Políticas Urbanas | Ciudades pandémicas: territorios de disputa feminista

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La pandemia puso en evidencia la crisis de sostenibilidad de la vida. En el ámbito urbano, esto se expresó en una sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidados que recae en las mujeres, el ensanchamiento de la brecha económica y la crisis de la violencia de género en el ámbito público y privado. En este artículo, se repasan algunos abordajes conceptuales desde el feminismo a los problemas planteados haciendo énfasis en las ciudades como territorio de disputa y en la paridad política para avanzar en la construcción de una agenda ciudadana plural, democrática e inclusiva.

La crisis mundial por COVID-19 no hace más que reafirmar la continuidad de una crisis que nunca terminamos de superar: la del sistema capitalista, cuya máxima expresión es el modelo neoliberal. Para comprender los conflictos genéricos que emergen con la pandemia, es necesario ir más allá y entender el funcionamiento del orden mundial en que vivimos. Partir de esta mirada nos permite dimensionar una crisis que no sólo es sanitaria y económica, sino que marca un límite a la sostenibilidad de la vida. En este marco, es necesario definir el sistema capitalista como un orden social integral y mundial. Es decir, como un conjunto de prácticas sociales, económicas, políticas y culturales que regulan nuestra vida diaria y organizan la sociedad. Estas relaciones configuran una sociedad desigual, atravesada por lógicas mercantiles de consumo, acumulación, explotación, depredación y exclusión. De este modo, todas nuestras relaciones están impregnadas por dichos preceptos: resolvemos los afectos en el mercado, sostenemos vínculos desde la explotación y hasta nuestras emociones -pensemos en el goce o el deseo- están condicionadas por el consumo y la acumulación.

El sistema patriarcal, como productor y reproductor de las lógicas capitalistas, configura subjetividades basadas en estereotipos, la división sexual del trabajo, y la reproducción cultural de criterios heteronormativos que coloca a mujeres y disidencias en condición de inferioridad. Entonces, si partimos de la interpretación de que la crisis producida por la pandemia reflejó un capítulo agónico de la larga crisis neoliberal, podemos afirmar también que una salida superadora viene de la mano del movimiento feminista, su más dinámico oponente en un contexto cada vez más acuciante. La propuesta es desafiar el paradigma productivista mediante el cual se construye una interpretación dicotómica del mundo que jerarquiza el ideal del sujeto varón independiente para pensarnos en y desde lo común, como seres interdependientes y requirentes de cuidados en las diferentes etapas de nuestras vidas (Pérez Orozco, 2012).

En este artículo nos proponemos abordar algunas líneas conceptuales en torno a ciertos desafíos que nos abre el contexto de la pandemia, para pensarlas en clave urbana, desde las ciudades, como el espacio cotidiano en el que se desarrollan nuestras vidas. Para ello, será necesario conceptualizar lo urbano como espacio social de construcción colectiva, donde se tejen lo público y lo privado, lo espacial y lo relacional. Luego, abordaremos tres puntos clave para avanzar en una agenda política común: la problematización de la brecha económica, el debate por la transformación del paradigma desde el cual se abordan las violencias de género y la democracia paritaria como llave para la construcción común de un nuevo pacto político social. Estos temas conforman un rol estratégico en las agendas públicas en materia de género, dado que es en las luchas por la autonomía económica, por la autonomía de los cuerpos y por la autonomía en la toma de decisiones donde, mujeres y disidencias, encontramos el rumbo para construir una sociedad más igualitaria. No se trata de problemáticas nuevas, sino de la oportunidad de potenciar, en clave feminista, una coyuntura en que se torna urgente un debate a fondo para una transformación sustentable.

