Vacunas para la Covid-19: la próxima generación

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Mientras que las vacunas contra el coronavirus se producen y distribuyen lentamente a lo largo del mundo, empresas e institutos científicos ya piensan y planifican el desarrollo de vacunas futuras: refuerzos contra nuevas variantes, vacunas combinadas y hasta una vacuna universal contra todos los coronavirus.

Fue histórico. Quizás ahora, en medio del caos global por la producción y distribución a cuentagotas de dosis, lo olvidamos pero el desarrollo en menos de un año de una vacuna segura y efectiva contra un virus desconocido constituye uno de los logros científicos más notables de los tiempos modernos.

La pandemia de Covid-19 puso a prueba a la ciencia como nunca antes y su respuesta –sustentada en décadas de investigaciones precedentes– ha sido uno de los aspectos más esperanzadores de la crisis sanitaria.

A semanas de que los científicos chinos compartieran con el mundo en enero pasado información de un por entonces nuevo y preocupante virus, su secuencia genética se convirtió en la piedra angular de las vacunas que hoy están aterrizando en los hombros de millones de personas, en muchos casos luego de atravesar océanos y continentes enteros.

Unos 248 días después de que comenzaran los ensayos clínicos en humanos, el Reino Unido autorizó el miércoles 2 de diciembre el uso de emergencia de la primera vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 de la pequeña empresa alemana BioNTech en colaboración con el gigante estadounidense Pfizer. No fue, como muchos piensan, el fin de la «carrera por la vacuna». Fue, más bien, la primera vuelta. Porque, si bien desde entonces se han aprobado otras diez vacunas basadas en diversos enfoques, los laboratorios del mundo ya están trabajando en la próxima generación de estos medicamentos, las armas más efectivas que tenemos contra las enfermedades infecciosas.

El coronavirus llegó para quedarse. La mayoría de los científicos creen que es improbable que se logre eliminar por completo al SARS-CoV-2. “Erradicar este virus del mundo ahora mismo es muy parecido a tratar de planificar la construcción de un trampolín hacia la Luna –afirma Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota–. No es realista”.

“Erradicar este virus del mundo ahora mismo es muy parecido a tratar de planificar la construcción de un trampolín hacia la Luna. No es realista”, afirma Michael Osterholm, epidemiólogo de la Universidad de Minnesota.

Inmunólogos, investigadores de enfermedades infecciosas y virólogos, más bien, piensan que se volverá endémico, lo que significa que este patógeno continuará circulando en las poblaciones durante los próximos años, como ya lo hacen los cuatro coronavirus estacionales endémicos –conocidos como OC43, 229E, NL63 y HKU1– que causan una parte de los resfriados comunes cada año. Es decir, la transmisión generalizada del virus podría ser reemplazada por brotes más esporádicos y localizados. Y quizás menos severos.

Con este futuro cargado de incertidumbre en el horizonte, las vacunas actuales deberán ser eventualmente actualizadas para hacer frente a las nuevas mutaciones o variantes, como la B.1.1.7 (identificada por primera vez en el Reino Unido), el linaje P.1 (detectado en Brasil) y la B.1.351 (encontrada en Sudáfrica), que vuelven al virus más transmisible y lo hacen capaz de evadir la inmunidad humana.

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El coronavirus, que ya ha matado a 2,65 millones de personas en todo el mundo desde que se lo identificó en China a fines de 2019, muta una vez cada dos semanas, más lento que el virus de la gripe o el VIH, pero lo suficiente como para requerir ajustes en las vacunas.

Mientras expanden sus productos a grupos hasta ahora no contemplados –Pfizer, por ejemplo, acaba de anunciar que su vacuna es segura y eficaz en adolescentes de 12 a 15 años–, las empresas farmacéuticas pronostican que los ya vacunados requerirán la aplicación de una tercera dosis de refuerzo. Quizás el año próximo. “La inmunidad al coronavirus no dura para siempre”, dice la microbióloga británica Sharon Peacock, que dirige COVID-19 Genomics UK. “Ya estamos ajustando las vacunas para lidiar con lo que está haciendo el virus en términos de evolución, por lo que surgen variantes que tienen una combinación de una mayor transmisibilidad y la capacidad de evadir parcialmente nuestra respuesta inmune”.

“La inmunidad al coronavirus no dura para siempre”, dice la microbióloga británica Sharon Peacock. «Ya estamos ajustando las vacunas para lidiar con la evolución del virus», asegura.

Pfizer y BioNTech, por ejemplo, anunciaron que planean probar una tercera vacuna de refuerzo que podría fortalecer el sistema inmunológico del cuerpo para defenderse de las mutaciones del virus. En este caso, no tendrán que atravesar todo los requisitos que imponen las agencias regulatorias: la FDA (la Administración Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) señaló que las empresas no deberán atravesar los mismos ensayos clínicos a gran escala que llevaron a las vacunas originales a ser autorizadas.

Esfuerzos combinados

Esta, sin embargo, no es la única actualización en el mundo de las vacunas para la Covid-19. Con cada vez más vacunas autorizadas, se abre una nueva posibilidad: la de combinar diferentes vacunas contra el coronavirus para acelerar las campañas de inmunización e incluso aumentar la respuesta inmunitaria.

