Nata: La policía trans que logró un cambio de paradigma en la PSA

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La historia de Nata es de las que, además de experimentar un cambio personal, transforman instituciones. Como parte de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y después de muchos años de lucha consigo misma y con la institución castrense, marcó un hito cuando se presentó un nuevo reglamento de uniformes no binarios que evita basarse en estereotipos y se centra en la operatividad de la labor policial.

Nata está en plena transición. Tiene 32 años. Nació varón pero hace ya mucho tiempo que empezó a percibirse mujer. Su historia podría ser la de tantxs otrxs. Sin embargo, la historia de Nata es de las que, además, transforman instituciones y paradigmas. Desde el 2014 Nata es parte de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y después de muchos años de lucha, consigo misma y con la institución castrense, la semana pasada marcó un hito. A partir de considerar su situación, la PSA presentó un nuevo reglamento de uniformes no binarios que evita basarse en estereotipos y se centra en la operatividad de la labor policial.

Hace algunas semanas, Nata se presentó en la unidad de género de la fuerza y manifestó que como primeras medidas de su incipiente transición quería pintarse las uñas y delinearse los ojos, pero se exponía a eventuales sanciones dado que el reglamento de presentación de la fuerza no lo contemplaba, ni se lo permitía. Por eso, ante la demanda, las autoridades decidieron cambiar de cuajo el reglamento. De ahora en más, las y los oficiales de esa fuerza de seguridad federal no solo podrán elegir el uniforme que se adecúe a su identidad de género autopercibida: desde ahora, los hombres podrán usar barba o pelo largo recogido, no tendrán la obligación de ocultar tatuajes (en tanto no sean ofensivos o agresivos), las mujeres no estarán obligadas a usar faldas en su conjunto de gala y aquellas que estén embarazadas o en periodo de lactancia no tendrán que usar ropas distintas del resto. El director nacional de la PSA, José Glinksi, explicó cómo llegaron a implementar el cambio institucional: “Es una propuesta que vino de abajo hacia arriba. Como decimos siempre en el peronismo: donde hay una necesidad. Entonces comenzamos a trabajar en eso y advertimos que no solo debíamos eliminar la diferenciación y hacer uniformes unisex; también vimos que había otras cuestiones injustas y estigmatizantes”.

 

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En primera persona

Nuestras Voces tuvo acceso a un diálogo que mantuvieron Nata y Glinski, en donde lx oficial contó su propia historia, los momentos de sufrimiento y dolor en el trabajo, y qué fue lo que llevó a que finalmente pueda tomar la decisión de transicionar. A continuación, reproducimos las palabras de Nata detallando su experiencia.

Nata: —Siempre quise ser policía porque tengo vocación de ayudar a las personas. En el 2005, cuando yo todavía estaba en la secundaria, mi vieja ve la televisión y me dice «¿Viste que el Presidente va a crear una nueva fuerza en el aeropuerto? Ahí trabajarías bien vos.» Las madres siempre saben, y yo le digo «No, mamá, ¿Cómo, una fuerza policial?« Yo me imaginaba a todos re duros, re milicos, y yo no soy así. Terminé mi secundaria en el 2007 y mandé un mail a la PSA y la verdad es que no me tuvieron en cuenta en ese momento. Conseguí trabajo en la Fundación Huésped y en 2014 me llamaron de la PSA. Hice toda la formación y fue muy linda. Y después llegó el ingreso a la institución y quizás el primer año para mí fue más duro. Siempre estuve en Aeroparque pero fueron años muy difíciles, en los que yo no encajaba en la institución con el tema del género, principalmente por todo lo que viví con el género, con mi fluctuación, porque si bien entré como un oficial masculino, era una frustración constante en mí. Yo quería decir bueno, este año voy a hacer este cambio, este año voy a dejarme el pelo largo. Me pasaba que mi orientación siempre fue bisexual, después gay y ni siquiera eso lo podía decir.  Y formaban equipos de fútbol y no te invitaban o mandaban a todos a allanamientos y a mí no me mandaban o había puestos a los que tampoco me mandaban. Entonces yo hacía como un esfuerzo personal de demostrarme más masculino, cambiar la voz, dejarme el bigote, no sé, cosas así, pero aún así no encajaba y me dolía mucho porque me destruía yo mismo. Salía de la guardia muy mal, enojado. Decía «no voy a volver más». Tenía miedo de que otras personas no me acepten, porque pocos me aceptaban. Y así fue pasando el tiempo, dos o tres años en la institución, en los que mi forma de enojarme era, no sé, quizás no peleaba con nadie, no levantaba la voz, pero era como que me encerraba en mi pieza y me quedaba ahí y no quería ir. Sufrí mucho durante los años anteriores, me han sancionado un montón de veces porque yo no encajaba con la binaridad de ser hombre o ser mujer. Realmente yo me esforzaba por presentarme masculino, fuerte, «normal», y era evidente que no era así. Entonces me enojaba conmigo mismo y cuando me enojaba, por ejemplo, faltaba sin avisar a la institución. Reconozco que eso está mal, pero tampoco tenía un canal para evacuar, para explicar; un espacio para decir bueno, me pasa esto.

 

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Y así pasó el tiempo hasta llegar al 2020, en plena pandemia, donde permanecí en casa encerrado. Y fue durante el confinamiento, donde hubo ese tiempo de meditación, que me ocurrió pensar y decir no soy esto. Soy una oficial transexual que quiere hacer un cambio, que quiere ser una mujer, que quiere hacer este paso. Y si una institución me acompaña o no me acompaña, me va a dar lo mismo. A mí me ha pasado en Aeroparque, y esto fue muy reciente: un jefe de unidad que no me conocía, me vio y le dijo al jefe operaciones que me cambie la ropa. Yo tenía el mismo uniforme que tenemos todos, pero un talle menos, más ajustado. Se lo compré a una compañera. Antes de salir me llama el jefe de turno muy preocupado y me dice «Cambiate el pantalón porque no está bueno, parece una calza».  Eso creo que fue la gota que rebalsó el vaso. Porque dije otra vez yo no voy a volver a lo mismo.

Fui a hablar con la Unidad de género y les dije: miren, me está pasando esto y yo necesito estar seguro de que si me voy a dejar el pelo largo y me voy a pintar las uñas quiero saber que voy a estar acompañado. Y ahí hablé, conté cómo era mi situación, me llamaron en varias oportunidades y la verdad es que lo último que me imaginé era que iba a llegar a que alguien en la dirección considere «Che, esto es un caso que está bueno y que tenemos que ver porque habla de todos, habla de nosotros como institución y habla del cambio que tenemos que dar”.

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Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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