Sí, se puede

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En medio de una Europa dividida, España va a elecciones con una alianza de izquierda con chances de ser gobierno. La fórmula de Podemos, el partido surgido de las manifestaciones de los indignados en 2011, e Izquierda Unida se ubica segunda en los sondeos. Compite el gobernante Partido Popular, jaqueado por casos de corrupción. En el medio, el PSOE, el más perjudicado con el fin del bipartidismo pero que puede definir la elección.

En la política no hay imposibles. Podemos, el partido surgido de un grupo de académicos españoles que interpretaron las manifestaciones de los indignados en 2011 como el principio del fin del bipartidismo en su país, está muy cerca de demostrarlo. A poco más de dos años de su conformación, la fuerza política liderada por el doctor en Ciencias Políticas Pablo Iglesias ha logrado ubicarse segunda en todos los sondeos preelectorales gracias a su alianza con Izquierda Unida (IU) y podría liderar el próximo gobierno en caso de confirmarse las tendencias y de no encontrar un bloqueo de parte del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El gobernante Partido Popular (PP), jaqueado por resonantes e interminables escándalos de corrupción, apuesta al conservadurismo del avejentado padrón electoral y a sumar los votos de los jóvenes liberales.

Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno de España, parece inconmovible. Triunfante o derrotado tiene el mismo inexpresivo semblante que hoy en día ha dejado de ser una cualidad personal para representar al sistema político completo que ha gobernado a España desde el fin del franquismo.

Por más que haya cerrado su campaña en El Hormiguero, el programa cómico de mayor popularidad en el país, se sabe que por dentro está preocupado.

Sucede que justamente el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, fue el último de sus funcionarios vinculados a un escándalo de corrupción y escogió el programa de del humorista Pablo Motos para asegurar que el integrante de su gabinete no renunciará a pesar del audio difundido el último martes que lo exhibe exigiendo al jefe de la Oficina Antifraude de Catalunya, Daniel de Alfonso, que genere expedientes contra los referentes de dos partidos pro-independentistas en el marco de la Consulta Popular de noviembre de 2014 sobre el futuro de la región. Rajoy sugirió que hubo traición interna en la grabación pero nada dijo sobre la gravedad de los hechos que estarían probados allí.

Casualmente el cuestionado Fernández Diaz, miembro supernumerario del Opus Dei, elige como espacio de meditación el Valle de los Caídos, monumento creado por el dictador Francisco Franco adonde este se encuentra enterrado junto a casi 34 mil combatientes de la Guerra Civil. Adicionalmente De Alfonso, su aliado de la Oficina Antifraude catalana, viéndose acorralado, prendió el ventilador el jueves y acusó a Albert Rivera, principal referente de Ciudadanos (la fuerza política surgida como némesis de Podemos a la que el PP apuesta para sumar votos y mantenerse en el gobierno) de pedirle que “le diera algo” contra sus oponentes.

Que no nos representan

El PP recuperó el poder en 2011 tras ocho años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero del PSOE. Se valió para eso del fuerte descrédito que había acumulado el partido de centro izquierda opositor tras la profunda crisis económica internacional que tuvo como correlato en el país la explosión de la burbuja inmobiliaria y el aumento del desempleo. Los indignados coparon las plazas el 15 de mayo de ese año y expresaron su disgusto por la falta de representación política, pero el mensaje no alcanzó a digerirse en seis meses y la tradición de alternancia le dio una vida más al bipartidismo en las elecciones generales de noviembre.

Rajoy, que llegó al gobierno con un 44% de los votos y mayoría absoluta parlamentaria, hizo oídos sordos al reclamo y planteó un gobierno liberal a tono con las exigencias fiscales de la Unión Europea. Relegó de esta forma los reclamos de los sectores más damnificados por las inequidades del sistema y continuó desarmando el entrañable Estado de Bienestar que marcó la calidad de vida de los ibéricos. Confió en que el mercado tarde o temprano equilibraría las cosas pero eso nunca llegó y, en cambio, aumentaron el desempleo y los desahucios (desalojos por falta de pago de la hipoteca),

además de que comenzaron a difundirse numerosos hechos de corrupción, como el Caso Bárcenas que develó los sobresueldos en negro pagados por el PP a los cargos más altos del partido.

Irónicamente, aquel reclamo de 2011 que permitió al PP volver al poder tras dos períodos, es el mismo que amenaza hoy con desplazarlo. Su estrategia para evitarlo consiste desde hace dos años en advertir la inexperiencia de sus rivales y sus vínculos con gobiernos populares en América Latina (principalmente Venezuela, pero también Ecuador o Argentina) o con formaciones políticas de izquierda en Europa con resultados cuestionables para los votantes que se entusiasmaron en su momento con ellos (como es el caso de Syriza en Grecia).

Sí, se puede

El primero en usar esa frase durante una campaña electoral fue Barack Obama en Estados Unidos en 2008. Su eficacia política contribuyó a que el gigante norteamericano tuviera por primera vez en la historia un presidente negro. Podemos tomó nota de la estrategia comunicacional y planteó su primera campaña en los mismos términos. Viniendo desde abajo y con apenas cuatro meses de vida la formación logró cinco escaños en las elecciones al parlamento europeo de mayo de 2014. Empezaba una gran construcción política.

A pesar del intento de descrédito impulsado por los dos grandes partidos y los medios masivos de comunicación, las elecciones autonómicas y municipales de junio de 2015 mostraron un nuevo signo de crecimiento para la novel formación alcanzando la alcaldía de las dos principales ciudades del país: Barcelona y Madrid. Parecía que la nafta se les acababa en diciembre, cuando debían enfrentar sus primeras elecciones generales, pero a pesar de las encuestas previas, Podemos obtuvo el 20,7% de los votos y quedó a poco más de un punto del PSOE.

La pareja distribución de bancas y la reticencia a ceder terreno impidió la realización de pactos entre las distintas fuerzas con representación parlamentaria y en mayo último se decidió la convocatoria a unas nuevas elecciones este domingo 26 de junio. Los cinco meses de infructuosas negociaciones generaron tirria en la población española  que comenzó a hacer sus propias cuentas y alertó a los estrategas de los partidos políticos.

Podemos e Izquierda Unida (IU) decidieron dejar de lado sus diferencias y acordaron una alianza que, según todas las encuestas, dará mejor resultado que la suma de sus votos de diciembre (24,4%) y les permitirá al menos superar al PSOE y meterse entre los dos primeros en los comicios del domingo.

Dado ese escenario, podrían quedar en condiciones de negociar una alianza con la fuerza en retirada para llegar a la presidencia del  Gobierno e instaurar por primera vez en la historia un gobierno por fuera de los partidos tradicionales del centro político español.

El dilema, señalan en el entorno de Podemos, es la posición del PSOE: ¿Pactará con el PP en defensa del bipartidismo a riesgo de profundizar una crisis de representación que los lleve al abismo como sucedió en Grecia con el PASOK (partido socialdemócrata gobernante en 2012 que tras la crisis del país apenas orilló el 6% de los votos en los últimos comicios) o aceptará asumir un rol secundario en un gobierno de izquierdas liderado por un profesor universitario contestatario? Si esto último sucede será el principio de muchas preguntas para Europa, aun golpeada por la bofetada británica, y para el resto de la comunidad internacional que comenzará a mirarlos con recelo.

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