Loop de un viernes a la noche (represivo)

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Cómo fueron los abusos policiales, la negación de derechos, la crueldad y desidia judicial que afectaron a los detenidos luego de la represión en la marcha por Santiago Maldonado. Tres abogadxs, que la noche del viernes pasaron abruptamente de participantes a defensores, narran la odisea de ubicar a todos los detenidos, confirmar su estado, acompañarlos en las indagatorias del domingo y lograr su liberación.

Fotos: Gabriela Rojas y Joaquín Salguero

El viernes 1º fuimos a la plaza. Como lo hicimos un mes atrás, como lo seguiremos haciendo hasta que aparezca Santiago. Las palabras de su hermano nos hicieron estremecer. Esa tarde nos sentimos menos solxs, fuimos muchxs, cientos de miles lxs que gritamos “¿¡Dónde está Santiago?!”

Costó desconcentrar, pero fue sin problemas. Lento, con olor a chori. En el camino nos fuimos encontrando y los saludos se transformaron en abrazos de aliento, esos que nos salvan en estas nuevas plazas. Tan distintas a las que llenabamos hace tan solo un año y nueve meses. Tan parecidas a las anteriores al estallido de 2001.

Nos cruzamos con mucha gente, familiares, amigxs y compañerxs. Algunxs habían ido con sus hijxs, otrxs encolumnados detrás de sus organizaciones y, muchxs otrxs prefirieron ir solxs. Por miedo.

Miedo, una palabra que retumbó durante toda la jornada, teñida entre otras cosas por el no pago a lxs docentes de Ciudad en tiempo y forma y por los tristes ecos del macabro implemento del 0800 buchón. Se habló de miedo, sí, pero estábamos juntxs, haciendo algo con eso. La mayoría con esa sensación ambigua, entre angustiante por lo de Santiago y reconstituyente por poder juntarse a marchar y reclamar, en definitiva movilizante, pero tranquilo, como todas nuestras marchas. Por eso nos resultó rarísimo lo que pasó después.

Terminado todo nos reencontramos en la casa donde nos juntamos cada quince días a proyectar una peli, cantar canciones y charlar, pero no pudimos. A partir de las 22 horas llegaron los primeros mensajes, la realidad que disparó la tele fue peor que cualquier ficción.

Méndez, el gendarme que puede romper el silencio

Lo que vimos nos pareció otra plaza, otro mundo. Policías en motos con armas largas, piedras, gritos, balas de goma, camiones hidrantes, gente corriendo, jóvenes llevados de los pelos, periodistas golpeados, mujeres pateadas y tiradas contra el piso, todo tras la marcha por un desaparecido en democracia… una cacería brutal en Plaza de Mayo, macabra, un horror.

Nos miramos. «¿Vamos?»; «No sé, mandemos mensajes para preguntar qué pasa»; «bueno, vamos».

Nos subimos al auto. Primero fuimos a Plaza de Mayo. Eran las 10 de la noche más o menos. No había nada. Solo los restos del caos. «Estamos en Avenida de Mayo y San José, es una batalla campal», nos llegó por mensaje. Fuimos para ahí. Llegamos cuando todo había terminado. Policías armados hasta los dientes en medio de Avenida de Mayo. Gente gritando en busca de sus compañerxs. Lo que quedaba eran los vestigios de la represión.

No sabíamos qué hacer, el olor a quemado inundaba las calles «¿Vamos a la comisaría?». Y fuimos.

Al llegar a la comisaría 30 de Barracas, nos encontramos con dos o tres personas en la puerta. Al rato llegaron varias más. Nos acercamos a consultar a los cinco policías que estaban parados frente al edificio. Estaban llegando lxs detenidxs, todavía no tenían el listado completo.

Nos quedamos en la puerta llamando a otros posibles lugares de detención. Teníamos que ubicar a todxs los que se habían llevado. La incertidumbre y la desesperación por encontrarlxs nos iban a acompañar toda la madrugada. Esas sensaciones confluyeron con las de otrxs compañerxs con los que fuimos colectivizando la poca información que íbamos consiguiendo.

Indiferencia, Nunca Más

Empezamos los llamados. Algunos nos decían que no tenían detenidxs del “operativo” desplegado hacia unas horas atrás, otros nos contestaban que no sabían la cantidad de detenidxs que iban a recibir. Cada dato que lográbamos, lo gritábamos para que todxs los compañerxs que estaban ahí pudieran escucharlo. Algunxs llamaban y otrxs hacian y deshacian listas. La peor respuesta la obtuvimos de la Comisaría 23, un policía nos contestó que si queriamos saber si había detenidxs, teníamos que presentar un habeas corpus. Nos miramos con una indignación compartida y seguimos.

Al rato se acercó uno de los oficiales con un listado escrito a mano. En esa primera lista sólo había 10 nombres, después se fue ampliando. No sabemos porque en el primer listado algunxs nombres no estaban incluidos. Ninguna institución del Estado se hizo presente para controlar el traslado ni las condiciones de detención. Solo el personal policial y nosotrxs.

