La nueva familia argentina en marcha

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La política está en las mesas de la nueva familia argentina, y abuelos, padres, hijos, tíos, primos y hermanos marcharon juntos contra el 2×1 para represores. Familias que están lejos de ser la «foto perfecta», pero a las que les importa algo que la política de Cambiemos parece desconocer: los valores. Y esos valores ayer se corearon al unísono en la Plaza: verdad, justicia y memoria. «Yo vine porque necesito saber que no estoy sola luchando para que los que mataron a mi abuelo sigan presos, vine con la abue«, dice Florencia (18). Y la «abue» de 70 y tantos salta al ritmo de «Jueces, nunca más. Ningún genocida suelto...».

Fotos: Joaquín Salguero

Siete días sin pronunciarse. Eso tardaron las encuestas de Macri y las previsiones de la marcha multitudinaria en convencer al presidente de decir algo. El resultado fue que debía oponerse a la aplicación del 2×1. Lo hizo con un declaración tan fría que pareció el saludo en el funeral de un general lejano que alguna vez fue aliado. O tal vez eso fuera en realidad. El secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, quien una semana atrás había respaldado el fallo de impunidad de la Corte Suprema de Justicia públicamente, se dio vuelta como un panqueque obediente. Hasta el Congreso tuvo un poco más de reflejo político que el Ejecutivo y prohibió por ley la aplicación del 2×1. ¿Tendrán la misma «unanimidad para avanzar contra los jueces de la Corte que votaron algo que ellos, ahora, consideran ilegal? Lo cierto es que de los tres poderes del Estado, la Corte quedó sola, parada junto a los represores. Y el malogrado intento de impunidad ya está entrando en los libros de historia junto a la autoamnistía de la dictadura, las leyes de perdón de Alfonsín y los indultos de Menem. ¿Pero quién dijo No a la impunidad? Fue la nueva familia Argentina, esa familia que sale a marchar junta, como cuentan las historias de Zorba, Olivia, Lucas y tantos otros entrevistados en esta nota.

Mesas intergeneracionales en donde la memoria se activa y la lucha se traspasa, se construye y reconstruye: marchan los hijos, marchan los padres, marchan hermanos, marchan tío, marchan abuelos, marchan nietos. Marchan y aprenden a marchar como acto de defensa. Como forma de lucha.

No estamos solos

Olivia es hija única, tiene diez años y, a pesar de que parece querer hablar, se esconde tras las piernas de sus padres, Yamila y Zorba. La madre sonríe y toma la palabra: “Fundamentalmente vinimos para oponernos al 2×1 para genocidas, ¡aunque tenemos tantos reclamos para hacer!”, dice y continúa:”Lo más importante es estar en la calle y no permitir que nos silencien. Este es el único recurso que tenemos: estar acá, poniendo el cuerpo, cantando, saltando y tratando de sentirnos unidos porque nos sentimos muy solos. Hay un odio visceral presente todo el tiempo sin fundamentos y cada vez es más. Es la cultura del copiar y pegar, pero no se encuentra la cultura de pensar. Por eso estamos acá, para defender lo que nos queda”.

Zorba mira a su mujer con admiración y se anima: “Yo en este último tiempo estuve bastante triste, muy desilusionado fundamentalmente con la sociedad, con mi sociedad. Sin embargo, encontrarse con esta cantidad de gente me da mucha alegría” dice, y no logra evitar el llanto. “Esto alivia”, reafirma su mujer mientras Zorba seca sus ojos enrojecidos. “Todos los que hoy estamos acá no estamos juntos habitualmente, lo que nos rodea día a día son otras personas, son las personas que en este momento están mirando la tele y no tienen consciencia de lo que está sucediendo. Por eso encontrarse con toda esta gente que está acá por la misma razón, aunque te haga llorar, da una inmensa alegría”.  

Ella tiene 40 años y es empleada administrativa. Él, 57 y es desarrollador de softwares. Olivia está cursando su quinto grado. “Faltó al colegio para venir y vino con alegría”, dice Yamila y acaricia el pañuelo blanco que cuelga del cuello de su hija. “Es importante que ellos estén empapados de la realidad, ellos son el futuro y la verdad es que el futuro hoy es bastante desalentador, así que tenemos que mostrarles las cosas que hay que defender”.  

Zorba agrega: “Oli creció en una época distinta. Antes nosotros teníamos que venir a las marchas dispuestos a correr, a ligarnos unas cuantas cosas. Bueno, hemos tenido la experiencia en los últimos años de que las marchas eran algo familiar, algo colectivo. Eran un encuentro fundamentalmente feliz. Hoy ya no son tan felices los motivos que nos convocan pero bueno, venimos a defender esa felicidad. Venimos a defender el poder estar acá con los niños, con los perros, con la familia”.