El espacio urbano como territorio de disputas

Las ciudades, lo local, recobraron su protagonismo en la administración pública de la vida cotidiana de las personas. La ciudad como espacio público es un concepto polisémico, que tiene una doble consideración: por un lado, su condición urbana; por el otro, su cualidad histórica, que cambia en función de las relaciones sociales que la configuran (Carrión Mena, 2019). Este segundo aspecto concibe a la ciudad como un ámbito contenedor de la conflictividad social, pues es allí donde se configuran las tensiones y acuerdos entre el mercado, los Estados y las demandas de los diferentes sectores de la comunidad. La ciudad no es un espacio neutral, sino que por el contrario condiciona formas de uso e incide en el acceso a oportunidades diferentes para hombres y mujeres (Bárcena, 2017). También es el ámbito en el que se evidencian las lógicas de consumo, acumulación, concentración, explotación y exclusión, que reproduce el sistema capitalista.

El debate sobre la crisis que emerge en el contexto de la pandemia debe situarse en el vínculo entre un sistema mundial y el espacio local de las urbanidades que habitamos. La pandemia puso en evidencia más que nunca la precariedad de la vida en las ciudades como consecuencia del modelo de acumulación y la delegación política del rol urbanizador al mercado (Cardelli, 2021). Nos referimos entre otros aspectos a la debilidad del sistema público de salud (como consecuencia de su mercantilización) y la precariedad laboral de los/las sujetos/ as que lo integran (fundamentalmente mujeres), el déficit de dispositivos para apaciguar los efectos económicos de la pandemia, diferenciales por género; y el aumento de la conflictividad doméstica resultado de la crisis económica que fue en detrimento de la autonomía económica y física de las mujeres.

En este sentido, “es preciso promover un nuevo paradigma de desarrollo centrado en la igualdad —que incluya la concepción de la ciudad como un territorio donde se garantizan y ejercen los derechos ciudadanos— e impulsar transformaciones que rompan la tendencia a la consolidación de los privilegios de un sector y de las carencias de la mayoría de los habitantes de la región.” (Bárcena, 2017)

Los contagios se miden por localidad y las respuestas a la pandemia también deben medirse y desarrollarse localmente, profundizando matices, perspectivas y contradicciones entre grandes aglomerados urbanos con fronteras políticas que son puntos imaginarios de un todo social y económico.

 

Hacer visible lo invisible

 

El ensanchamiento de la brecha económica de género

Los efectos de la pandemia son diversos, pero todos refuerzan las desigualdades preexistentes. El debate sobre la valorización de las tareas de cuidado doméstico y público (comedores comunitarios, salud y escolaridad) en la economía son cuestiones que el feminismo popular viene denunciando históricamente frente a los factores de poder que buscan convertir la sostenibilidad de la vida, la reproducción e interdependencia de los seres humanos en un asunto privado o una falla en el sistema del sujeto masculino, productivista e independiente.

En condiciones “normales”, en la Ciudad de Buenos Aires las mujeres dedican en promedio el doble del tiempo que los varones a las tareas de cuidado (aprox. 5 horas ellas versus menos de 3 horas ellos) brecha que se agiganta cuando se compara la situación en relación a los quintiles de ingreso (DGEC-CABA, 2016). Sobre llovido, mojado: en el contexto de aislamiento, a las tareas habituales se añadieron, como capas, la escolaridad dentro del hogar, los cuidados higiénicos reforzados, los cuidados vinculados a la salud mental y la asistencia a personas en grupos de riesgo. Para algunas mujeres, además, se suma el teletrabajo y en los barrios populares, la atención de comedores y merenderos.

La brecha económica y de género convierte a mujeres, sobre todo mujeres pobres, en las protagonistas indiscutidas del trabajo de cuidado multiplicado exponencialmente por la COVID-19. La consecuencia es la caída de muchas de ellas por fuera de la población económicamente activa. Los datos sobre indicadores de mercado de trabajo de la CABA demuestran, tras la primera ola, una recuperación casi total de los empleos de los varones mientras que, en el universo de las mujeres, 30.000 (en números absolutos) no se reincorporaron a la masa de personas que tienen o buscan trabajo (INDEC, 2020). La feminización de la supervivencia aumenta la masa de mujeres adaptables a distintos trabajos de baja remuneración y alta precarización.

