Dora Barrancos y Ofelia Fernández: la lucha feminista es intergeneracional

Compartir

Dora Barrancos y Ofelia Fernández fueron las protagonistas del conversatorio “Feminismos sin edad” organizado por La Revolución de las Viejas en Tecnópolis. Con 80 y 20 años, las referentas demostraron que las juventudes y las vejeces se requieren, se retroalimentan y se necesitan para conquistar nuevos derechos. Las nuevas luchas son la reforma judicial con perspectiva de género, una mayor corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidados, y el compromiso decidido para reconocer el talento y las capacidades de todos y de todas. 

“Feminismos sin edad” fue el título del conversatorio organizado por La Revolución de las Viejas que formó parte del ciclo “Somos espiral”. Dora Barrancos, investigadora, socióloga e historiadora de 80 años y Ofelia Fernández, quien con 20 años es la legisladora más joven de Latinoamérica, se juntaron en el escenario de la Nave de las Ciencias en Tecnópolis.  Estas dos referentas propiciaron un diálogo potente intergeneracional sobre logros, militancias y agenda. 

“¿Qué consideran que es el feminismo y los feminismos, y si hay alguna cuestión etaria que transversaliza a la lucha que tienen las mujeres a lo largo de la historia?”, preguntó la Senadora Nacional Eugenia Catalfamo, quien coordinó la charla. Las reflexiones de una y otra no se hicieron esperar. 

Fotos Julieta Ferrario

“Los feminismos han sido y serán siempre muchos, pero hay una univocidad y es el sentimiento, el concepto, la emoción, la sensibilidad y la militancia para erradicar el patriarcado -puntualizó Dora-. Y es transgeneracional mientras subsista este sistema insidioso, horrible, irracional que se entrañó en un momento de la historia. Y algún día se pondrá a término. Felizmente hay feminismos de todos los colores. Lo que importa es el estado de insurgencia subjetiva y no la carátula. Y esa subversión interna se puede hacer entre cuatro paredes”, agregó esta voz fundamental del feminismo en la Argentina.

Está claro que las luchas y conquistas de la cuarta ola tocan y empapan nuestra vida de todos los días. Las mujeres dejaron de callar, de admitir, de ceder y de lidiar, tienen pedidos y exigencias y cada vez son más numerosas las tropas de la lucha por la igualdad.

“El abordaje a una definición de feminismo fue muy autogestiva y muy mediada por la práctica. No porque nos faltaran instructoras sino porque tuvimos que hacer un camino hasta encontrar a ‘las Doras’ de este mundo”, detalló Ofelia. 

Ni una menos marcó un “antes y un después”, asegura la legisladora. Irrumpió como una nueva idea transformadora de poder y de hechos. “La masividad de los femicidios se volvió cercana. Había una fibra que conectaba muy rápidamente. En mi caso fue el femicidio de Lola Chomnalez. Eso fue lo que nos invitó a acercarnos a la plaza ese 3 de junio (de 2015). Nos interpeló en un primer instinto muy personal o emocional, y pudimos encontrar las herramientas que nos convocaron a politizar o definir eso que nos pasaba. Y a mí me dio la pauta de que ser feminista no era una definición vinculada a la transformación individual en relación a prácticas o conceptos como tampoco alcanzar tal nivel de formación del estado de situación del patriarcado en aquel entonces, sino la decisión de querer ser parte de ese momento histórico. Y acompañarse en ese grito”.

A partir de ese momento clave sobrevino el aluvión de conciencia social. Y luego de esa salida a las calles en masa empezó a resultar cada vez más numeroso el Encuentro Nacional de Mujeres. Un espacio autogestivo para debatir, articular, compartir experiencias, demandar derechos y desarrollar políticas de inclusión. 

“Para mí, el feminismo a partir de ese encuentro fue discutir la realidad como la conocemos y organizarla -continuó Ofelia-. Hay talleres y una movilización, tenés que pensar pero hay que poner el cuerpo también. De los debates salen conclusiones y de ahí derivan reclamos y exigencias. El encuentro como instancia para construir respuestas”. 

Para la legisladora también hubo otro foco determinante de eclosión del feminismo en el país que fue la lucha por el aborto legal seguro y gratuito. Un gran paso con el que se creó una nueva norma social y una apertura de conciencia.

El reencuentro de la marea plateada en Tecnópolis

Según la legisladora del Frente de todos: “La lucha fue pedagógica para la definición de feminismo porque para nadie se trató sólo de la mera reivindicación del aborto legal. No se pensó aisladamente ese derecho, sino cuál es la realidad que lleva a las mujeres a morir en abortos clandestinos: la desigualdad de clases. Y también fue pedagógica en cuanto vimos que no había que hablar solamente de mujeres, porque útero no tienen solo mujeres. Entonces no tenía que ser biologista la lucha. Incluso nos dimos cuenta que teníamos que abordar la dimensión educativa y entender como elemental la pelea por la ley de Educación Sexual Integral. La propia formación sobre qué feminismo queremos construir, qué significa el feminismo para nosotras y cómo nos atraviesa, para mí tuvo mucho que ver con esa práctica. Estaría bueno que a las futuras generaciones les permitamos encontrar esa libertad o esa relación con la realidad sin tantas tensiones, violencias y dificultades en el camino. Y que no tengan que aprender a ser sujetas de derechos, si no por el contrario que lo sepan de manera completamente indudable”. 

Nuevas batallas

Cuando en diciembre se legalizó por fin el aborto en Argentina el feminismo empezó a esbozar una nueva agenda de acción. Esa conquista marcó un hito histórico e hizo ganar vigor para próximas reivindicaciones. Existen decenas de problemas por solucionar. ¿Cuáles son los más urgentes?