Hacía unos minutos habíamos recibido un mensaje desesperado buscando a un compañero. En la lista de los primeros 10 estaba su nombre. Eran las 11.54 y recién pudimos avisar a lxs amigxs, compañerxs, y familiares que estaba detenido. Durante más de tres horas no se supo nada de él. Sus compañerxs no vieron cuando se lo llevaron, y no lo podían llamar al celular porque lo había perdido un rato antes. En la huida desesperada cuando empezó la persecución en la Plaza todxs corrieron hacia distintos lugares. Incluso uno de sus amigos fue brutalmente golpeado en la cabeza. Cuando finalmente se reunieron todxs se dieron cuenta que faltaba él. Pero pensaron que quizás se había vuelto a su casa. Ya en un acto anterior lo habían perdido y después se enteraron que se había ido antes. Esta vez tuvieron menos suerte.

Las pruebas que desmienten a Bullrich

Mientras tanto, otrxs compañerxs intentaban a toda costa averiguar quién había ordenado semejante desastre, qué juzgado o fiscalía se hacía responsable, y nada, porque claro, las cosas obvias cuando se trata del poder judicial hay que descubrirlas, como si se tratara de un secreto a develar. Pasadas las doce se presentaron en el juzgado de turno, que estaba cerrado, atendió un personal de seguridad que hizo el puente con la jueza (el turno comenzaba justamente a esa hora). Ella fue enseguida hacia la comisaría y fue la que finalmente informó que, según le dijeron, un juez había ordenado todo, aunque luego supimos que no fue así, que el juez Martinez de Giorgi había asumido apenas unos quince minutos antes, habiendo quedado todo lo ocurrido bajo plena discreción y potestad del Poder Ejecutivo.

A la puerta de la comisaría 30, así como a la de las comunas 15, 12, y luego a la de Parque Patricios, empezaron a llegar hermanos, familiares, amigxs, organizaciones de derechos humanos, abogadxs particulares. El viernes por la noche empezaba a extenderse. La represión y sus consecuencias empezaban a repetirse, como si se tratara de un loop continuo. Un sonido que se repite continuamente.

La información era poca. Quisimos hacer uso del super poder que da en esas situaciones tener un carnet de abogadx y manifestamos nuestro interés en asumir la defensa de un compañero. No nos dejaron. Frente a la decisión judicial y policial el super poder no funciona. Frente a la fuerza, la violencia y la prepotencia no hay carnet que valga.

A las 5 am del viernes mientras a lxs abogadxs no nos dejaban entrevistarnos con lxs detenidxs, por la comisaría 2da circulaban policías dejando fotos y labrando actas de las detenciones. Entre chistes, risas y poses de Rambo; un policía con una remera ajustada de AC/DC contaba cómo había detenido a un fotógrafo rubio; otro se jactaba de haberle pegado a un chico de sweater blanco en el piso; un policía con corte de pelo a la moda se reía de que no sabía redactar el acta ahora que no eran más Policía Federal. Por ahora la causa está bajo secreto de sumario, pero ya nos encontraremos con esas actas cuando podamos acceder a la causa, para proceder de acuerdo a lo que corresponda legalmente.

A esa hora ya teníamos claro que se trataba de Martínez de Giorgi. También sabíamos la orden. Incomunicados hasta el lunes cuando serán llamados a indagatoria. Por suerte, la movilización y la presión popular adelantó los tiempos. Aunque es probable que al dar la orden ya haya sabido que la indagatoria a 31 personas incomunicadas no podría realizarse el lunes en medio del trajín normal de Comodoro Py, el juzgado iba a colapsar. Pero esos detalles no importan. Para la burocracia judicial el placer está en la crueldad. Es un cliché citar a Kafka, pero a veces no queda otra opción.

El sábado fue un día largo. Fuimos a hacer el aguante a las comisarías. Pero después nos volvimos a casa. A estudiar para las indagatorias del domingo, pero sobre todo a tejer redes. Compañerxs y amigxs se pusieron a disposición; otrxs hicieron escritos de excarcelación el sábado a las noche; nos mandaron modelos de escritos; sacaron fotocopias; nos avisaron que a las 7am del domingo iban a estar en Comodoro Py. En medio de tanto horror y tristeza nos alegramos de los muchxs que estamos de este lado. Nos dormimos nerviosxs pero sabiendonos contenidxs y acompañadxs.

El domingo a las 07.30 am estábamos todxs levantadxs, bañadxs y en camino a Comodoro Py. Llovía. Recordamos las otras veces en Comodoro Py. ¿Acaso en este lugar siempre llueve?. No importa. La lluvia nunca nos detuvo. Refugiados en una carpa verde, lxs abogadxs de todas las organizaciones hicimos una reunión operativa. Más de 20 abogadxs planeando la estrategia, bajo la lluvia un domingo en Comodory Py. Una imagen que tiene tanto de bizarro como de esperanzador. De nuevo la certeza, del lado de los buenos somos muchxs.

