Paula Arraigada | «Podemos marcar un cambio en la Ciudad de Buenos Aires»

Compartir

Un diálogo con Paula Arraigada, la primera candidata trans en la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Peronista sanguínea y con formación actoral, es oriunda de un pequeño pueblo entrerriano donde se enamoró del cine mirando películas en un televisor que, a falta de electricidad, era encendido con la batería de un auto. Fue asesora de Gabriel Fucks y ahora va por su propia banca en la Legislatura porteña. ¿Cómo hizo para convencer a Cristina Fernández sobre la necesidad de impulsar el cupo laboral trans?


Fotos: Zahira Rivero Norte

El centro cultural “La Nelly Omar” tiene forma y corazón de casa. En la habitación principal hay dos fotos grandes, enmarcadas, de la candidata a legisladora Paula Arraigada que retratan su cercanía con la Vicepresidenta Cristina Fernández y el Jefe de Estado Alberto Fernández. Es el único registro partidario de un salón de techos altos, sillones varios, flores naturales que anidan jarros con agua, y paredes cubiertas con imágenes icónicas del cine argentino.

“Salvo Lola Mora, y Niní Marshall, que eran un poco gorilas, el resto son actrices peronistas. Están Evita, Tita Merello, Fanny Navarro, Mecha Ortiz, Zully Moreno, todas fueron proscritas. Ahí hay un recuadro de una gran película de Daniel Tinayre, que se llama Deshonra. Y, claro, está la Coca Sarli”, detalla Paula Arraigada al nombrar los rostros que decoran en clave cinematográfica una casa política situada en el barrio de Parque Chacabuco, a pocas cuadras de la villa conocida como la 1-11-14.

—Si tuvieses que contar tu biografía, ¿dónde estaría situado el primer capítulo?

—Vengo de una casa donde se veía mucho cine argentino, nací en un pueblo muy pequeño de Entre Ríos, Gobernador Echagüe, donde no había electricidad y la televisión recibía energía mediante la batería de un auto. La señal de televisión venía de Rosario, los canales 3 y 5, entonces si llovía mucho, no veíamos nada. Miraba muchas novelas donde participaban grandes estrellas del cine argentino, así me fui familiarizando con los nombres, por eso conozco lo que fue el cine argentino en la década de oro.

Cuando nos mudamos a una ciudad comencé a sentirme discriminada en la mirada de los otros, por eso me recluía en la televisión. Eso hizo que tuviera cierta predisposición con algunas facetas del arte. Por eso, cuando llegué a Buenos Aires empecé a estudiar en la Escuela de Arte Dramático, eran los años finales de los 80. Tiempo después comencé a trabajar en el Teatro del Pueblo. Mientras hacía la carrera de actuación inicié la transición, y después de eso sobrevino la tragedia.

—¿Por qué utilizás esa palabra: tragedia?

—Ser una persona trans en los 90 no era fácil. No en vano somos muy pocas las viejas, era estigmatizante, estaba asociado a lo peor de la sociedad. Me acuerdo que una amiga me dijo «fíjate lo que vas a hacer, porque se te van a cerrar todas las puertas en la actuación». Y era cierto, no había papeles para mí, salvo el de hacer de prostituta. Recuerdo que una vez me convocaron del programa CQC para hacer de prostituta porque iban a filmar una especie de sketch en El Rosedal.

No es que una vivió una historia trágica, lo trágico es que todas vivimos la misma historia. Pero no todas tuvimos las mismas posibilidades, algunas migraron a Europa y encontraron una mejor vida, pero quizás le tocó padecer el exilio.

—¿A vos qué te fortaleció?

—Yo siempre pensé que me iba a morir joven, no había nada que me hiciera ver las cosas de otro modo, pasábamos muchas necesidades. Me acuerdo que una compañera que todavía vive, a la que le dicen la Tía Marilú, había noches que, como no comíamos, nos acercábamos a los asados de los camioneros para poder comer con ellos, y eso habla de la marginalidad en la que vivíamos, y no fue producto de nuestra marginación, sino que en el afuera no hallábamos ninguna continencia. El aparato de salud no nos escuchaba, al contrario, nos estigmatizaba más. Nos era imposible conseguir trabajo.

Yo creo que lo que persistió en mí fue el deseo de vivir, el deseo de que las cosas fueran mejor todos los días. En esos años memoricé una frase que llevé siempre conmigo, es de la obra Doña Rosita, la soltera. En un monólogo el personaje central dice «Pero la esperanza me ronda, me persigue; como un lobo moribundo que apretara sus dientes por última vez». A mí la esperanza siempre me persiguió, y eso es lo que me hizo sobrevivir.

