Sarah Jane Adams | La gran hermana mayor

Compartir

Con 66 años, Sarah Jane Adams fue una de las favoritas del público en el programa Gran Hermano de Australia. Antes de entrar en el reality, esta inglesa diseñadora de joyas se volvió influencer de las redes casi por accidente, cuando una foto suya se volvió viral. A partir de ese momento, aprovechó su exposición para reivindicar las arrugas, hablar de la menopausia y derribar prejuicios. 

Primera vez que en el confesionario de Gran Hermano se habla de arrugas, menopausia y vejez. Sarah Jane Adams de 66 años participó -e incluso llegó a la final- en el último Big Brother de Australia, que se transmitió entre abril y junio pasados. Demostró que una mujer sexagenaria de melena plateada podía marcar los picos de rating más altos. “Mi edad está lejos de ser un obstáculo, es mi superpoder. Les insto a votar con consideración, amor y el deseo de contribuir a cambiar la narrativa de la sociedad en la que vivimos”, advirtió cuando quedó nominada en el tramo de cierre del reality, en el que se enfrentó a Marley Biyendolo, de 26, y Christina Podolyan, de 22. 

Dentro de la casa, donde la gran mayoría eran veinteañeros, contó con orgullo cómo surgió su exitoso hashtag #mywrinklesaremystripes (algo así como “mis arrugas son mis galones y mi sello de identidad”) que acompaña todas sus publicaciones y, de alguna manera, sintetiza su mirada hacia la vida. “En 2015, estaba en un negocio, se me acercó una joven encantadora y puso una gota de algo en el dorso de su mano. ‘Solo voy a aplicar esto en tus ojos que eliminará por completo todas tus arrugas durante aproximadamente una semana’. En ese momento, le respondí con gentileza que amo mis arrugas y no deseo deshacerme de ellas», recordó. Y detalló que en el ejército, cuantas más rayas condecoran a un soldado, mayor es su rango: «Las veo como una insignia de honor y una marca de los caminos recorridos, ¿por qué no estaría orgullosa de ellas?».

Fotos Instagram @saramaijewels

Nacida en Inglaterra y afincada en Sídney, Australia, se dedica a vender joyas (algunas antiguas y también diseños propios). Sin proponérselo, se convirtió en “influencer”. Rechaza de cuajo esa definición, porque asegura que no suele promocionar productos de otras marcas que no sean la suya, pero lo cierto es que sí trepó a esa categoría por la cantidad de gente que la sigue en redes. Tiene dos cuentas en Instagram: con la primera, @saramaijewels cosechó más de 206.000 seguidores hasta la fecha y en la segunda, @mywrinklesaremystripes acumula casi 48.000 “followers”. 

El objetivo al principio fue mostrar sus joyas, pero pronto ella misma se convirtió en la protagonista principal de los perfiles. Su estilo resulta de lo más inspirador, porque con la misma soltura posa con un conjunto deportivo de pies a cabeza, un vestido de noche elegante o desnuda. “Yo era punk, y antes de eso hippie. Ahora he fusionado las dos culturas”, declaró. 

¿Quién cuida a quienes cuidan?

Gracias a su fama, logró deslizar un mensaje refrescante en un mundo donde reina el antienvejecimiento. “Mis arrugas no me asustan; me muestran a mí y, por lo tanto, mi experiencia. Para mí, vivir una vida plena y buena implica envejecer. Hoy es mi mejor momento -dice Sarah Jane (o SJ, como se presenta)-. Creo, como mujeres, que debemos reconocerlo cuando estamos pasando por la perimenopausia y la menopausia. No hay forma de que siquiera podamos comenzar a romper estos ciclos. Por mucha medicina que tomemos, tenemos que rendirnos y seguir con el proceso con tanta integridad como se pueda. No me veo a mí misma como una ‘persona mayor’. Soy una vieja. Es un proceso interesante envejecer”. 

Cansada de los referentes millennials, la audiencia de Gran Hermano Australia aplaudió su incorporación. Fue como una brisa de aire fresco. Durante todo el ciclo SJ derribó prejuicios ligados a la edad, el género o las normas de estilo. Asegura que se anotó, justamente por esa razón: para romper paradigmas. “Tuve la oportunidad de demostrarle a la gente que todos pueden salir de la zona de confort y volar -sintetiza-. Y quería desafiarme a mí misma. Eso es parte del camino en el que estoy. Fue algo muy importante probar cómo es mi fuerza interior”.

Fuera de la caja

La visibilidad le llegó a SJ sin que la buscara. Un posteo de una foto suya en el Instagram de una de sus hijas gemelas la lanzó a la escena pública. A los 60 abrió un nuevo e inesperado capítulo en su vida. En la imagen -que terminó por viralizarse- estaba vestida con una campera Adidas roja y blanca, un pañuelo en la cabeza y la mirada en el horizonte.

 

Sorprendida por lo bien que se recibió su imagen, Adams comenzó a publicar fotos de sus atuendos eclécticos, una mezcla salvaje de influencias. 

Enseguida llamó la atención del cineasta, fotógrafo y bloguero estadounidense Ari Seth Cohen, quien voló a Sidney para conocerla y pronto la sumó a su imperio de estilo senior @advancedstyle. “Ella es la mujer más genial que he visto en mi vida», escribió el experto en moda, quien armó un documental con personas fashionistas mayores de 60 años..

En poco tiempo, SJ ganó cientos de miles de seguidores en Instagram, se subió a la pasarela de la Semana de la Moda de Melbourne, realizó una importante campaña televisiva para H&M en Londres y viajó por el mundo para participar de eventos, invitada por varias marcas. “Esta fama que me dieron las redes me dio oportunidades y con las oportunidades también viene un nuevo sentido de responsabilidad. De lo que me siento responsable es de ser cien por ciento fiel a mí misma. Siendo mi mejor yo auténtica espero poder inspirar cambios en la sociedad y en el planeta”.

Desde las redes, SJ pide sustituir los clichés sobre las mujeres de +60 por acciones que tengan que ver con la libertad, la osadía y la personalidad. Cada posteo suyo es una muestra de que está abierta a la experimentación. «No soy influencer, porque no vendo nada. Pero sé que influyo en la gente. Aunque nunca he usado el hashtag #greyhair o #silverhair o #silversisters o nada de eso, porque eso me pone en una caja, cientos, miles de mujeres me han dicho , ‘Me diste permiso para hacer la transición de mi cabello'», observó. 

Este ícono de estilo accidental aprovechó su repentina notoriedad para publicar sus memorias. Volcó sus viajes y su vida en “Life in a Box” (La vida en una caja) que define como una “biografía poco ortodoxa”. «Elegí escribir este libro de la forma en que lo hice, porque estoy cansada de ser expuesta como la vieja simbólica de cabello gris que tiene un poco de valentía», asegura.

Sarah Jane lleva al lector a través de sus aventuras: desde su infancia en Inglaterra, su trabajo como iluminadora que la llevó de gira por la escena musical londinense de los setenta; su primer viaje a la India que le cambió la vida y luego a Australia, donde se instaló; 

el nacimiento de sus gemelas, la vida como madre soltera y cómo llevó a las nenas con ella a rastrillar mercados del mundo en busca de hallazgos que luego revendía. Como consecuencia, «ya no les gustan tanto los viajes», se ríe de sus hijas, que hoy tienen 32 años y también están en el negocio de la joyería. 

También un capítulo importante de su vida fue la menopausia. «Fue como un pasaje -explicó-. Sí, es incómodo, pero las mejores decisiones surgen de sentirse incómodo si tenés la edad suficiente para no tener una reacción instintiva”.

Durante este tiempo vendió la casa familiar, se mudó a un lugar con más verde, comenzó a practicar yoga y se hizo vegana. Las emociones que la invadieron en esa etapa la llevaron a hablar con fuerza sobre el empoderamiento femenino, la discriminación por edad y la invisibilidad de las generaciones mayores. «Como mujeres, nos dicen que nuestro mejor momento es cuando tenemos 25 o 35 años. Eso es una tontería. Ese no es tu mejor momento, porque estás flotando y eres fácilmente manipulable. Tu mejor momento es la madurez”

Si bien tiene sus reparos respecto a la fama repentina que obtuvo en las redes sociales, siente que Gran Hermano la ayudó a cerrar un ciclo y a llamar a la reflexión. «La discriminación por edad es el ‘ismo’ más invisible -señaló-. Alguien me preguntó el otro día, ¿cómo me mantengo tan joven? Y yo dije, uy, ¡basta! ¿Por qué ser joven es todo? Quiero ser vital, quiero poder seguir haciendo cosas. Y este es mi mensaje: no deberíamos estar unidos porque somos viejos, o somos blancos o somos mujeres o estamos arrugadas. Todos somos seres humanos únicos».

Comentarios

Comentarios

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 29/07/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto