Un Duque con olor a café y pólvora para Colombia

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Iván Duque es el nuevo presidente de Colombia. Con el partido Centro Democrático, una fuerza conservadora y tradicional, obtuvo casi el 55% de los votos. A pesar de haber perdido, su oponente, Gustavo Petro, referente de la coalición de izquierda Colombia Humana, creció más en votos que el entrante Jefe de Estado en el segundo tramo electoral. Ese hecho, más el aumento del voto en blanco y de la abstención, evidencian  un triunfo débil que tendrá un fuerte eco regional. El nuevo mandatario promete revisar los acuerdos de paz firmados con las FARC y revitalizar a su país como base de operaciones de la estrategia injerecista del Comando Sur.  A corto plazo, se vislumbra el establecimiento de un corredor Buenos Aires–Bogotá en temas de seguridad y defensa.

El triunfo presidencial del candidato Iván Duque tiene aroma a café y pólvora. Su victoria se asentó principalmente en los departamentos troncales del país, donde su ubica el llamado eje cafetero. Tierras providentes en uno de los bienes exportables más importantes de Colombia; una riqueza natural en manos de pocos, latifundistas nada proclives al cambio, y menos propensos a introducir derechos sociales a favor de los jornaleros que trabajan el grano de café. En esas mismas provincias también había triunfado, sorprendentemente, el No en el plebiscito donde la ciudadanía sentó posición en torno al proceso de diálogo del Palacio Nariño con la guerrilla de las FARC.

Esa negativa de la opinión pública fue el primer paso de una serie de hitos electorales, como el buen desempeño conseguido por el Centro Democrático en la reciente compulsa legislativa, con los que el uribismo fue reconstruyendo su cetro como primer minoría representativa de Colombia. En ese momento, el sorprendente y ajustado rechazo de los colombianos al proceso de paz delineó una grieta que contraponía la postura belicosa del ex presidente Álvaro Uribe -promotor del denominado Plan Colombia, una hoja de ruta antiinsurgente y antinarcótica auspiciada en dólares y bajada de línea por el Pentágono estadounidense- contra el resto de las partidos políticos colombianos.

Con el calendario electoral presidencial en ciernes, Uribe tuvo que acelerar la decisión de a quién dejarle su legado y, viejo zorro de la política, el hombre de probados vínculos con el paramilitarismo tuvo la sagaz visión de colocar un vino nuevo, el espíritu joven del Senador cuarentón Iván Duque, en el odre viejo de la anquilosada maquinaria conservadora colombiana.

El uribismo logró en sus años de oro posicionar a Bogotá como el portaaviones predilecto del Comando Sur en la región. Un tiempo después, ese puente de entendimiento fue desplegado por el gobierno argentino a partir de la profusa gestión de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich golpeando las puertas del Pentágono estadounidense. Así llegó el anuncio de la instalación de una Task Force de la DEA en Posadas, el pronto emplazamiento de una base de ayuda humanitaria de los EE.UU. en Neuquén. Evidentemente, el poco atractivo que representa Sudamérica en términos comerciales para la Administración Trump, tiene su contraparte en las posibilidades que le ofrece el Cono Sur al Pentágono como base de operaciones antinarcóticas, antiterroristas y, en caso de retrotraerse los acuerdos de paz alcanzado con la guerrilla del ex comandante Timochenko, también como nodo antiinsurgente. Por ese motivo, el triunfo de Duque, cuya narrativa y mirada del mundo como de la economía es el espejo colombiano donde Cambiemos más se siente representado, tiene olor a café y pólvora. También a revancha.

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Duque para principiantes

¿Quién es Iván Duque? ¿Qué sabemos del hombre que reemplazará a Juan Manuel Santos en la presidencia colombiana? Como datos biográficos más relevantes podría señalarse que el entrante mandatario pertenece a una familia de linaje político y que su formación académica, principalmente en economía y diseño de políticas públicas, se dio en los Estados Unidos. País donde trabajó en las oficinas del Banco Interamericano de Desarrollo, una banca multilateral que suele apalancar en la región proyectos de infraestructura pensados para reforzar tanto la exploración como explotación y exportación de recursos naturales como el petróleo, la megaminería o la agroindustria.