La policía era tremenda, había que bancárselas. Y soportarlas, porque cuando te las hacían a vos, el dolor te lo bancabas igual, pero cuando se lo hacían a otra, y vos no podías hacer nada, el dolor era peor. Nos sostuvo el sentido de la solidaridad, si una no comía, no comía nadie, y si había algo, se repartía.

—¿Sos la primera candidata trans de la historia política argentina?

—No, la primera fue Mariela Muñoz, peronista, en el año 1997. Parte del feminismo no la menciona porque ella luchaba por el derecho a maternar, y esas dos cuestiones, su identidad peronista y su deseo de maternar, no eran toleradas por una parte del feminismo porque interpretaba que Mariela contrarrestaba la campaña de la IVE (Interrupción voluntaria del embarazo). Pero ella está presente en nuestra historia y en nuestra memoria.

—Pero sos la primera candidata trans de las últimas elecciones.

—Soy la primera candidata trans en la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Pero no me gusta mencionarlo porque una legisladora sola no va a poder cambiar nuestra historia, lo nuestro va a cambiar cuando muchas dirigentes trans estén en muchos lugares. Repito, ser la primera candidata trans no es ningún logro, para mí el logro sería ser una de las mejores legisladoras. A ver, la idea no es solo legislar a favor del sector trans, quiero gestionar públicamente a favor de todo nuestro electorado.

Crédito Foto Zahi Rivero Norte

—¿Cómo ves la elección en la Ciudad? ¿La ciudadanía de la capital es mayormente liberal y tolerante con el colectivo trans?

—Yo soy optimista, podemos hacer una muy buena elección para empezar a marcar un cambio en la Ciudad de Buenos Aires. Es la primera vez que comenzamos a ver, creo, un horizonte electoral positivo. Y eso genera muchísima más esperanza en la militancia. También creo que nos debemos un debate interno como espacio político, porque algo debe estar sucediendo para que la gente de la ciudad no nos termine de votar. No me termina de cerrar eso de que la capital es gorila, es cierto que una cantidad de gente nunca nos va a votar, pero creo también que hay otra cantidad de gente menos prejuiciosa y que varía su voto de acuerdo a cada elección. Tenemos que ganar el voto menos ideológico, la construcción de la casa “Nelly Omar” busca precisamente eso con los vecinos, construir un vínculo que no pase por la bajada de línea política.

—¿La esperanza de vida promedio de una persona trans en la Argentina equivale a la de la Edad Media?

—Sí, así es. Nuestro gobierno toma ese dato cuando firma el decreto por el cupo laboral trans y menciona en el proyecto la violencia estructural que padecemos. Somos perseguidas, en definitiva, por defender una cuestión identitaria. Ese promedio de vida incorporó dos atenuantes, uno fue con la Ley de Identidad de Género que ayudó a modificar para bien la conciencia de las compañeras, el otro hecho que nos resultó favorable fue la participación más abierta de nosotras en la política.

El cambio más profundo no lo vamos a llegar a ver nosotras, porque nosotras venimos con todo el bagaje, con la silicona líquida, con el maltrato, y eso hace mella en la construcción de cualquier identidad, pero seguramente sí, las compañeras de un futuro más próximo tendrán una mejor vida, y eso es parte del legado que dejamos.

—¿Cómo mejoró su perspectiva de futuro la ley del cupo laboral trans?

—A ver, comencemos por recordar que la lucha por el cupo trans no fue fácil. En un principio no nos acompañaba nadie. Pero un día sucedió algo y todos los patitos se acomodaron.

—¿A qué hecho te referís?

—Bueno, un día pudimos hablar con Cristina en el Instituto Patria, ella nos escuchó y nos sacamos la foto que tenemos colgada en nuestra casa política. Había acompañado a Gabriel Fucks, que formaba parte de una comisión de legisladores que se iba a entrevistar con Cristina. Yo me fui toda bien vestida, con la ropa que creía adecuada en ese momento, ahora ese saco (se refiere a una prenda llamativa, de cuadros color crema) y ese collar no me los pongo ni que me paguen. Hablar con Cristina no fue fácil, porque primero es Cristina, había que explicarle por qué ella tenía que sacarse esa foto, y ella te preguntaba, y no es lo mismo que te pregunte cualquier persona, a que te pregunte Cristina, le tenía que bajar todo un bagaje de información en pocos minutos.

—¿Y qué le dijiste?

—Ella preguntaba por qué, por qué. En un momento dijo «la que entiende mucho de esto  es mi hija». Ella quería que nos ganemos la foto, y eso a mí me sirvió un montón, hice un gran esfuerzo por sintetizar mi discurso, por explicarle a Cristina por qué era necesario el cupo laboral trans. Luego de la foto con Cristina aparecen las organizaciones partidarias, los sindicatos, y todos dándose cuenta que era necesario militar el cupo laboral trans. La foto, en definitiva, ayudó a que todos abrieran los ojos.

Comentarios

Comentarios

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 19/09/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto