Abrí los ojos. Esto está pasando.

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La violencia política no es un cataclismo que se instala de pronto, en una sociedad, de un día para el otro. Es una sucesión de hechos que se van acumulando, uno tras otro, permitidos o alentados desde el estado. El mismo estado que debe proteger a la sociedad, es el que la pone a merced de los autoritarios y violentos. Eso está pasando hoy. Sería bueno que no miremos al costado o nos hagamos los distraídos como en otros momentos de nuestra historia reciente.
Violencia política es, cuando empieza, disparos, patotas, discursos. Es la vocación de acallar un sector de la sociedad porque piensa diferente o anhela otros deseos.
Es la instalación del miedo y el intento de sometimiento desde lo político y lo económico. Un pie gigante aplastando a un sector enorme de la sociedad. Una mano armada por los matones, la justicia y los medios apuntando a los grupos que la representan.

Si aprendimos algo de la historia argentina, deberíamos ser capaces de ver que ese panorama de ajuste económico, violencia política y persecución mediática y judicial es lo que estamos viviendo en los últimos meses. Quienes venían a cerrar la grieta, alientan desde el gobierno los fantasmas que nos hablan del retorno del pasado. Del peor de los pasados.

Los ataques a Tiempo Argentino y la parroquia de los sacerdotes de la Opción por los pobres en la Isla Maciel en los últimos días son la última expresión de un fenómeno que comenzó y se profundizó desde el cambio de gobierno en diciembre pasado.

Se presentan como hechos aislados.
Pero son atentados políticos muy violentos, perpetrados por matones organizados, con una matriz propia de grupos paraestatales de derecha que actúan amparados por el poder político y económico; tienen lazos en las fuerzas de seguridad o armadas y están aplicando una clara estrategia de amedrentamiento social con los sectores críticos u opositores al gobierno. No es una organización, tal vez, o todavía. Pero comienza a ser una red, y eso ya debería ser señal de alerta suficiente.

Son violentos, porque en todos hubo al menos tres de estas cinco características: disparos de armas de fuego, ataque con golpes, heridos, amenazas y/o daños a la propiedad.

Son políticos porque todos los atentados fueron contra sedes institucionales de organizaciones de orientación nacional, popular y social, de un perfil político-ideológico opuesto al del Gobierno. Todas las organizaciones atacadas son legales, legítimas y no manejan armas de fuego ni han respondido con violencia a los ataques, pese a la campaña por estigmatizarlas.
Además deben tomarse como atentados sistemáticos, porque se repiten con periodicidad, todos son violentos, todos son contra objetivos muy específicos (no al azar) y claramente implican atacar derechos constitucionales, como la libertad de expresión, la libertad de credo y la libertad política. Además, varios de los ataques comparten el modus operandi.

La lista no es exhaustiva (este medio está abierto a publicar las denuncias de todo el país, escriban a www.nuestrasvoces.com.ar/mi-voz ) pero el sentido que presenta es irrefutable:

-El lunes 4 de julio una patota, conformada por matones y encabezada por los empresarios que realizaron el vaciamiento de todos sus medios, irrumpió en la redacción del diario Tiempo Argentino, destruyó el lugar, agredió a trabajadores de limpieza, maestranza y prensa (nucleados en una cooperativa para sostener el trabajo y el medio). Luego de una presencia solidaria periodistas en la madrugada, se fueron. Hoy circula una edición especial en papel con los hechos ocurridos allí que invitamos a comprar solidariamente. Y ayer imputaron al empresario Martínez Rojas por el ataque a la redacción de Tiempo Argentino y a 10 miembros de la patota. La policía, que incumplió sus deberes porque fue testigo de delitos flagrantes y no actuó, tampoco identifico a todos los atacantes, que eran más de 18.

-El sábado 2 de julio destrozaron y saquearon la parroquia “Nuestra Señora de Fátima”, que realiza social los márgenes de la ciudad, en Isla Maciel. Un grupo entró por la fuerza, vandalizaron el interior y violentaron la caja de seguridad, llevándose o destruyendo materiales de trabajo. El párroco es Francisco “Paco” Olveira, del Grupo de Curas en Opción por los Pobres -un sector muy crítico al ajuste que aplicó el gobierno de Mauricio Macri-; el Párroco además recibió a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su anterior visita a Buenos Aires (el ataque fue casi simultáneo a su nuevo viaje).

– El sábado 18 de junio a la madrugada fue atacada la casa de los padres del ex presidente Néstor Kirchner, ubicada en 25 de Mayo 446, Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. Violentaron el ingreso y destruyeron a patadas la puerta. El hecho coincidió con la presencia de una comitiva secreta de la Policía Metropolitana. Como reveló Nuestras voces de forma exclusiva, los 8 policías metropolitanos se encontraban, de acuerdo a una resolución del ministros del área, “haciendo tareas de inteligencia” por pedido del juez Claudio Bonadío en causas vinculadas a la ex presidenta.