A las 8 am, horario en que nos habían citado, nos acercamos a la puerta de ingreso a Comodoro Py. Se acercó un empleado judicial y nos dijo que volviéramos a las 9 am. Eso hicimos. A las 9 am, lxs más de 20 abogadxs nos juntamos en el portón de ingreso. Entramos todxs juntxs y subimos al tercer piso, donde se encuentra el juzgado N°5.

Empezamos a presentar los escritos asumiendo las defensas. Por fin la pesadilla por la que estaban atravesando nuestrxs compañerxs empezaba a terminar. Nos ilusionamos. Pero no. Todavía faltaba un largo día. La mayoría no había podido ver a nadie durante su detención. La mayoría no sabía que había un equipo de abogadxs esperandolos para asumir su defensa. La mayoría no sabía nada. Pero para la burocracia judicial eso no era importante. El juez no había llegado. Las horas pasaban. Nosotrxs pudimos comer unos sanguchitos ¿qué pasaba con los/as chicos/as dentro de la alcaldía?

Y como la crueldad parece no tener límites. El juez no se apuró. Recién llegó al lugar pasadas las 12 del mediodía. Antes no se tomó siquiera el trabajo de autorizar a que empezaran las indagatorias. Después se tomó su tiempo para empezar…

Recién a las 4 de la tarde empezó el movimiento. Lxs abogadxs pudimos entrevistarnos un ratito antes de la declaración indagatoria. En la sala del juzgado. Amontonados, incómodos y con policías alrededor. A pesar de lo hostil de la situación comenzamos a escuchar los relatos del horror que habíamos imaginado. Los golpes en la cara, las marcas del precinto con el que les agarraron las muñecas cuando los detuvieron, los ojos morados, el moretón amarillo en la pierna. Los cuerpos hablaban por sí solos. No declararon. ¿Qué iban a declarar si la imputación que les leía la secretaria del juzgado era solo una enumeración de hechos genéricos y un listado de prueba a la que no se les permitía acceder?

Los límites de la crueldad siempre se estiran un poco más, así que lo primero que empezó a circular entre los empleados del juzgado fue que no los iban a liberar esa noche. Que los trasladaban a la alcaldía de tribunales o que habían entrado colchones a Comodoro Py y se quedaban ahí; incluso los medios (que siempre saben más y antes) empezaron a decir que no los iban a liberar.

Pero al terminar la última indagatoria la noticia que dió el Juez fue otra. “Se va a dictar la excarcelación”. Lxs que no tengan antecedentes y se pueda comprobar la identidad salen en un rato. Alegría… pero no tanto. “No se van directamente desde acá”. “Los llevamos a Madariaga y Colectora… vayan a buscarlos allá”. La felicidad de las familias y compañeros se mezcló con la bronca. ¿cuando termina este cuento de Kafka?

A las 4 am del lunes 4 de septiembre empezó a terminar el loop en que se había convertido el viernes por la noche. Entre abrazos teñidos de cansancio, lxs chicxs (si, chicxs, porque fueron chicos y chicas lxs que salieron de la comisaría de Madariaga) volvieron a sus casas, a dormir, a comer, a terminar de una vez la pesadilla.

Por fin el viernes terminó.

Pero ahora queda por delante revertir el proceso iniciado. Aunque el sobreseimiento es el final natural de esta causa armada pura y exclusivamente por la policía, estos casos no pueden quedar impunes. A esta altura ni siquiera los medios del monopolio dudan de que no existen pruebas para sostener las imputaciones, que hubo infiltrados y policías de civil, que las detenciones fueron arbitrarias y violentas.

La crueldad y la impunidad que se desataron el viernes nos agarraron desprevenidxs. A nosotrxs que vemos cotidianamente las secuelas del accionar policial, a nosotrxs que nos enseñaron en la facultad cómo intervenir frente a una detención arbitraria, a nosotrxs que militamos. Es que lo que pasó el viernes, nos pasó a todxs.

La crueldad del operativo que incluyó amenazas, golpes, torturas, alusiones a la última dictadura militar, amenazas con convertirse en el próximo Santiango Maldonado; todo dirigido a jóvenes, principalmente periodistas y personas sin organización política que se encontraban en el lugar; no puede permanecer impune. No podemos convalidar este modus operandi que busca ser aleccionador para quienes entendemos que la calle es el lugar natural donde expresar nuestros reclamos. En democracia no podemos cercenar nuestro derecho a ocupar el espacio público.

Por eso, y porque creemos en las instituciones, es importante que se realicen las presentaciones y denuncias antes la DOVIC y la Procuvin, ambas instancias del Ministerio Público Fiscal de la Nación. Estos son los organismos idóneos para denunciar la violencia policial y para lograr hacer justicia.

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