Almuerzos indigestos

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¿Cómo les va, caballeros? —los recibe el hombre de uniforme, con forzada afabilidad—. ¿Cómo está, señor Presidente, es un gusto conocerlo. Pasen, por favor. Tomen asiento. ¿Qué desean beber, whisky, cognac? Cuénteme, Borges, ¿cómo va su gira de conferencias por Estados Unidos? ¿Y usted, Ratti, cómo está marchando la Sociedad de Escritores, ahora que el país encontró su rumbo? Beben y sonríen. El anfitrión comenta: Me alegra, Sábato, que coincidamos en las miradas. Como usted dice, la inmensa mayoría de los argentinos rogaba que nuestras Fuerzas Armadas tomaran el poder. Deseaban que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos, el de Isabelita. Tiene usted razón, Sábato —el escritor, que había apoyado los golpes del 55 y del 66, asiente—. Luego, el hombre gira la cabeza y reclama: ¡Pero padre Castellani, cómo se le ocurre preguntarme por Haroldo Conti! ¡Qué puedo saber yo sobre la suerte de ese escritor! Nada. Créame (el sacerdote, en las antípodas del pensamiento de Conti, pidió por él. “Es un cristiano que fue secuestrado hace dos semanas y del que no sabemos nada») ¿Antonio Di Benedetto, dijo, además, padre? Desconozco qué ocurrió con él, pero prometo averiguarle. Despreocúpese.

Horacio Ratti es quien le entrega en mano al teniente general Jorge Rafael Videla una lista de una decena de escritores que se encontraban «a disposición del Poder Ejecutivo». El presidente de facto solo responde que la paz va a volver muy pronto al país. El hombre fuerte de la SADE califica a Videla como «un hombre muy comprensivo e inteligente». Borges y Sábato, en un momento de la reunión, sostienen que el país nunca había sido purificado por ninguna guerra internacional. Videla manifiesta su desacuerdo.

Luego del almuerzo de dos horas, servido en la Casa Rosada en un clima de sugestiva cordialidad, un edecán acompaña al grupo visitante hasta la salida. Se despiden con apretones de mano en medio de los flashes de la prensa. Ernesto Sabato dirá luego: “Puedo decir que con el Presidente hablamos de la cultura en general. Hubo un altísimo grado de respeto mutuo. No incurrimos en la banalidad. (…) Videla es excelente. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó su cultura.” Borges, en tanto, no quiere ser menos. Declara antes de escabullirse por un costado: «Le agradecí personalmente a Videla el golpe de Estado del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia.” Pocos meses más tarde el autor de El Aleph viaja a Chile a recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad andina, y es recibido por el dictador Pinochet.

Mientras los comensales almorzaban con fruición y departían sobre el devenir de una patria aterrorizada en medio de un baño de sangre, el escritor Haroldo Conti, encerrado en un campo de concentración a pocos kilómetros de la Plaza de Mayo, llevaba quince días continuos de torturas extremas, sin poder probar bocado.

Aquel bochornoso encuentro entre figuras de la cultura y el más cruel representante del genocidio ocurrió el miércoles 19 de mayo de 1976. Mientras los comensales almorzaban con fruición y departían sobre el devenir de una patria aterrorizada en medio de un baño de sangre, el escritor Haroldo Conti, encerrado en un campo de concentración a pocos kilómetros de la Plaza de Mayo, llevaba quince días continuos de torturas extremas, sin poder probar bocado.

A la hora de los arrepentimientos, cuatro años más tarde, Borges y Sabato firman por primera vez una solicitada publicada en Clarín, reclamando, junto a familiares, se publiquen las listas de los desaparecidos. Antes de traspasarle el poder al general Viola, Videla admite oficialmente, en una entrevista con periodistas españoles, que el autor de ‘La balada del álamo carolina’ y de muchas otras joyas literarias, estaba muerto.

El escritor de Santos Lugares y ex docente de marxismo en las aulas de la universidad platense, será quien conduzca la CONADEP, ya en democracia. Y quien escriba el prólogo de la primera edición del “Nunca Más”, dando crédito a la Teoría de los dos demonios. Borges, por su parte, asistirá una tarde de invierno al Juicio a las Juntas. Escuchará el estremecedor testimonio del ex detenido Víctor Basterra y posteriormente escribirá un artículo sobre su experiencia para la agencia española EFE. Cara y ceca de una misma moneda.

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