-El 8 de abril y el 24 de marzo (otra fecha que no parece casual) fueron atacados locales del partido Solidaridad e Igualdad (SI) –claramente valores ajenos al Gobierno- que orienta Carlos Raimundi. Ambos en CABA, uno en Parque Centenario (Comuna 9) y el bajo Flores (Comuna). Rompieron la entrada y robaron objetos.

-El sábado 5 de marzo fue atacado a balazos un local del partido Nuevo Encuentro, en CABA, barrio de Villa Crespo. Dos mujeres, una militante de Nuevo Encuentro y una militante de La Cámpora, resultaron heridas de bala, tuvieron que ser hospitalizadas, pero ya tienen el alta. Se identificó al posible tirador y ayer fue IMPUTADO/PROCESADO por tentativa de asesinato.

Entre estos ataques más difundidos, se sucedieron pintadas, vandalización, ataques a distintos locales de La Cámpora, el Peronismo militante y otras organizaciones políticas. Destrucción de estatuas y símbolos, vandalización de murales y sitios de memoria, amenazas de bomba en el Espacio para la Memoria, escraches a dirigentes políticos y otras formas de persecución mediáticas y judiciales  a referentes opositores.

Todos estos ataques tienen características propias de de “una red no declarada” que baja línea en términos poco amables pero bien claros: quién es el blanco y que método utilizar. Una versión moderna de una organización violenta paraestatal.

Las características comunes de todos los ataques que dejan entrever una lógica propia de redes paraestatales son:
A) Los ataques fueron extendidos en el territorio (ocurrieron en la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano, el interior de la Provincia de Buenos Aires y Santa Cruz) pero muy focalizados en sus blancos.
B) Tuvieron un nivel efectividad operativa solo atribuible a un entrenamiento sistemático: todos los heridos y bienes dañados estaban vinculados a los “objetivos” atacados; los atacantes siempre escaparon. El perfil de todos los objetivos es consistente, y la disponibilidad de movilidad, armamento y cobertura posterior habla una organización o red.
C) Las elección ideológica de las instituciones, y la operativa de los edificios elegidos como blancos construyen una seguidilla de atentados que deben verse en su conjunto y gravedad.
D) Se trata claramente de una irrupción violenta en la política nacional y, debido al ataque a un medio de comunicación y a miembros de Iglesia Católica, con proyección internacional.
E) Tienen un uso controlado de la fuerza, que también indica un modus operandi propio de un grupo de tareas para-policial: el uso de la fuerza siempre fue sorpresivo y los atacados siempre estuvieron indefensos. Así generan miedo en las víctimas de manera muy violenta, pero al mismo tiempo parecen ser acciones de “amedrentamiento”: deja su marca de sangre y fuego para luego escudarse en el anonimato cobarde.
F) Contiene mensajes en dos niveles. En relación a la política, esos grupos –sin duda vinculados ideológicamente a los de Memoria Completa de Cecila Pando– están trabajando intensamente para frenar los juicios de lesa humanidad contra violadores de los derechos humanos durante la úlima dictadura. Y con estos actos están diciéndole al gobierno que están activos y fuertes, y dispuestos por ahora a disparar en dirección de los contrarios.

El crecimiento de la violencia de estos individuos o grupos, a veces organizados, a veces sueltos pero alentados por el clima politico mediático y judicial de persecución a la oposición tiene claramente su manto de protección en la sensación generalizada no sólo de impunidad sino de complicidad desde el estado.

Son la punta del iceberg del temor que se intenta instalar en la población para llevar adelante la brutal transferencia de ingresos de los sectores más vulnerables a los más ricos y concentrados. La violencia genera miedo, pero también genera violencia. Y sobre ese miedo y esa violencia reina el autoritarismo.

No recordamos sólo para que no vuelva a suceder. Recordamos para entender cuál es el camino que lleva a situaciones que no queremos repetir. Este, el que estamos transitando, es uno de ellos.

(MAÑANA LEA: LA COMPLICIDAD DEL GOBIERNO DE MACRI Y DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD EN LOS ATENTADOS POLÍTICOS).

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Gabriela Cerruti

Periodista y escritora. Autora de El Pibe (2010), Vivir bien en la Ciudad (2014) y El Jefe (1993), entre otros. Integró el diario Página/12 y la Revista 3 Puntos, entre otros. Diputada nacional electa por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Unidad Ciudadana).

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