Argentina y Chile : el avance neoliberal

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En la presente publicación abordaremos una comparativa entre el gobierno de Piñera en Chile (2010-2014) y el gobierno en curso de Macri en Argentina (2015-2019). Entre las similitudes podemos enumerar las estrategias en las campañas electorales y el formato comunicacional. Por cierto, no solamente entre Chile y Argentina sino que históricamente en cada país de América Latina estos sectores utilizan los mismos conceptos para hacerse con el poder y la aprobación popular.

Veremos como además de compartir palabras claves como «Alegría» «Cambio» también comparten formas y esquemas comunicacionales como la multiplicidad de colores y estrategias para «acercar» a los dirigentes a las costumbres populares: en otras palabras familiarizarlos (hacerlos familiares).

Otra características de su discurso es la utilización de pocos conceptos simples (de fácil comprensión) y la apelación constante a una doble carga emotiva de los votantes: negativa para sus oponentes; estigmatizándolo y mostrándolo como un ogro social, una carga para la sociedad, una lacra. Positiva para ellos mismos:

Son quienes vienen a devolverte la alegría (que los otros te quitaron), representan un supuesto cambio superador de las condiciones inmorales y la falta de ética de sus competidores (postulándose como salvadores).

Hay además, otras similitudes entre Sebastian Piñera y Mauricio Macri: Ambos vienen del campo empresarial y decidieron incursionar en el campo de la política. Dejaremos la valoración de la intencionalidad de tal incursión a parte, no porque no sea importante en sí (en definitiva esos son los intereses que representan) sino porque queremos analizar el proceso de legitimación del poder y el modo en que ejercen (modo de uso) el poder desde el Estado.

Por si fuera poco, podemos sumarle la nota de color: Piñera y Macri son amigos. Esto no es casualidad si tenemos en cuenta que comparten más allá de sus condiciones sociales (materiales) de vida, la misma mirada del mundo entendiéndola desde la lógica neoliberal de los negocios y el accionar individual corporativo.

También merece mencionarse que ambos contaron con el apoyo de las corporaciones de la comunicación y que ambos tienen en sus filas a los sectores que tomaron el poder por la fuerza durante las últimas dictaduras de sus respectivos países.

No obstante, trataremos de demostrar que además de compartir las estrategias de campaña, la ideología, sus orígenes socio-económicos y políticos se pueden establecer otras similitudes entre ambos procesos políticos.

Afín a su ideología, ambos encararon rápidas reformas en las estructuras económicas de sus respectivos países. Lo que nuevamente confirma la llamada «receta única» del neoliberalismo, máxime teniendo en cuenta que las estructuras económicas de Argentina y Chile son radicalmente diferentes.

Las medidas económicas adoptadas por ambos, coherentemente con su ideología son: achicamiento del Estado y despido masivo de empleados públicos, transferencia de ingresos a los sectores corporativos concentrados bajo la excusa de la liberación de la economía. Como es de esperar los efectos de dichas medidas no son iguales por las características propias de cada una de las economías: la economía chilena es complementaria a la norteamericana, teniendo un fuerte componente minero en el PBI. En cambio, la economía argentina tiene fuerte componente agropecuario y productora de alimentos siendo en esto competitiva con la economía estadounidense. Por lo que una alianza con EEUU puede ser ventajosa para Chile pero no así para Argentina.

El neoliberalismo no reconoce ideologías, se autopostula como visión única y superadora y, es por esto mismo que me permito considerar al neoliberalismo como el súmun de las visiones ideologizadas, no es más que fundamentalismo de las concentración del poder en sus diferentes facetas (económico, político, social) y órdenes (poder institucionalizado).

Como todo fundamentalismo no se permite considerar las situaciones socio-históricas ni analizar las condiciones particulares, pretende imponerse como verdad absoluta y ejerce el poder desde esa postura por lo que el ejercicio democrático en respeto de la diversidad le resulta impropio e indeseable. Y, por ende, desconoce e intenta erradicar toda aquella expresión que no se manifieste como vector de su propia concepción del poder o que no responda al factor ordenador por ellos impuesto.

La imposición de estos regímenes en las sociedades latinoamericanas desde los ’70 a través de los golpes de Estados y la implantación de dictaduras que aniquilaron a los portadores de la diversidad, a los otros, a los que no podían encuadrar como funcionales a sus propias expresiones y vectores de poder.

Podemos preguntarnos si éste fue un accionar de unos asesinos organizados en el ejercicio del poder desde el Estado pero también debemos considerar que es el ejercicio derivado de la operativización de los fundamentos ideológicos del neoliberalismo.

Esto nos permite tomar una verdadera dimensión de la gravedad del neoliberalismo en el poder por cuanto el ejercicio de las restricción a la diversidad, a lo otro, a lo que no se manifiesta en su propia concepción del orden social y del poder es una derivación de su propia concepción ideológica y, por ende, siempre la ejercerán (porque es una constante en el su factores de legitimación del poder) aunque adopte diversas formas .