“Se venía pensando y nos venía retumbando esto que ya se hizo exigencia: la reforma judicial feminista. Tiene que ser un punto prioritario e inmediato. Llevamos mucho tiempo organizando la denuncia, ahora se trata de formalizar la propuesta”, respondió Ofelia. Y continuó: “Venimos viendo que eso que el feminismo identificó como revictimización, que es por lo que pasan compañeras todos los días que atraviesan dependencias sin respuesta mientras reviven un relato. Cuando se discutía la reforma judicial en 2020 no se le hacía lugar a esta dimensión. Ahora sí se pone la mirada en las mujeres. Pensar en esta restauración es una gran victoria de los últimos meses”. 

Dora coincidió en la necesidad de la despatriarcalización de las mentalidades jurídicas. Y enfatizó que cuando se llega a la justicia es porque el sistema ha fracasado. “El poder judicial es un zócalo absolutamente adverso de nuestra institucionalidad. Estoy absolutamente de acuerdo en que tenemos que pedir una reforma judicial integral feminista. En materia de violencia hay que evitar llegar al estrado. Ese es el problema. Necesitamos ahí una inversión extraordinaria para la prevención. Llegar al botón de pánico, a la doble pulsera y a todo lo demás, es preocupante. Cuando se denuncia, se abre una enorme zona de riesgo y esto obviamente tiene que implicar una política de atención”.

Un punto clave para erradicar la violencia es poner el foco en la educación, opinó la académica, quien es consejera asesora del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad del Gobierno nacional. 

“Necesitamos grandes transformaciones en la currícula formativa de los docentes y de la gente. No basta la ESI (Educación Sexual Integral). Hay que tener equipos interdisciplinarios que se ocupen de visitar diariamente las escuelas, sobre todo los últimos grados de la primaria y los cursos del secundario todas las semanas. Que auditen todos los días hasta cuestiones nimias, como por ejemplo que resulte inaceptable que le pases la clave de tu teléfono a tu novio. Hacer una protección pedagógica intensa. Y trabajar territorio por territorio. Comuna por comuna. Localidad por localidad”. 

Tanto Dora como Ofelia señalaron que la participación equitativa de los cuidados es otro punto sobre el que se requiere trabajar. “Los cuerpos femeninos no pueden aguantar semejante arco de cuidados y ahí también tiene que haber un espectro de ley para que el Estado subsidie o ayude fuertemente -señaló Barrancos-. Con la pandemia se superpusieron las actividades y la conciliación que tanto nos preocupaba a las feministas tuvo una deriva impactante y paradójica: más tiempo de trabajo en casa. No hay distribución paritaria de las tareas de cuidado y domésticas. Necesitamos que esto se atienda para que sea mucho más estable la participación de las mujeres en el mercado laboral”. 

La lista de demandas que aún falta cubrir no terminó ahí. Se habló de reconocer a las organizaciones sociales, la mayoría de las veces al mando de compañeras, que ponen ollas, merenderos, comedores y tienen una tarea esencial durante las crisis. De revertir la precarización de las enfermeras. Y de la necesidad de construir una agenda que atienda las necesidades de la población travesti y trans. “Si 20 puntos de desocupación en la juventud nos alertan sepamos que el 90 por ciento de la población travesti y trans no tiene acceso al mercado formal de trabajo. Nos debemos una reparación material no sólo simbólica. Espero que eso venga pronto de la mano de las transformaciones que busquemos y militemos de acá en adelante”, enfatizó Ofelia.

Y si se trata de tomar medidas de peso, algo hay que hacer para revertir de una vez la desigualdad económica y social a la que está sometida la mujer, apuntó Dora. Y enfatizó la explotación que las mujeres y sus capacidades sufren a manos de una alianza entre el capitalismo y el patriarcado. “Fijensé en la torpeza de este mercado laboral segmentado y de brechas salariales ignominiosas, de expectativa y demás. El Estado puede y debe hacer mucho ahí. Hay herramientas, políticas, que pueden animar. ¿Por qué, por ejemplo, las licitaciones de obra pública no tienen un rubro que califique más a las empresas que se disponen a emplear mayor cantidad de mujeres y personas de la diversidad? Hay mucho que inventar”, aseguró.

Pese a todo lo que falta lograr en materia de ampliación de derechos, la investigadora se mostró confiada. “La ley de identidad de género fue el principal bien de exportación que tuvo la Argentina, otra que la soja. La Ley Micaela, también. Ahora con nuestra Ley de Aborto hemos dado un paso gigante, no sólo por ese derecho sino porque es la mejor ley que existe en este momento recorriendo todas las pequeñas experiencias de América Latina”. 

Que hay futuro quedó más que claro en esta jugosa charla entre generaciones tan diferentes y con objetivos comunes y concretos. Destacaron que las mujeres perdimos el miedo a llamar a las cosas por su nombre. Que salimos a las calles y reclamamos con nuestros cuerpos y nuestras palabras. Y estamos convencidas de que tenemos fuerza para alcanzar nuevas conquistas. Es hora de ser audaces y valientes. “Parafraseando al gran Simón Rodríguez, maestro de Bolívar -concluyó Dora-. En este momento crucial, las feministas o inventamos o erramos”.

Comentarios

Comentarios

Ana Peré Vignau

Ana Peré Vignau es periodista freelance y colabora en distintos medios. Hizo una Maestría en Periodismo (Universidad de San Andrés-Clarín) y una Diplomatura en Marketing Digital (UTN). También fue editora de la revista Lonely Planet.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 24/10/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto