Ley de etiquetado frontal | Lobby está

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¿Quién podría oponerse a un proyecto de ley que busca advertir a la población sobre el exceso de azúcar, sodio o grasas presente en los comestibles ultraprocesados? El martes 5 de octubre y contra todo lo imaginable, el interbloque de Juntos por el Cambio se negó a dar quórum y la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable –que perderá estado parlamentario en noviembre– quedó pendiendo de un hilo. ¿Lobby está? Sí, y sonriendo como nunca.

Un diputado con barbijo otea la Cámara desde atrás de una cortina. Otra diputada hace lo mismo: espiar, sólo que sentada. Un fotógrafo atentísimo dispara su cámara justo en ese momento y lo impensado ya tiene imagen propia. Algún día, dentro de muchos años, quizá los libros de historia cuenten del día ése en el que diputados y diputadas se escondieron detrás de los cortinados para no votar una ley destinada a cuidar la salud de millones en un país en donde –por ejemplo– la mitad de los chicos sale de la primaria con sobrepeso u obesidad. En donde 140.000 personas mueren debido a la llamada “pandemia invisible”, que no es otra que la generada por las enfermedades no transmisibles (ENTs) y vinculadas a la alimentación inadecuada.


Diputados del interbloque de Juntos por el Cambio escondidos tras las cortinas del Congreso y demorándose con el catering. Finalmente no dieron quórum.

Informar para prevenir: eso es precisamente lo que propone este proyecto de ley, resultado de muchas horas de debate, negociación y consenso entre legisladores y legisladoras de todos los bloques que –si en algo se pusieron de acuerdo– fue en la importancia de avisar a los consumidores si eso que van a consumir (no importa si una gaseosa, un snack o un yogur supuestamente “saludable”) está pasado de sal, de azúcar o de grasas. Pero también acordaron que era importante retirar a los comestibles menos saludables de los entornos escolares (léase: kioscos y comedores escolares) e impedir que las empresas se acerquen a los chicos disfrazadas de tigres, conejitos o perras salchicha a venderles comida chatarra.

 

Ley de Alimentación Saludable: Para comerte mejor

 

Para la nutricionista Andrea Graciano, de UNICEF, esta ley es casi perfecta. “Es un proyecto de que se elaboró a partir de la unificación de quince proyectos de senadores de distintos espacios políticos, que fue aprobado casi por unanimidad en el Senado en octubre de 2020, que tuvo dictamen por mayoría el 13 de julio de este año y que hace casi once meses que está en la Cámara de Diputados. Pero recién ahora se puso fecha y que, por eso mismo, era un momento muy esperado”. Tanto que tres organizaciones internacionales vinculadas a la niñez y la salud (UNICEF, la Organización Panamericana de la Salud –OPS– y las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –FAO–) generaron un documento conjunto el lunes previo a la sesión extraordinaria del martes 5 celebrando que hubiera sesión. “Las tres organizaciones de las Naciones Unidas consideran que si mañana la Cámara de Diputados sanciona la ley tal como fue aprobada por el Senado de la Nación y en base al dictamen del plenario de comisiones, hará que la Argentina dé un paso sustantivo y ejemplar en la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes, en la mejora de la alimentación y en la salud pública, previniendo enfermedades, discapacidad y muertes”, se lee en el comunicado.

Comunicado interagencial de UNICEF, OPS y ONU celebrando la sesión del martes 5 que se cayó porque Juntos por el Cambio no bajó al recinto.

Pero no sólo eso. El martes de la sesión especial hasta las vallas que rodean parte del Congreso de la Nación estaban vestidas para la ocasión con carteles ad hoc en los que se veían los famosos octógonos negros y sus leyendas (Alto en sodio, Alto en azúcar, etc.) pero en tamaño gigante. Para quienes acompañaron este proyecto de ley dentro y fuera del recinto ése no era un día más sino ˜–como marca Graciano– uno esperado por años. Especialmente si se tiene en cuenta lo que representa, en términos de salud, el consumo regular de esos productos para cualquiera pero, en especial, para niños y niñas. Es justamente a ellos y a ellas a quienes la publicidad orienta toda su artillería de colores y personajes. Y son ellos, también, quienes comienzan a exhibir en sus cuerpos el impacto de esas sustancias asociadas al sobrepeso, la presión alta y los problemas cardíacos.


Tweet del diputado Francisco Sánchez en día en que Juntos por el Cambio se negó a votar la Ley de Alimentación Saludable.

Desde 2016 en Chile, desde 2018 en Uruguay, desde 2019 en Perú y desde 2020 en Paraguay existe una ley similar. Alcanza con cruzar el río, de hecho, para toparse en Montevideo con –por ejemplo– la misma mayonesa hecha y vendida en Argentina, sólo que allá luce dos octógonos negros que avisan sobre su exceso en grasas y en sodio. ¿Por qué, entonces, los orientales tienen derecho a saber lo que nosotros y nosotras no? ¿Desde dónde, desde qué lugar puede justificarse no dar quórum para debatir una ley como ésta? En el caso del diputado neuquino Francisco Sánchez (quien en su biografía de Twitter se presenta como “profamilia, casado con María Inés y padre de 5” lo expresó así: “Al enemigo, ni quórum”.