Uno de los ensayos en curso involucra las vacunas Sputnik V y la vacuna AZD1222 de Oxford/AstraZeneca. Ambas son similares: usan virus inofensivos para administrar la parte importante de la vacuna en el cuerpo. La investigación de esta vacuna híbrida comenzó a fines de marzo en Rusia y Bielorrusia. Los participantes recibirán primero la vacuna AstraZeneca y luego la vacuna Sputnik V 29 días después.

Lo que intriga es saber cómo se llevarán dos vacunas que utilizan plataformas distintas, es decir, que funcionan de manera diferente para prevenir la Covid-19. Para eso el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido y la Universidad de Oxford también lanzaron un ensayo llamado «Com-CoV» para evaluar las respuestas inmunitarias provocadas por la combinación de su vacuna con la de Pfizer y BioNTech.

No es la primera vez que se intenta mezclar vacunas. “Utilizamos este enfoque para protegernos contra la enfermedad neumocócica, que es una enfermedad grave causada por la bacteria Streptococcus pneumoniae y puede incluir neumonía, infección del torrente sanguíneo, meningitis, entre otras infecciones», señala la epidemióloga Dana Mazo del Mount Sinai Hospital en Nueva York. “Hay dos tipos diferentes de vacunas antineumocócicas que tienen diferentes mecanismos de acción, y en ciertas situaciones recomendamos potenciar una con la otra”.

La epidemióloga Dana Mazo del Mount Sinai Hospital en Nueva York confía en los beneficios de mezclar vacunas, dada su experiencia en el tratamiento de enfermedades infecciosas.

La capacidad de combinar vacunas sería altamente beneficiosa. Por ejemplo, impulsaría los programas de vacunación al permitir que fueran más flexibles en caso de una interrupción de la cadena de suministro de una de las vacunas administradas.

 

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Vacunas light y “todo en uno”

Actualmente, hay más de 10 vacunas experimentales contra el coronavirus en Fase III que esperan sumarse a las ya autorizadas. Entre ellas destacan Soberana 2 y Abdala (Cuba), CoVLP (Medicago/Canadá). CVnCoV (CureVac/Alemania), ZyCoV-D (India), AG0302-COVID19 (Japón), GRAd-COV2 (Italia) y NVX-CoV2373 (Novavax, EEUU).

Se sabe que mientras las vacunas sean caras y solo lleguen a los países ricos, la pandemia continuará. Por eso, los esfuerzos están aumentar la diversidad de vacunas, especialmente aquellas más baratas y fáciles de distribuir. 

Y también aquellas que requieran una sola dosis como la vacuna de Johnson & Johnson y la prometedora Sputnik Light: versión de la Sputnik V, sería eficaz durante menos tiempo pero ayudaría a reducir considerablemente el número de casos graves y potencialmente mortales de Covid-19, así como aliviaría la carga sobre los sistemas sanitarios. “Puede convertirse en una solución provisional y eficaz para muchos países que se encuentran en el pico de la enfermedad y quieren salvar el mayor número de vidas posible”, señala el presidente del Fondo de Inversiones Directas de Rusia, Kiril Dmítriev.

Más allá de estos esfuerzos, aguarda el próximo gran desafío: desarrollar una vacuna universal contra los coronavirus, es decir, una que pueda proteger contra las nuevas variantes así como contra aquellos coronavirus que circulan en poblaciones animales y que podrían llegar a saltar en cualquier momento al ser humano. Como se sabe, el SARS-CoV-2 no es el primero de los coronavirus que ha cruzado de una especie a otra. Es, de hecho, el séptimo coronavirus identificado y no se  cree que sea el último.

En lugar de trabajar para hacer vacunas contra cada coronavirus o variante identificada, ya hay varias empresas –entre ellas DIOSynVax, Entos Therapeutics, Osivax, Scancell, Valo Therapeutics, la belga eTheRNA y la francesa Valneva– y universidades como CalTech en Estados Unidos que piensan que la estrategia más prometedora contra posibles pandemias futuras es las de brindar una protección amplia, una especie de vacuna “all in one”.

En vez de utilizar la proteína espiga del SARS-CoV-2, que es propensa a mutaciones, como el objetivo clave de las vacunas, los científicos están considerando otras partes de esta familia de virus que se sabe que son más estables y, por ende, menos probable que muten.

Por el momento, las investigaciones se encuentran en etapas muy tempranas de desarrollo y aún no han comenzado los ensayos clínicos.

Si bien hay científicos que son algo escépticos respecto a las vacunas universales –al fin y al cabo, desde hace tiempo se busca sin mucho éxito desarrollar una vacuna universal contra la gripe–, este enfoque más amplio y ambicioso aporta un buen caudal de esperanzas a nuestro aun incierto segundo año de la pandemia.

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Federico Kukso

Federico Kukso

Federico Kukso (Buenos Aires, 1979). Periodista científico. Se especializó en historia de la ciencia y en STS (Science and technology studies) en la Universidad de Harvard. Fue Knight Science Journalism Fellow del MIT en 2016. Es miembro de la comisión directiva de la World Federation of Science Journalists. Es autor de los libros Odorama: Historia Cultural del Olor, Dinosaurios del Fin del Mundo, Todo lo que necesitas saber sobre ciencia y El baño no fue siempre así.

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