Protesta, represión, detenciones y cacerolazo

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Por 128 votos, el ajuste a los jubilados fue aprobado en la Cámara baja. Fue luego de sesionar durante casi veinte horas, en el medio de una feroz represión durante el día y masivos cacerolazos durante la madrugada. El saldo es de cientos de heridos, sesenta detenidos y una sociedad que castiga a los que menos tienen. Aquí una fotogalería de lo que fue una larga y oscura jornada.

Fotos: Joaquín Salguero

Ayer, miles de personas se congregaron nuevamente en el Congreso Nacional y alrededores para rechazar la reforma previsional que el macrismo finalmente logró imponer.

Durante la madrugada de ayer, miles de personas salieron de sus casas para expresar su repudio a la reforma previsional que el Congreso Nacional trataba desde hacía más de ocho horas. Los cacerolazos comenzaron en balcones, continuaron en las esquinas porteñas centrales y confluyeron en una marea de gente que se manifestó frente al Congreso y la Casa Rosada. El movimiento se extendió a la provincia de Buenos Aires y hacia distintos puntos del país.

El cacerolazo estalló luego de una nueva jornada represiva en la que los manifestantes fueron salvajemente oprimidos. Habían concentrado diversas centrales sindicales, agrupaciones políticas y  jóvenes y jubilados que marchaban en forma individual contra la embestida legislativa.

El Congreso Nacional se encontraba nuevamente vallado. Desde la calle Montevideo hacia adelante sólo podían verse fuerzas de seguridad. En el espacio disponible en la plaza, Avenida de Mayo, Rivadavia y alrededores la gente se congregaba.

El operativo que vendría después fue comandado por la Policía Federal y la Policía de la Ciudad, ya que la justicia había ordenado desplazar a la Gendarmería y evitar las balas de goma. Sin embargo, la cacería se volvió a desatar. Las imágenes capturaron a policías atropellando jubilados, tirando gas pimienta a mayores de edad y hasta reteniendo a una persona debajo de una moto.

Hubo choques con los partidos de izquierda y con cientos de jóvenes que comenzaron a lanzar piedras para defenderse del gas que les imposibilitaba respirar. Incluso quienes habían intentado refugiarse en el subte sufrieron la asfixia de recibir gas lacrimógeno en los andenes.

El saldo fue de una cantidad incontrolable de heridos y de alrededor de sesenta detenidos, entre los que se encontraron dirigentes sindicales, trabajadores de prensa y un menor de edad. Todos ellos fueron distribuidos entre las comisarías 4, 5, 6, 13, 15 y 30, colapsadas por la cacería.

Carlos Artacho, integrante del gremio FOETRA (sindicato de comunicaciones), fue uno detenidos que se encontró durante casi cuatro horas con la mandíbula rota, sangrando y sin recibir atención médica.

Las detenciones se realizaron durante y después de la manifestación, en las calles centrales y en alrededores, en la mayoría de los casos sin motivo aparente: «Vi corridas como nunca había visto. Constaté detenciones durante la movilización. La mayoría de las personas que pude entrevistar, estaban caminando o intentando refugiarse, algunos fueron sorprendidos por la espalda sin siquiera llegar a ver quién los detenía”, relató la abogada Elizabeth Gómez Alcorta al diario Página/12.

Mientras tanto, en el Congreso Nacional el oficialismo había conseguido el quorum como resultado del apriete a los diversos gobernadores que finalmente evitaron la conferencia de prensa prometida. Con una oposición que denunció la represión y el descontento popular ante una de las reformas que el macrismo quiere imponer como parte del ajuste, la ley se votó durante más de dieciocho horas y finalmente esta mañana, a las 7:15, se aprobó por 128 a 116.

 

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