Octógonos negros para desenmascarar el marketing light

Compartir

La Cámara de Diputados avanza con la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos, que ya cuenta con media sanción del Senado. El proyecto implementa un rotulado frontal de advertencia en las bebidas y alimentos con octógonos negros para advertir sobre altas dosis de azúcar, grasas saturadas, sodios o sales. En países vecinos la iniciativa ayudó a reducir los niveles de obesidad y malnutrición en la población. La medida es resistida por la industria alimenticia porque derriba el marketing light y sano de muchos alimentos ultraprocesados. 

La escritora Soledad Barruti narra en el libro “Mala leche” su experiencia de compra en un supermercado chileno tras la aprobación de la Ley de Etiquetado de Alimentos en el país trasandino. Con un tono ameno Barruti describe góndolas donde la mayor parte de las gaseosas, panes lactales o galletitas lucen gruesos octógonos negros con distintas advertencias en torno a sus altos contenidos en azúcares, grasas saturadas, sodios o sales. Además, la también autora de “Mal comidos”, un best seller sobre los riesgos que genera la comida ultraprocesada en la salud, consigna en “Mala leche” que gracias a la mencionada normativa el país vecino logró reducir de forma significativa los índices de obesidad en la población infantil. 

Según Barruti, México también pudo disminuir la obesidad y malnutrición, fenómenos globales que por su impacto han sido catalogados por la OMS como “una pandemia silenciosa”, al aprobar una legislación equivalente a la de Chile. La discusión y aprobación de la ley en el país azteca presentó múltiples barreras por parte de las grandes empresas alimenticias, que están en toda la región asociadas a grandes corporaciones transnacionales como Coca Cola o Danone. Incluso, el debate implicó poner en crisis huellas culturales profundas de una sociedad donde el consumo de las gaseosas era tan popular como las tortillas de maíz. 

La Ley de Etiquetado de Alimentos, que ya fue aprobada en el Senado por amplia mayoría, avanza en Diputados mientras se suman denuncias de que las megaindustrias buscan demorar el tratamiento con excusas que obliguen a un cambio para que vuelva atrás. Incluso, la Cancillería argentina, cuando fue invitada a dar su postura en el debate de comisiones de Diputados, puso reparos al proyecto ya que, según aduce el Palacio San Martín, la normativa podría complicar la exportación de productos azucarados a Brasil, donde el gobierno de Bolsonaro, tras el fuerte lobby ejercido por las corporaciones alimenticias, fijo un sistema de etiquetado más laxo en sus alimentos. 

Las meriendas del hambre de Larreta

A diferencia del etiquetado octogonal negro, imposible de obviar, que remite a las señales de tránsito advierte con tino Soledad Barruti, Bolsonaro implementó un formato ambiguo, donde el ícono de una pequeña lupa es señal a los clientes de que dicho producto no cumple con el perfil nutricional fijado por la OMS.

Un artículo publicado semanas atrás en la revista regional Bocado, un medio que suele dar una amplia cobertura a los riesgos  abiertos en el marketing alimenticio –que logra, por poner un ejemplo, nublar el impacto de galletitas rebosantes de grasas tóxicas en paquetes cándidos edulcorados con la cara del hombre araña-, explica por qué el modelo de ley que impulsa el gobierno argentino, es decir con el consignado formato del octógono negro, es el más indicado para establecer advertencia severas y claras en los envases de alimentos y bebidas ultraprocesadas. 

“Un comprador tarda seis segundos en hacer una elección en la góndola. En este corto lapso los mensajes en los productos son un misil: inducen o frenan la compra. Por eso, desde que existe el supermercado como espacio de consumo alimentario, los productos tienen publicidad en sus etiquetas. Argentina debería seguir el camino de Brasil, exigen distintos representantes de la industria. Pero, en Brasil, gracias al rotulado de lupas (que fija límites más amplios de nutrientes críticos), el polvo para leche chocolatada Nescau, a pesar de contener 13 gramos de azúcares agregados, no llevará el signo exceso de azúcar agregada. Y las galletitas Club Social estarán libres de portar un alerta de altas en grasas saturadas”, advierte el mencionado artículo.