Algunos diputados de JxC acercaron una explicación algo más elaborada. Dijeron que el “faltazo” en masa se debía a que los legisladores oficialistas que impulsaban la aprobación de la ley no habían “consensuado” el temario con ellos. Que hubieran bajado encantados a votar la Ley de Etiquetado si, además, se votaban otras cuestiones como la emergencia educativa o la boleta única. Cabe aclarar, sin embargo, que el martes no sólo se votaba una ley tan clave como esta sino también otras tres normas, como la protección a las personas en situación de calle o un régimen previsional especial para quienes trabajan en la industria del vino.

 

Ley de Etiquetado by nuestrasvocesok on Scribd

Esta es la citación oficial para la sesión especial del martes 5. Se expidió el viernes 1 de octubre.

Justamente por eso, para los analistas más fogueados en materia parlamentaria todo se trató de una disputa de poder entre el gobierno y una oposición que, luego de las PASO, parecería querer volver a discutirlo todo. Incluida, claro, una ley como ésta que dividió aguas en todos los bloques pero que especialmente en el de JxC –tradicionalmente atento a los poderes concentrados y a los estornudos de la City– fue resistida en voz alta y con pretextos que fueron desde el “riesgo” que implicaba para la industria nacional hasta sus eventuales consecuencias para las exportaciones y el mundo del trabajo. Todas objeciones que, valga aclarar, son fácilmente desmontables viendo lo que efectivamente sucedió en otros países tras la aprobación de la ley. Quedó pues en evidencia que –si los argumentos no eran sanitarios ni económicos– las razones debían buscarse en otro lugar. El martes, en la cámara, lo que se respiraba era eso: una mezcla de pase de factura tras la derrota del oficialismo en las PASO y guiño a las poderosas empresas alimentarias. “Ahora son Juntos por las Corporaciones”, bromeó alguien, pero nadie festejó la ocurrencia.

La diputada Gabriela Cerruti, desde Twitter, explicó que tratándose de una sesión especial, se convoca 48 horas antes y con temario ya establecido. Si algún legislador quería agregar temas a la discusión, eso sólo sería posible sentándose en su banca, dando quórum y habilitando la discusión. No hubo caso: se necesitaban 129 legisladores ese día y sólo concurrieron al recinto 117. “El problema es que la ley pierde estado parlamentario dentro de muy poco, el 30 de noviembre”, adelanta Graciano.

 


Tweets de la diputada Cerruti explicando el procedimiento de las sesiones especiales

Pasado el shock de la sesión caída y con destacable sincronización, los medios vinculados a través de la pauta publicitaria a la industria de la alimentación salieron de inmediato a justificar la ausencia de la oposición en un momento tan clave hablando en una lengua esquizoide que pasaba del vamos a perder mercados” a lo irrelevante de la discusión en sí. La ley de etiquetado frontal era, al mismo tiempo, una norma capaz de convertir a la Argentina en una suerte de “paria” a la hora de exportar y una ley inútil de toda inutilidad. El ejemplo más acabado del “white people problem”, como si la preocupación por las salud cardíaca de los más chicos fuera, casi, un gesto 100% Palermo Soho.

 

Una epidemia silenciosa

 

Por esos mismos senderos pantanosos derivó también la ex gobernadora María Eugenia Vidal. En la misma línea argumental que ya tantos éxitos le ha deparado (ésa que comenzó el día en que habló de que la droga que se vende en la villa también puede llegar “a nuestros hijos” y siguió con la diferencia entre fumarse un porro en la 1-11-14 o hacerlo “en Palermo y con tu pareja”), fue entrevistada en el canal La Nación+ y sostuvo que en un país con tantos hambrientos preocuparse por la calidad de lo que se come es casi una nadería. ¿Qué dijo? Pidió además “terminar con la locura” y que el gobierno comenzara a ocuparse de lo que ella denomina “los problemas reales”, como si las estadísticas de malnutrición y sobrepeso en menores de edad no lo fueran. Más aún, interrogada por un periodista Vidal aseguró que lo sucedido el martes 5 de octubre era “un buen ejemplo de qué Congreso queremos. Nosotros tenemos más de un millón ochocientos mil chicos –de acuerdo a la ultima estadística del INDEC– indigentes, que pasan hambre, que no cubren una canasta básica. ¿Y la prioridad es la discusión de la ley de etiquetado?”

 

 

 

Para Vidal, conocer la composición de lo que comemos es incompatible con terminar con la pobreza y con el hambre. (Ver en detalle desde 12:18 a 12:24, donde desarrolla este tema)

Como fuere, ahora todos los ojos están puestos en el próximo miércoles, cuando –según se rumorea– el oficialismo estaría decidido a pedir una sesión extraordinaria para aprobar la ley antes de que el proyecto se caiga definitivamente. Lo que ya se cayó, y con estruendo irreparable, fue la mascarada aquella de la preocupación por la salud pública y el bienestar de los más chicos. Como expresó la cocinera Narda Lepes en diferentes medios y redes sociales, no hay argumentos válidos para no votar una ley como ésta, y el momento es ya.


La cocinera Narda Lepes es una activa defensora de la iniciativa, tanto desde sus cuentas personales como de la mano de UNICEF Argentina.

Nadie –y en esto coinciden incluso legisladores de JxC como el senador Julio Cobos– que se diga preocupado por el bien común puede sacarle el cuerpo a una ley como ésta, discutida hasta el último detalle, acordada colectivamente y respaldada por agencias internacionales vinculadas la salud, la alimentación y la niñez.  Mientras, el tiempo corre. Y no a nuestro favor, precisamente.

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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