación insurgente decidió directamente abandonar los comicios aduciendo problemas de seguridad en sus mitines aunque los dolores de cabeza más grandes para la izquierda liderada por Rodrigo Londoño llegaba con los pobres números que le daban los sondeos. Santos, por su parte, muy activo a nivel regional para mostrarse junto al presidente Mauricio Macri alineados en las iniciativas más significativas de las potencias occidentales para el Cono Sur -adhesión diplomática al Grupo Lima, apoyo comercial a la Alianza del Pacífico y logro de una membrecía “extraterritorial” en la OCDE y en la OTAN-, se aleja del Palacio Nariño con una muy escasa popularidad.

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Uno de los ejes que cruzará el debate político en el segundo turno electoral colombiano será la “cuestión Venezuela”. El modelo chavista cruza las agendas políticas de toda la región pero esa tensión es mucho más vívida, lógicamente, en la vecina Colombia, una nación que comparte una extensísima frontera con el país gobernado por Nicolás Maduro y que recibe, por obvias razones, los contingentes más numerosos de la población vinotinto que ha decidido migrar de su patria.

Jorge Rojas, uno de los asesores más cercanos a Petro, minimizó recientemente el supuesto encuadramiento del ex alcalde de Bogotá con el polo “castrochavista”, aunque enfatizó las coincidencias entre el referente de su espacio político y el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa. “Los dos son de clase media, estudiaron en colegio de curas, se formaron como economistas, se especializaron en Lovaina y tienen un temperamento firme, nada de medias tintas. La diferencia es que Correa es bastante conservador en temas de familia, aborto y relaciones de personas del mismo sexo, y también por su política económica, de renta petrolera”.

Gustavo Petro es, evidentemente, un exponente de la nueva izquierda latinoamericana. Más a tono con los valores e ideas de la ascendente coalición Nuevo Perú o la plataforma chilena Frente Amplio, todos frentes multipartidarios y multisociales donde conviven consignas criticas del injerencismo estadounidense, rechazo a los modelos extractivistas minero o sojero, y reconocimiento de incorporar a la tecnología como un vector democratizante de nuestras sociedades. Más que la hoz y el martillo, a Petro lo podría identificar como íconos el pajarito azul de la red social Twitter y el color blanco de la paz, ya que siempre fue un gran oponente y denunciador de los grupos paramilitares colombianos.

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En diálogo con Nuestras Voces, Rafael Alonso Mayo, antropólogo, periodista y especialista en comunicación política radicado en Medellín, presenta de la siguiente manera al candidato delfín del uribismo: “Duque insiste mucho en decir que él representa a la juventud, las ideas nuevas, renovadoras. Pero, eso no pasa mucho más del discurso, porque sus aliados más cercanos son políticos tradicionales, de la vieja guardia conservadora. Lo acompaña el Procurador, un hombre de la justicia que en los años 70 quemaba libros y que ahora reniega del derecho al aborto. Además, las propuestas de Duque se apoyan en los clásicos pilares del uribismo: fomento a las inversiones extranjeras y endurecimiento de la política de seguridad”.

En el corto plazo, Alonso Mayo estima que el acuerdo de paz sellado con la ex guerrilla de las FARC será otro de los tópicos presentes en el nuevo estadio de la campaña electoral. “Duque asegura que sí es presidente va a reformar con cambios estructurales el acuerdo de La Habana. Esa postura es muy peligrosa porque implica romper el equilibrio logrado con las FARC. Duque también afirmó que suspendería el actual diálogo abierto con la guerrilla ELN. Lo que sería nefasto porque, a pesar de todo, el país se ha pacificado. Porque las tomas guerrilleras, los soldados heridos, la población civil afectada por la activación de minas, han disminuido considerablemente. Ya no tenemos un país tan violento. Hace 20 años no podíamos votar libremente en ciertas zonas del interior porque el conflicto se abría en esas instancias. Otro mito caído del uribismo en torno al proceso de paz es sobre el fortalecimiento de la guerrilla que abriría el diálogo abierto. En las elecciones legislativas de marzo el partido en que se ha reconvertido la guerrilla ha sacado una ínfima cantidad de votos, 50 mil frente a los 3 millones de Iván Duque; entonces, ese peligro de que el acuerdo de paz acercaría al poder a las FARC no tiene ningún sustento”, considera el periodista colombiano consultado por Nuestras Voces.

El asesor cercano a Petro ya citado compartió días atrás una jugosa anécdota política con el matutino bogotano El Tiempo. “Apenas asumió la alcaldía me parecía muy importante que Gustavo se reuniera con la cúpula militar. Llegué con Petro a una reunión pautada y ahí estaban los generales en una sala del Ministerio de Defensa. Petro los saludó de mano, uno a uno; se sentó al lado del comandante de las Fuerzas Militares. Los observó con una mirada panorámica que parecía intimidante y les dijo: ‘Yo siempre me he hecho una pregunta: ¿Si llego a ser presidente de la República, ustedes qué van a hacer?’ Todos soltaron la carcajada”. ¿Seguirán riendo los militares colombianos?

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Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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