El lobby contra la Ley de Etiquetado de Alimentos es sostenido. La vicepresidenta de la Comisión de Defensa del Consumidor de la Cámara de Diputados, Liliana Schwindt advirtió ayer que las industrias alimenticias deben «adaptarse a los estándares internacionales» porque en la Argentina «están poniendo trabas para hacerlo».

Mónica Katz, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, criticó días atrás en una entrevista  el rotulado frontal de alimentos: “La ley no es aceptada en ningún lado del mundo, solo en América Latina, es raro, me hace ruido. Una legumbre, un pan integral podrán estar etiquetados; está ley podrá castigar incluso al yogurt, podrá castigar incluso al tomate en lata”. 

La referencia de los productos no es casual, todo lo contrario, se trata de un patrón discursivo sistemático. Columnistas radiales o televisivos, por ejemplo el especialista en economía Osvaldo Granados, han insistido las últimas semanas en la supuesta inconsistencia de que un “yogurt” o un “tomate en lata” queden rotulados con un octógono negro. Aparentes productos inocuos quedarían escrachados, según aquel relato, por una obtusa ley antimercado. En sus redes sociales la especialista Soledad Barruti retrucó esos discursos con una justificación muy simple: “si el hipotético yogurt cuenta con altos índices de azúcar o grasas será rotulado, si su composición respeta el perfil nutricional de la OMS, no”.

Nuestras Voces habló con la diputada nacional Florencia Lampreabe, una de las legisladoras que más compromiso político ha demostrado en el recinto de la Cámara Baja a favor de la ley de etiquetado de alimentos. Lampreabe, de inserción política territorial en Hurlingham, comienza justificando su apoyo a la ley del etiquetado negro aduciendo que ayudará a combatir “una pandemia silenciosa”. “La ley de etiquetado de alimentos es muy importante porque hay una pandemia silenciosa que tiene que ver con la mala alimentación. El aumento en el consumo de productos alimenticios envasados, procesados y ultraprocesados con exceso de nutrientes críticos está asociado a la proliferación de enfermedades no transmisibles,  que en Argentina es una de las principales causas de muerte”, advierte Lampreabe.

Larreta y el negocio de los intermediarios con la comida de los chicos

“Los nutrientes críticos sobre los cuales se busca advertir a la ciudadanía son el sodio, las grasas saturadas, los azúcares, y a su vez va a contener otras dos advertencias, la presencia de cafeína, y de edulcorantes. La malnutrición afecta, principalmente, a los sectores más postergados; otro sector afectado son las niñas, niños y adolescentes. Tanto la OPS, como la propia UNESCO, están reclamando por la implementación de este tipo de sistemas porque los niños, niñas y adolescentes cuentan con menos herramientas para filtrar las estrategias de marketing volcadas en el etiquetado de alimentos”, continúa la diputada nacional en representación por el Frente de Todos.

Además la legisladora nacional consultada por Nuestras Voces aclara que: “El proyecto de ley regula también aspectos que no hacen solo al etiquetado, sino también a la regulación de entornos escolares, en el sentido de que los productos que tengan al menos uno de los sellos de advertencia no puedan ser vendidos en instituciones educativas, tampoco patrocinados ni publicitados, siempre con el objetivo de proteger la salud de las niñas, niños y adolescentes”

Sobre las críticas vertidas por la industria azucarera Florencia Lampreabe aclara, por último, que: “La principal resistencia proviene de la industria de las bebidas azucaradas porque básicamente el perfil de nutrientes elaborado por la OMS, que es el que estamos promoviendo en el proyecto de ley, fija que las empresas de gaseosas no puedan sacarse el sello de advertencia. Hay que recordar que el azúcar es uno de los principales problemas en la malnutrición y en la alimentación de las niñas, niños y adolescentes, en Argentina rankeamos dentro de los cuatro países  que más consumen bebidas azucaradas”.

Comentarios

Comentarios

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 13/06/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto