Un nazi le hace la Barra al aborto clandestino

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Rodolfo Barra, el ex ministro de Justicia y ex juez de la Corte Suprema durante el gobierno de Carlos Menem expuso en el Senado su postura a favor del aborto clandestino. Dijo que “técnicamente, la legalización del aborto es una acción de mortandad serial”. Su posición a favor de la vida “desde la concepción” choca con su militancia juvenil en una organización nazifascista y su pasado como funcionario de la UBA en épocas de la Triple A y la dictadura cívico militar.

Como ocurrió hace dos años, durante el debate en el Senado del Proyecto de Ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) apareció en escena Rodolfo Carlos Barra, el ex juez de la Corte Suprema, ex ministro de Justicia de Carlos Menem y militante juvenil de la banda nazifascista Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES), una organización política ligada al Movimiento Nacionalista Tacuara. “Técnicamente, la legalización del aborto no es un genocidio, pero sí es una acción de mortandad serial”, aseguró Barra durante el último plenario de discusión en el Senado y consideró que la IVE se contrapone con los tratados a los que Argentina adhirió, como la Convención de los Derechos del Niño.

El ex ministro menemista detalló que antes de debatir la cuestión jurídica del aborto habría que “estar seguros de si es niño o niña” el embrión en gestación, y sentenció: “Desde la concepción hay vida humana”.

 

Contraofensiva celeste

 

Un pasado que condena

En junio de 1996, una investigación de la revista Noticias reveló que el ministro de Justicia menemista tuvo un pasado en la organización de ultraderecha Tacuara: “Si tuve un pasado nazi, me arrepiento”, atinó a justificarse Barra. También esbozó una tibia defensa: “Se aprovecharon de mi idealismo juvenil para orientarlo a posiciones extremas”.

Las organizaciones judías Bet-El Emanu-El, Memoria Activa, Sociedad Hebraica Argentina y la Fundación Memoria del Holocausto reclamaron la renuncia del ministro Barra mientras que la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), la organización judía más importante del país, dirigida por el entonces influyente Rubén Beraja, se excusó y expresó que a esa entidad “no le corresponde pedir renuncias”.

Desde Estados Unidos, en un claro apoyo a Barra, Rubén Beraja advirtió que si se realizara una investigación del pasado de muchos políticos argentinos se encontrarían “sorpresas más filosas que la de Barra”.

Beraja, de estrecha relación con el presidente Menem, forzó una declaración donde la DAIA aceptaba las explicaciones del ex juez de la Corte Suprema y ministro de Justicia, aunque “veía con grave preocupación que quienes sostienen posturas antisemitas sean designados para ocupar la función pública”.

Siempre se sospechó que fue el súper ministro menemista Domingo Felipe Cavallo quien reveló el pasado nazi de Rodolfo Barra en venganza porque su par de Justicia había acusado al cordobés y al secretario de Legal y Técnica, Horacio Liendo, de ser nostálgicos de la pasada dictadura cívico militar, recordando el tránsito de ambos como funcionarios del gobierno genocida que condujo la Argentina entre 1976 y 1983.

Lo que sí es público es que Cavallo le dio en la línea de flotación a la supervivencia de Rodolfo Barra en el Ministerio de Justicia cuando le enrostró su responsabilidad política porque los atentados terroristas de marzo de 1992 contra la Embajada de Israel y de julio de 1994 contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) aún estaban impunes.

Días después de la publicación de Noticias, en julio de 1996, asumió en su reemplazo Elías Jassán, quien era Secretario de Justicia desde 1992, un riojano íntimo de Menem, hincha de River como el Presidente y militante liberal.

En 1997, un año después de su salida del Ministerio de Justicia, Carlos Menem nombró por decreto a Rodolfo Barra como funcionario nacional “para abogar por el derecho a la vida, desde la concepción”, y esa militancia a favor del aborto clandestino la sigue manteniendo veintitrés años después.

 

Con dictamen de mayoría el aborto se trata el 29 en el Senado

 

Una concepción muy particular de la justicia

Hombre muy ligado a la Iglesia Católica y a la derecha peronista, Rodolfo Carlos Barra llegó al Gobierno de Carlos Menem –un caudillo riojano que con sus patillas emulaba a Facundo Quiroga y prometía Salariazo y Revolución Productiva– para ofrecer una identidad academicista y porteña. Asumió en julio de 1989 como viceministro de Obras Públicas, durante el mayor proceso privatizador del país, obra a cargo del ministro Roberto Dromi. En 1990 el Presidente lo designó juez de la Corte Suprema de Justicia, cargo que ocupó hasta diciembre de 1993, fallando siempre a favor de los intereses de la Casa Rosada. Horacio Verbitsky reiteradamente llamó al máximo tribunal como “la Corte de la mayoría automática”, incluso le dedicó el libro Hacer la Corte, publicado en 1993.

La salida de Barra de la Corte fue un gesto de Menem con la UCR de Raúl Alfonsín para firmar el Pacto de Olivos que permitió la Reforma de la Constitución de 1994. En su reemplazo llegó Guillermo López.

Ya como ministro de Justicia, cargo asumido en junio de 1994, Rodolfo Barra intentó, sin suerte, modificar el Código Procesal Civil, y su paso será recordado por la construcción de varias cárceles federales y por ser el autor intelectual de la Ley Mordaza, un proyecto de ley que aumentaba las penas de prisión contra los periodistas críticos de los funcionarios de turno.

La pelea subterránea con Cavallo fue su sentencia para ser eyectado del Gobierno apenas dos años después de haber sido nombrado ministro de Justicia. Su renuncia por su pasado nazi reveló además que, en 1974, en pleno auge de la organización ultraderechista Triple A creada por José López Rega, el joven abogado Rodolfo Barra –recibido en la Universidad Católica Argentina (UCA) en 1970- fue designado delegado interventor de la Escuela de Servicio Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por el rector interventor Alberto Ottalagano, un reconocido militante fascista y de la ultraderecha católica.

Amparado en la Ley Universitaria, durante los 100 días de intervención de Ottalagano en la UBA -militante juvenil en Tacuara como Barra- se desató una política de cupos, ingreso restricto de los estudiantes y una feroz persecución a alumnos, docentes y no docentes. Los decanatos de las distintas facultades de la UBA quedaron en manos de activos militantes ultracatólicos y se militarizaron los predios de la institución con policías y gendarmes. En pleno gobierno democrático, bajo la conducción de la UBA por parte de Ottalagano fueron asesinados 11 estudiantes y cuatro resultaron secuestrados y desaparecidos.

Tras la intervención de Ottalagano, Rodolfo Barra siguió al frente de la Escuela de Servicio Social durante cuatro años más, hasta 1977, en plena dictadura cívico militar. También en dictadura, ya convertido en abogado de grandes grupos económicos, Barra operó a favor de “la patria contratista” que vació las arcas del Estado.

En julio de 2018, cuando se debatió en el Congreso el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el ex militante nazi escribió una columna en Infobae y luego la reprodujo en su página web oficial, en ella podemos leer: Pensemos en la Alemania nazi: Hitler nunca fingió ser indiferente, y sin duda no lo era, con respecto a la negación del respeto y protección de la vida de los miembros de determinados grupos raciales, y esta fue la conducta constitucionalmente más determinante de la sociedad alemana de la época. También ahora, es constitucionalmente determinante en el mundo occidental, envejecido y egoísta, la cultura del descarte, que incluye el aborto, ya sea discrecional o eugenésico (aborto por enfermedades del por nacer)”. Como se ve, Rodolfo Barra, el militante juvenil del nazismo, siempre tiene a mano a Adolf Hitler para citarlo.

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