Los tres coinciden en algo: “No vamos a permitir que este fallo avance”. Zorba, además, afirma que “Van a tener que retroceder porque es hasta técnicamente inviable. Los mismos tribunales están diciendo que no y lo hacen amparándose en la Constitución. No son más importantes cinco” hace un silencio y aclara: “Me cuesta calificarlos, pero no son más importantes ellos que nuestra Constitución, que nuestra historia, que todos los derechos que hemos logrado con mucho esfuerzo y con mucha sangre”.

Ayudar a construir memoria

Silvia cumple 50 años y los está festejando en la plaza: “Es lo mejor que me pudo pasar. El reclamo es duro, pero estaba segura de que íbamos a estar todos, tengo amigos en distintos lugares del país y es muy fuerte saber que estamos todos en el mismo momento, luchando por lo mismo. Hoy, acá, no importa de qué ideología política sos, somos todos argentinos y no queremos nunca más lo que nos pasó. Me parece que lo vamos a lograr, podemos lograr que reflexionen, que descubran que esto no es lo que el pueblo quiere y que para genocidas no hay ni 2×1 ni comparación con los demás delitos”.

A su lado está Amanda, de 8 años. “Yo también estoy contenta de estar acá”, dice y Silvia continúa: “Somos cinco personas, yo me quedé acá con Amanda que es la hija de una de mis amigas. Mis hijas, que son más grandes, se fueron más cerca de la plaza con mis compañeras. Éramos muchos más, pero la cantidad de gente es impresionante y nos fuimos separando”, nos cuenta.

Con Amanda se resguardan detrás del monumento que se encuentra en Diagonal Norte y Florida. Desde allí, Silvia reflexiona y dice a Nuestras Voces: “Este fallo de la corte es un retroceso. Por eso tenemos que salir a la calle e intentar revertirlo. Porque es injusto y porque nos rememora a tiempos pasados horribles”, confiesa Silvia, trabajadora social, y agrega: “Las declaraciones de los funcionarios, el accionar de la Secretaría de Derechos Humanos que no actúa en los juicios, que no brinda presupuesto, que no recibe a las Madres ni a las Abuelas. El presidente organizando un vergonzoso aniversario del último 24 de marzo. Lamentablemente después de todo eso, esto no es algo que uno no se esperaba, pero sí demuestra que queremos decir basta”.

Todos vinieron desde San Miguel: tren y subte, dice Silvia. No es fácil con los chicos, pero decidieron hacerlo igual. “Siempre venimos a la plaza con ellos. En este caso, aunque ellos no hayan vivido la época de la dictadura cívico militar, permitir que participen es una manera de ayudarlos a construir la memoria, a luchar por la justicia que hoy estamos perdiendo y también que puedan aprender que expresarse es un derecho”.

“Hoy no sólo acompañamos a las Abuelas y a las Madres, sino que además venimos para enseñarles a nuestros hijos que en realidad esto no le pasó al otro, esto nos pasó a todos. Es importante transmitirles este valor que tenemos como país y que nos venía identificando a nivel internacional. Es importante que todas las generaciones estemos hoy acá. Con esto estamos demostrando que no nos olvidamos y que no nos queremos olvidar”.

Una decisión familiar

Walter y Judith llegaron al centro temprano con sus hijos Male y Dante. “Vinimos en contra del 2×1”, dice su hija menor. Dante afirma, y sus padres aún están sorprendidos por la cantidad de gente que hoy les impidió llegar a la plaza. “No pudimos avanzar más de acá” dijo Judith “es impresionante y es buenisimo la cantidad de gente que vino”.

Para ellos, la marcha es una vivencia familiar: “Estamos todos a favor de lo mismo y en contra de lo mismo y sobre todo proyectando un futuro mejor para ellos, ¿cómo no van a estar acá?”, afirma la madre de los chicos y remata, “Estar aquí es una decisión familiar”.

“Nos interesa también que quienes nos gobiernan sepan que estamos todos en la calle cuando intentan avanzar sobre estas cuestiones. No son sólo partidos políticos y organizaciones sociales sino que también estamos las familias, con los chicos incluidos, en contra de las cuestiones aberrantes sobre las que quieren arremeter”, dice Walter a Nuestras Voces.

Judith, resalta que los funcionarios se acordaron tarde de repudiar el fallo: “Pero no sorprende, porque todo está muy medido, van viendo cual es la reacción del pueblo y después salen a hablar. Así que bueno, ésta es la reacción del pueblo”.

Dante, de 13 años, saluda y quiere hablar: “A mi me enseñaron que es importante que cuando algo que hace el gobierno no está bien, salgamos a reclamar. Que salgamos bien, a caminar, a tomar la calle, pero sin agresión: simplemente para mostrar que todos estamos de acuerdo en que no se pueden tomar este tipo de medidas. No se puede aplicar el 2×1 a genocidas”.

Así también se educa

Son más de diez personas. Los más grandes rondan los cuarenta. Los más chiquitos tienen cuatro, cinco y seis. Isabel, Gaby, Lucía, Camila, Matías, Gustavo, Fernanda, Lucas, Francisco y algunos nombres más que, por los bombos que expresan la alegría del encuentro y el dolor del reclamo, no se permiten entender.

¿Por qué estamos acá?, grita uno de los padres. “Estamos reclamando porque cinco jueces dijeron que salgan todos los que hace cuarenta años mataron a un montón de gente” responde Camila, que no supera los diez años. Luego se abre el juego, en el que niños y adultos piensan, se preguntan y responden.

-Le redujeron la condena, ¿a quienes?

-A los militares.

-¿A qué militares?

-A los que hicieron el mal.

-¿Y qué hacían de malo?

-Mataban a los que pensaban distinto y le cambiaban la identidad a otras personas.

Respuestas de cada uno de los chicos que se superponen por las ansias de participar. Una lección de aprendizaje en plena Plaza de Mayo. Un espacio, en familia, de reflexión. Todos pertenecen al grupo de Scouts del barrio porteño de Flores. “Es un movimiento que no lo ves reflejado. La organización no participa activamente, pero los que la formamos estamos acá”, nos cuenta Gustavo. “Es por nuestros valores”, agrega Isabel. Gustavo continúa: “Desde el movimiento los chicos saben la historia argentina: saben lo que está bien y lo que está mal y lo resuelven ellos mismos. Hoy, los chicos te pueden hablar como te hablan porque tienen una práctica constante. Lo ejercitan, lo hacen libremente con sus pares. Así también se educa”.

¿Por qué venir en familia? “Para que ellos vivan esto y vayan de a poco entendiendo. Nuestra postura es venir a demostrar nuestro enojo y que ellos lo vean, lo entiendan y se sientan parte”. Desde más allá, otra de las madres aporta: “Uno desde chico puede decir que no a algo que no le gusta, que no está bien”.

No es fácil administrar un grupo grande de chicos: “Es un lío, un poco de riesgo, el subte, el viaje, el cuidado. Pero todo va quedando en la memoria. De a poco irán haciendo su consciencia y entendiendo”. Uno de los hijos más grande se llama Lucas: “Quiso venir al margen de lo que nosotros hiciéramos. Se organizó con un amigo y quiso estar acá. ¿Por qué? “Para protestar”, dice Lucas: “Porque esta mal que un 2×1 derogado se aplique para delitos de lesa humanidad”. Lucas tiene 15 años.

Si pasa, pasa

Minutos después de las seis de la tarde la Plaza de Mayo se encontraba repleta. Una hora después, las diagonales que la circundan desbordaban de gente. Los subtes, las peatonales, la avenida 9 de julio y su metrobus se transformaron en un escenario histórico en el que, una vez más, se exigió por Memoria, por Verdad y sobre todo, por Justicia.

Convocaron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo junto con diversos organismos de Derechos Humanos y lograron un reclamo que se replicó en otros veinte puntos del país y en más de diez espacios desde el extranjero. La consigna fue en todos lados la misma: Jueces, nunca más. Ningún genocida suelto.

Pero además de agrupaciones políticas, autoridades universitarias y múltiples colectivos sociales y culturales, adhirieron al reclamo las familias, tan distintas de la Famiglia.

Una respuesta explícita a la política de Cambiemos del «si pasa, pasa» en el que la Corte hizo punta desde el primer día cuando, con el congreso en receso, el presidente intentó ingresar a los jueces de la Corte Suprema por decreto. Esos mismos que hace una semana, abrieron para los genocidas la puerta de la impunidad. Acompañados por grupos mediáticos abroquelados que sostienen esa práctica de forma astuta, Cambiemos intenta gobernar. Y el pueblo, le intenta decir basta.

Si pasa, pasa. Pero no pasó. En los desbordados alrededores de Plaza de Mayo, dos amigas charlan sosteniendo un cartel: 2×1=1976. En las paredes laterales de la catedral se proyecta: 2×1 + tu silencio = Fin. Y en cada abuelo, en cada madre, en cada hermano, en cada nieto, resuena el: Jueces, Nunca Más. Ningún genocida suelto.

@malaumanfre

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