Si se piensa en la recuperación económica de la post pandemia sin perspectiva de género estaremos consolidando un nuevo techo de desigualdad. En cambio, es necesario incorporar a la ecuación el valor de las tareas de cuidado, el reconocimiento y la redistribución de las mismas hacia esquemas desfamilizados. También es clave avanzar en la mayor valorización de las tareas feminizadas, como la salud, la educación y el trabajo de los comedores y merenderos cuya centralidad en la sostenibilidad de la vida es insoslayable.

La situación de emergencia de la violencia de género en el ámbito doméstico y en el espacio público

El aislamiento como medida de cuidado frente a la propagación del COVID intensificó mundialmente la violencia contra las mujeres y las niñas. A su vez, las medidas de confinamiento despoblaron el espacio público exponiendo a las trabajadoras esenciales (en su mayoría mujeres), por ejemplo, del sector de la salud que realizan turnos nocturnos, a un espacio público desértico y atemorizante. Esta emergencia es una oportunidad para repensar el enfoque de los dispositivos que abordan la violencia de género desde la perspectiva securitaria. La incorporación de la perspectiva de género en la promoción y protección de la seguridad de las mujeres implica incorporar criterios diferenciadores de análisis de las amenazas existentes para proveer respuestas de acuerdo a los derechos y prioridades (1). En la actualidad, las mujeres e identidades disidentes suelen estar excluidas de la discusión, formulación e implementación de políticas y programas de seguridad. La falta de espacios para la participación de las mujeres e identidades travesti trans en la política de seguridad se combina con la excesiva masculinización de los ámbitos de decisión tanto en las fuerzas de seguridad, las dependencias de los poderes ejecutivos, como en el Poder Judicial. La seguridad (en el marco de división sexual del trabajo) sigue siendo tema “de varones”, frente a las feminizadas tareas del cuidado, la asistencia y la educación.

El desafío es entonces romper el actual paradigma securitario. Buscar la integralidad y construir otro paradigma de gestión que vaya en contra de la victimización y el control, y aborde la violencia desde sus dimensiones estructurales. Construir un espacio público seguro para las mujeres implica menos presencia policial y mayor inclusividad en la planificación urbana, así como salir de una situación de violencia doméstica requiere menos de tobilleras como de políticas de acceso al empleo de los sectores populares o acceso a la vivienda para mujeres víctimas.

 

“¿Y dónde están las feministas?”

 

Democracia paritaria también en los ámbitos subnacionales

Finalmente, planteamos la paridad como una de las claves para la incorporación de la perspectiva de género en las políticas públicas en los niveles subnacionales de nuestro país. Si bien es cierto que el aumento de mujeres en los ámbitos de decisión no implica de por sí un mayor avance en sus derechos; la participación femenina en condiciones de igualdad es una condición necesaria para representar sus intereses y transversalizar el enfoque de género en los distintos ámbitos público políticos.

No se trata meramente de una cuestión cuantitativa, sino que en la actualidad el concepto de democracia paritaria implica la transformación del interés general y la disminución de la brecha de poder en los distintos ámbitos de la vida social. Se espera que la paridad política contribuya desde el sector público a generar un “efecto demostración” que impacte en los otros ámbitos de la vida social y económica (Tula, 2017). De esta forma, la paridad supera el ámbito de la representación popular y se concibe como una meta hacia la construcción de una sociedad transversalmente igualitaria en términos de las relaciones de poder que se dan en todos los ámbitos, incluidos el familiar y económico, tradicionalmente concebidos como parte de la esfera privada.

Si bien en nuestro país se avanzó recientemente hacia la paridad para cargos electivos a nivel nacional y en distintas provincias, el ámbito subnacional continúa siendo uno de los espacios más relegados para el acceso de las mujeres a los espacios de decisión pública. Por ejemplo, en el ámbito del sector público de la Ciudad de Buenos Aires las mujeres apenas están por alcanzar la paridad en el ámbito legislativo a partir de las elecciones de 2021, mientras que en el Poder Ejecutivo las mujeres en ámbitos de decisión abarcan apenas el 24% de los cargos (Canelo, Castellani, Gentile, 2019). Sin duda, queda mucho por avanzar en este campo. Sin embargo, Córdoba – a diferencia de otras provincias- cuenta con ley de cupo femenino en cargos electivos desde el año 2000. Esto ha permitido avanzar en una agenda para la paridad que, a más de veinte años de implementación de la ley, se ha extendido en todo el territorio provincial, logrando participación efectiva de las mujeres en cargos electivos, tanto en el ámbito legislativo, como en el poder ejecutivo.

A modo de conclusión, la pandemia ha puesto en crisis subjetividades constitutivas de un orden mundial desigual. Los temas abordados en este artículo son ejemplos de la posibilidad de repensar conflictos estructurales desde otro enfoque. Avanzar en una agenda para la igualdad implica discutir un modelo económico capaz de romper con las lógicas de exclusión y concentración; construir territorios seguros debe ser un compromiso de todos, todas y todes, enmarcado en prácticas democráticas y participativas. Es imposible pensar estos desafíos sin una participación paritaria real en la toma de decisiones. Este desafío implica trabajar en el desarrollo estratégico de políticas públicas transversales, que garanticen respuestas autónomas, eficientes e inclusivas a los problemas planteados por la desigualdad.

Notas:
(1) También, consolidar un paradigma multiagencial de la conflictividad social. En esta línea, la provincia de Córdoba, tras la creación del Ministerio de la Mujer, a través del Polo de la mujer y el programa Punto mujer, trabaja en la construcción de un abordaje profesional e institucional integral y articulado entre los estados provincial y municipal. Sin embargo, estas políticas siguen contando con presupuestos acotados y precarización laboral de sus equipos técnicos.
Referencias bibliográficas:
Bárcena, Alicia (2017). en ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad. Rico y Segovia (Eds.). CEPAL. Disponible en https://www.cepal.org/es/publicaciones/42424-quien-cuida-la-ciudad-aportes-politicas-urbanas-igualdad
Canelo, Castellani, Gentile, (2019). “Los tripulantes del buque insignia. Perfil del Gabinete de Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires”. Informe de investigación N°8, Observatorio de las Elites. CITRA – UMET – CONICET.
Cardelli, Marina (2021). “La ciudad y el desastre: debates pendientes sobre resiliencia” en Libro Abierto del Futuro. ISBN 978-987-4015-14-3. Archivo Digital: descarga y online.
Carrión Mena, Fernando (2019). Derecho a la ciudad. Una evocación de las transformaciones urbanas en América Latina. Fernanda Carrión Mena y Manuel Dammert-Guardia (Eds.). CLACSO-FLACSO. Disponible en http://biblioteca. clacso.edu.ar/clacso/gt/20200519104921/Derecho-a-la-ciudad.pdf.
Dirección General de Estadística y Censos de CABA (2016) Encuesta sobre Uso del Tiempo en la Ciudad de Buenos Aires.
Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (2020). Las Brechas de Género en la Argentina, estado de situación y desafíos. Disponible en https://www.argentina.gob.ar/economia/igualdadygenero
INDEC (2020). Estudio sobre el impacto del COVID-19 en los hogares de Gran Buenos Aires. Ministerio de Economía, Argentina.
Pérez Orozco, Amalia (2012) “Crisis multidimensional y sostenibilidad de la vida” en Revista de Investigaciones Feministas vol 1. P. 29-53.
Tula, Inés (2017). ONU Mujeres. Paridad de género: política e instituciones. Hacia una democracia paritaria.

Este artículo forma parte de la Revista Panorámica Nro. 1. Para leer la publicación completa, ingresar aquí. 

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Eliana Persky y Fernanda Oviedo

Eliana Persky es Politóloga (UBA), especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género (CLACSO – FLACSO Brasil) y candidata a Magíster en Políticas Públicas por la UNSAM. También es integrante del Equipo de trabajo de Políticas Urbanas del CFP Gènera. Fernanda Oviedo es Profesora en Lengua y Literatura y maestranda en Ciencias Sociales por la UNRC. Integra el Consejo Municipal de Género de la ciudad de Río Cuarto y además forma parte del Equipo de trabajo de Políticas Urbanas del Centro de Formación y Pensamiento Génera.

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