Trump y un final digno de aprendiz 

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El artículo que acusa a Trump de incitación a la violencia contra el gobierno de Estados Unidos fue aprobado en la Cámara Baja por 232 votos a favor y 197 en contra. El objetivo de destituir a un presidente saliente no es quitarle el poder en el par de días que le quedan de mandato, sino garantizar que no pueda ocupar ningún cargo federal en el futuro.

El magnate que llegó a la fama conduciendo un reality showEl Aprendiz– donde su función principal era la de despedir a quienes no estaban calificados para un puesto de trabajo, este es Donald Trump. Es el presidente más mediático de la historia de los Estados Unidos, no solo por sus orígenes, sino también, y sobre todo, por su manera poco ortodoxa de conducir la mayor democracia del mundo: vía Twitter. Sus últimos días en la Casa Blanca brindan un final emocionante a la trama política de este país que vive una crisis sin precedentes, además de ubicarlo en un lugar singular de la historia como el único mandatario llevado dos veces a juicio político. 

«La amenaza del presidente a Estados Unidos es urgente, y también lo será nuestra acción», así Nancy Pelosi, la demócrata líder de la Cámara de Representantes, introdujo el humor con que vendría a impulsar por segunda vez la votación por el impeachment (juicio político) de Donald Trump tras la toma del Capitolio por sus seguidores la semana pasada.  

El último miércoles, el artículo que acusa al presidente de incitación a la violencia contra el gobierno de Estados Unidos fue aprobado en la Cámara Baja por 232 votos a favor y 197 en contra. Además, diez republicanos votaron a favor de acusar a Trump, un récord de colegas del partido del presidente imputado. 

Asimismo, el texto votado con prisa ayer remarca «las repetidas oportunidades en que falsamente reclamó su victoria en las elecciones». Sigue diciendo que los miembros del recinto consideran que Trump alentó a sus seguidores a que se dirigieran al Capitolio para respaldar a los senadores que votarían en contra del reconocimiento del resultado final de las elecciones presidenciales, en un discurso hecho horas antes. Acto que previsiblemente resultó en «las acciones que ocurrieron en la sede del Congreso»

Trump pasó por su primer impeachment a fines de 2019, en una decisión basada en la supuesta vulneración de la Constitución en la que habría incurrido tras la llamada telefónica al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, solicitando investigar a Joe Biden, quien entonces era precandidato presidencial por el Partido Demócrata. La votación en el Senado se dio en febrero de 2020 y fue desestimada, ya que quien tenía y sigue teniendo el control son sus compañeros republicanos.

El actual presidente es el único en ser juzgado durante su primer mandato, ya que Andrew Johnson, destituido en 1868, y Bill Clinton, en 1998, iban por su segundo período. Sin olvidar a Richard Nixon, quien renunció en 1974 antes de que el impeachment fuera presentado.

El dilema del Senado 

Con el Senado en receso hasta, al menos, el 19 de enero -un día antes del acto de traspaso de poder-, la votación del juicio político a Trump quedaría para ser ejecutada ya bajo el mandato de Joe Biden y Kamala Harris. En ese sentido, el líder de la Casa, el senador republicano Mitch McConnell, ya dijo que no pretende retomar las actividades antes de lo previsto. 

Sin embargo, para los integrantes de su partido se conforma un verdadero dilema, puesto que en caso de que no se adelante la votación, ellos tendrían más chances de frenar el impeachment. Esto es así porque el 20 asumen también los dos senadores demócratas electos en Georgia, Raphael Warnock y Jon Ossoff, dejándolos en condición de mayoría y prácticamente garantizando la condena de Trump. 

La otra alternativa que tienen los republicanos es dejar que la votación se haga luego del 20, arriesgando que su principal figura hoy quede inhabilitada para volver a presentarse a elecciones. Esta podría ser una opción saludable para un partido que se encuentra hoy fraccionado entre el ala de los que siguen apoyando las decisiones de Trump y aquellos que tomarán los hechos del Capitolio como un «hasta acá llegamos». 

Teniendo en cuenta que la mayoría de los senadores republicanos votó por no reconocer el resultado de las elecciones aún después de la toma del Capitolio de la semana pasada, lo más probable es que ahora esa misma mayoría se oponga al impeachment

«No hay que olvidarse de que los republicanos empiezan a sentirse derrotados frente a los demócratas, por un lado, y por otro, esa figura de Trump para ellos ha sido representativa durante esos cuatro años, y para muchos hasta el 6 de enero», pondera el ex diplomático de las Naciones Unidas y actual analista internacional residente en Nueva york, Roberto Quesada. «Quizás ellos prefieren que la solución, o lo que se vaya a hacer en contra de esos actos criminales encabezados por Trump, se haga después del 20», concluye. 

 

De Buffalo Bill a Trump

El último acto 

Expulsado de Twitter, su principal vehículo de comunicación pública, y bloqueado en otras redes sociales, Trump se vio obligado a utilizar el canal oficial de la Casa Blanca para hacer un pronunciamiento minutos después de que saliera el veredicto de su impeachment. En un corto video condenó las escenas de violencia vistas en el Capitolio. 

Sobre el juicio político habló el martes ante un grupo de periodistas. En su primera aparición pública desde el 6, lo calificó como la más grande «cacería de brujas» de la historia política. El presidente dijo también que el discurso hecho a sus seguidores minutos antes de la toma del Capitolio, fue «totalmente apropiado» y que responsabilizarlo por la insurrección es «absolutamente ridículo, que solo genera rabia y un gran riesgo al país». 

Antecedente 

El fin de semana previo a la insurrección en el Capitolio que terminó con 5 víctimas salió a la luz una llamada telefónica de Trump al Secretario de Estado republicano Georgia, Brad Raffensperger. En ella, el presidente le pedía que tratara de «encontrar» los votos suficientes para dar vuelta al resultado obtenido, amenazándolo por si no atendía a su pedido.  

Para un grupo de representantes demócratas esto ya representa un precedente suficiente para accionar un nuevo procesamiento en contra del presidente, pero no hubo tiempo, ya que lo que siguió dejó esta denuncia completamente eclipsada. 

El objetivo de destituir a un presidente saliente no es quitarle el poder en el par de días que le quedan de mandato, sino garantizar que no pueda ocupar ningún cargo federal en el futuro.

El intento previo de activar la 25a Enmienda 

Antes de partir para el impeachment, la cámara baja estadounidense aprobó el martes por la noche una resolución para solicitar que el vicepresidente Mike Pence activara la Enmienda 25 de la Constitución. El agregado legal le brinda al vicepresidente el poder de pedir la inhabilitación del mandatario en ejercicio, una vez que sea considerado deshonesto o incapacitado para el puesto. 

Esta Enmienda fue incluida en la Constitución Estadounidense luego del asesinato de John F. Kennedy, una vez que su antecesor Dwight Eisenhower había sufrido una serie de paros cardíacos que lo inhabilitaron para ejercer su cargo. Hasta la fecha no había una regla clara respecto a la sucesión en casos  de contingencia. Al final, terminó llegando a un acuerdo con el vicepresidente Richard Nixon para el traspaso de poder. 

Para que esto ocurra, es necesario que la decisión sea tomada junto al gabinete presidencial. En 1981, Reagan estuvo a punto de sufrir las consecuencias de la 25a enmienda tras ser baleado, pero el proceso no se llevó a cabo. 

La responsabilización a Trump por los episodios de violencia en el Capitolio casi lo posicionaron en el lugar del primer y único presidente al cual se le aplicó la enmienda.

Sin embargo, ayer, Mike Pence, quien se reunió con Trump el martes, dejó claro que no aceptaría la solicitud de la Cámara de Representantes, diciendo que no «accedería a los juegos políticos». 

«Pence le debe cierta lealtad a Trump, porque lo ha apoyado en todo, ha sido su otro yo en muchas oportunidades, pese a los desmadres que ha hecho Trump. Por otro lado, hay que recordar que Pence lo conoce de cerca y no es de admirar que le tenga miedo», evalúa Roberto Quesada.  

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