Alcira y el nudo de nuestra soledad

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Alcira Argumedo contaba que en las lenguas precolombinas no existía la palabra “pobre”, no concebían la existencia de personas que no tuvieran, dentro de sus patrones culturales, sus derechos materiales y espirituales cubiertos. Para ella ese era el origen de la matriz latinoamericana de pensamiento. Nos instaba a “pensar desde un lugar distinto”. Alcira Argumedo se nos fue el 2 de Mayo, murió a causa de un cáncer de pulmón por el que se encontraba internada desde hacía varios días. Sus restos fueron velados en la Cámara de Diputados de la Nación.

Ilustración: @factorfrancisco.org.ar

Alcira contaba que en las lenguas precolombinas no existía la palabra “pobre”, no concebían la existencia de personas que no tuvieran, dentro de sus patrones culturales, sus derechos materiales y espirituales cubiertos. Afirmaba que tenían un profundo sentido comunitario, con valores de solidaridad, cooperación y reciprocidad que pasaron a los líderes de la independencia a través de sus tropas, que estaban formadas por indígenas, negros y zambos. Para ella ese era el origen de la matriz latinoamericana de pensamiento. Nos instaba a “pensar desde un lugar distinto”. Alcira Argumedo se nos fue el 2 de Mayo, murió a causa de un cáncer de pulmón por el que se encontraba internada desde hacía varios días. Sus restos fueron velados en la Cámara de Diputados de la Nación.

Del Jockey Club al Peronismo

Había nacido en Rosario el 7 de Mayo de 1940, la suya era una familia de clase media alta. Vivían en el barrio de Fisherton y eran absolutamente antiperonistas. Su padre era médico pediatra y su madre ama de casa. Desde chica se destacó en los deportes, practicaba natación en el Jockey Club. La piba Argumedo rompía récords, era una gran nadadora. De hecho su arribo a la capital, que tiene algo de fortuito, está ligado a esa disciplina. Estaba seleccionada para unos juegos panamericanos para los que tenía que entrenar, pero al no funcionar la única pileta climatizada de Rosario tuvo que viajar a Buenos Aires para completar la preparación. Debía continuar sus estudios, después de terminar el secundario, por lo que ese año, 1959, se anotó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA para estudiar sociología. Para ella fue como haber llegado a Marte, y como en el planeta rojo no hay agua, dejó la natación.

Al año de llegar a la capital, conocería a quien fue su marido y padre de sus hijos, Gunnar Olsson. Gunnar se había criado en la casa del pensador Raúl Scalabrini Ortíz, por lo que ese amor la acercó al Peronismo. Más tarde militaría en un barrio de Berazategui, provincia de Buenos Aires, donde comprendería de cerca los saberes populares. Reivindicaba que lo más revolucionario del peronismo era el fortalecimiento de la dignidad de los trabajadores, de los “cabecitas negras”, lo comparaba con la decisión de Artigas de hacer ciudadanos plenos a negros, indios y mulatos.

En 1967 recorrió Ecuador, Perú y Bolivia. Alcira no lo sabía, pero en ese mismo momento en la selva boliviana estaba el Che, escribiendo el último capítulo de su historia. Decía que la ética del Che, ese despojo por los intereses materiales, la hacía pensar que todo era posible. El espíritu de esa época de revoluciones políticas y culturales marcó a fuego su formación como socióloga y militante.

Pensamiento crítico y saberes populares

Formó parte de las Cátedras Nacionales, creadas y dictadas entre 1968 y 1972 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, junto a intelectuales de la talla de Horacio González y Juan Carlos Portantiero. Desde una mirada colectiva transdisciplinaria y a través de un pensamiento crítico proponían la recuperación de las corrientes de pensamiento latinoamericanas, valorizando el estudio universitario de los saberes populares. Tenían la convicción de que en éste continente las grandes ideas se dan en el campo de la lucha. En sus primeros años como socióloga trabajo en el INDEC y dando clases en la facultad. Dos veces la echaron de la Universidad de Buenos Aires, en el 66’ y en el 76’, años de dictaduras.

Durante la última dictadura militar estuvo oculta dos años en Rosario y más tarde se exilió en México, donde trabajó en el Instituto Latinoamericano de Estudios Trasnacionales (ILET) como asesora de Gabriel García Márquez, representante latinoamericano en el debate de UNESCO sobre el Nuevo Orden Mundial de la Información y las Comunicaciones.

Después del exilio ingresó al CONICET como Investigadora Independiente. Desde ese lugar tenía una mirada muy crítica de los proyectos neoliberales que denigraban el gasto en ciencia y tecnología, consideraba que el recurso estratégico por excelencia era el conocimiento. También fue directora de la Revista Laberinto, además de frecuente columnista de opinión en diversos medios de comunicación.

Asesoró a Pino Solanas en los filmes Memorias del Saqueo y La Dignidad de los Nadies. En 1993, participó de la conformación del Frente Grande y en 2007 participó en la creación de Proyecto Sur, movimiento por el cual obtuvo una banca en la Cámara de Diputados en las elecciones de 2009. Durante sus períodos como legisladora presentó diversos proyectos de ley, entre los que se encuentran: la ley de propiedad comunitaria indígena; un proyecto de reparación para las víctimas de Cromañón; y un sistema nacional de gestión social del reciclado.

Publicó los libros Los laberintos de la crisis (Folios/ILET, l985); Un horizonte sin certezas: América Latina ante la Revolución Científico-Técnica (Puntosur/Ilet, l987) y Los silencios y las voces en América Latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular. (Colihue, l993). En éste último cita a Gabriel García Márquez quien intentaba explicarle a los amigos europeos la compleja realidad latinoamericana, tan insondable en sus tragedias como en sus maravillas: “Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malabaristas, todas criaturas de aquella realidad desaforada, tuvimos que pedir muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros fue la insuficiencia de recursos convencionales para hacer que nuestra vida fuese creíble. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”. Esa realidad desaforada fue la que ayudó a pensar Alcira, para que desatemos, de una vez y para siempre, el nudo de nuestra soledad.

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