Como  la desaparición del personas en las dictaduras de los ’70 y ’80, como fue la pretensión del Pensamiento único en los ’90, como en la actualidad donde acotan las expresiones de minoritarias desde el ejercicio institucional del poder.

Podemos, a partir de esto, comprender también el ejercicio del poder en el neoliberalismo como implantación del miedo a lo otro y la generación de escenarios de convertirse en lo otro como instrumento de persuasión, apego y dominación. Por ejemplo, toman medidas para acotar las plazas de trabajo y anuncian que si no se hacen las medidas que ellos proponen miles se quedarán sin empleo – cuando en realidad es derivación de sus propias políticas- sembrando el pánico entre los trabajadores posiblemente afectados para ganar adhesión. Sumando esto a la acotación de la información y del acceso a la información que ellos imponen es que dicho instrumento de dominación se perfecciona.

En este marco es válido interrogar: ¿Por qué las expresiones neoliberales no pueden perdurar en el poder en América Latina? Considero que las raíces democráticas de nuestros pueblos son un factor clave en esta argumentación dado que nuestras sociedades no vivieron las monarquías, ni se desarrollaron bajo el Estado Absolutista sino que son sociedades de raíces modernas que reconocen sus raíces en la Revolución Francesa y en ella había una pretensión de diversidad, de convertir lo otro en nosotros. Es así como los principios del liberalismo de: libertad, igualdad y fraternidad que constituyeron el Estado Liberal Burgués son los límites del neoliberalismo como fundamentalismo de la concentración del poder.

Otro de los factores que impiden la imposición del pensamiento único en las sociedades latinoamericanas es la diversidad de los orígenes culturales/nacionales que componen las mismas.

Por último, desde una perspectiva materialista podremos afirmar que las diferentes condiciones materiales de vida condicionan diversas concepciones de vida y, por ende, diversas ideologías.  Más claramente podríamos decir que las grandes diferencias de clase en las sociedades latinoamericanas conllevan diversos intereses difícilmente alineables dentro de los factores de concentración del poder.

Vemos que, así como el neoliberalismo económico encierra en sí mismo una contradicción lógica (en el plano eidético) y autodestructiva (en la praxis) por cuanto en supuesta defensa de la libertad de mercado eliminan las regulaciones impuestas por el Estado que permiten generar las condiciones de igualdad de competencia en pos de la concentración económica, que en su máxima expresión subyuga al mercado (y la competencia que éste implica) al poder corporativo.

El neoliberalimo político replica esta contradicción por cuanto cercena las posibilidades de manifestación de lo otro al mismo tiempo que genera las condiciones que restringen la construcción de un «nos-otros» expulsando a quienes no se subordinan a su factores de ordenación a ser el «otro». Es por ésto que denomino al neoliberalismo como el fundamentalismo de la concentración del poder.

Seamos libres nos dijo el Padre de la Patria aportando así a la construcción del simiente de las democracias latinoamericanas y sepultar las posibilidades de dominación monárquicas en nuestras tierras. Y, para ser libres es requisito indispensable las condiciones de igualdad por cuanto las diferencias en la concentración del poder subyuga la libertad de unos a la determinación del poderoso. En este sentido, el neoliberalismo está peleado con nuestra historia por cuanto pretende acotar la igualdad de condiciones como así también las libertades de quienes son estigmatizados como lo «otro».

Ante la novedad de que el neoliberalismo, encabezado por Mauricio Macri, llegó al poder por medio de los votos en Argentina ello no constituye un cambio en las manifestaciones que se derivan en el modo de construir el poder. Mas bien todo lo contrario y ésto se ve reflejado claramente en la sensación generalizada en la Argentina actual de que «éste es un gobierno de ricos para ricos».

Ante la avanzada del neoliberalismo y el empoderamiento del poder corporativo como ejercicio del poder institucionalizado los sectores que radican su accionar político en las mejoras en las condiciones de vida de la sociedad amparados en el principio de igualdad (de oportunidades, equidad económica, ejercicio de las libertades y derechos) antes que en las construcción de élites amparadas en el poder corporativo deben responder marcando éstas contradicciones en el ejercicio del poder por parte del gobierno actual teniendo presente que todos aquellos que no consigan una posición dentro del ordenamiento corporativo impuesto por el gobierno actual y que los que no pretendan subyugar su libertad a la prepotencia del poder hegemónico corporativo serán considerados lo «otro» y que, por tanto, los sujetos de legitimación del poder son acotados frente a los que dicha lógica expulsa.

Así como en Chile el gobierno de Piñera no pudo extender su mandato, si los sectores populares en Argentina logran construir mayoría a partir del «nos-otros» (como hizo Bachelet en chile al aliarse con los estudiantes con los que confrontó en su primer gobierno) Macri ya tiene fin de mandato asignado. Urge por tanto, la construcción de un espacio basado en la diversidad que construya por sobre los liderazgos un proyecto contención de los «otros» para convertirlos en «nos-otros».

http://elinterpretevm.blogspot.com.ar/2016/12/argentina-y-chile-no-somos-tan.html

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