Como datos de color podría apuntarse que el niño Duque era un aprendiz de mago y que jugaba a hacer muñequitos. No, replicas de súper héroes, más bien miniaturas de las caciques más fuertes en la casta política local. Al parecer, ni siquiera de pequeño, Duque tuvo apetencias de modificar el status quo.

Desde chiquito sus juegos eran con personajes políticos. A los muñequitos les ponía nombres de políticos, les hacía voces de políticos’, recuerda doña Juliana (por su mamá). Incluso su amigo y gerente de la campaña, Luis Guillermo Echeverri, asegura que ‘Iván se ha preparado toda la vida para ser Presidente’. Desde que Iván Duque era un niño, su papá y su mamá eran muy amigos de la familia de Fabio Echeverri y del expresidente Álvaro Uribe y su esposa. Su papá, que fue ministro de Minas y Registrador Nacional, era su referente y su consejero político. Por eso, uno de los grandes golpes emocionales para Iván Duque fue la muerte de su padre, el 3 de julio del 2016, justo cuando él comenzaba su carrera política como senador del Centro Democrático”, perfila la periodista Marisol Gómez Giraldo en un artículo biográfico del nuevo presidente colombiano publicado días atrás en el influyente diario bogotano El Tiempo.

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Reforma impositiva

Uno de los ejes donde se asentó el supuesto cambio programático que introduciría Duque en el Palacio Nariño es el capítulo tributario. El delfín del ex presidente Álvaro Uribe prometió que los colombianos y colombianas pagarían menos impuestos. “Los empresarios saben que vale la pena invertir. Pero, para eso necesitan que se reduzcan las cargas impositivas y contributivas excesivas”, aseguró el ex Senador en una tónica notoriamente libremercadista. Para compensar el jubileo tributario para las grandes empresas, Duque propuso establecer una feria de seis días al año con respecto al cobro del IVA. Esa pequeña amnistía en la recaudación permitiría, según él, que “los comerciantes liquiden inventarios y que los compradores accedan a productos de la canasta básica con precios menores”.

En diálogo con Nuestras Voces, Enrique Daza, investigador del colectivo Justicia Tributaria, estima como demagógica y poco lesiva de los intereses concentrados la propuesta fiscal del nuevo presidente colombiano. “En general, la elite política colombiana considera que las inversiones extranjeras requieren de prerrogativas fiscales. Desde Justicia Tributaria hemos participado de un documento de análisis cuyos números son concluyentes. En los últimos años, de cada peso recibido por el Estado colombiano por parte del sector minero, los distintos holdings que participan de la actividad han recibido cinco pesos vía deducciones fiscales implementadas por el gobierno. En consecuencia, los ciudadanos, y el Estado claro, termina subsidiando, vía devolución de regalías o devolución del IVA, una actividad lesiva del medio ambiente y que tiende a generar un patrón monoeconómico. En total, hemos contabilizado unos cuarenta beneficios impositivos otorgados al sector minero”, advierte Daza.

Por último, Iván Duque ya advirtió que el primer paso fuerte de su gestión se adentrará en revisar el llamado proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Un diálogo multiactoral, por la participación de organizaciones de la sociedad civil, que contó con el auspició diplomático de gobiernos de distinto perfil ideológico y comercial: Chile, Noruega, Brasil, Cuba, Venezuela, El Vaticano gracias a la intervención del Papa Francisco, y los Estados Unidos durante la administración de Barack Obama. Es decir, ese entendimiento tuvo un apoyo variopinto porque, por izquierda, el club bolivariano entendió y entiende que no hay margen de acción para la vía insurgente y, desde un punto de vista más pragmático, porque una Colombia pacificada puede dejar lugar a más actividad económica en zonas del interior donde la inversión externa nunca quiso hacer pie por temor a colisionar tanto con el paramilitarismo como con el poder de fuego de las FARC.

Evidentemente, el próximo presidente colombiano Iván Duque, de connotados valores conservadores en la agenda civil y de ímpetu aperturista en lo comercial, estará cruzado en su agenda de gobierno por esos dos vectores: el modernizador, que buscará más libre comercio, y el arcaico, temeroso de la paz y los pequeños cambios. Pero, de fondo, habrá una sola sombra opacando el interior del Palacio Ejecutivo. Porque ayer ganó Iván Duque, pero Álvaro Uribe también.

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Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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