¿Argentina hubiese sido Ecuador?

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Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, Lenín Moreno lo fue  de Rafael Correa entre 2007 y 2013. Se diferenciaron de sus líderes políticos en su forma menos confrontativa y su discurso apolítico. Su cercanía con el establishment generaba desconfianza en sus partidos, pero frente a la necesidad de convencer a sectores ajenos, los apoyaron con resignación. Las similitudes y la situación actual de Ecuador, llevan naturalmente a la duda de qué hubiera pasado si el ex gobernador Scioli hubiese ganado el ballotage en Argentina.

Imaginemos que dos años atrás Daniel Scioli venció en el ballotage a Mauricio Macri. Una vez en el poder, Scioli comenzó a ajustar la economía, y allanó el camino para que su vicepresidente, Carlos Zannini, sea encarcelado sin condena. Así pasó en Ecuador.

El candidato oficialista, Lenín Moreno, venció al banquero neoliberal Guillermo Lasso, el Macri ecuatoriano, en la segunda vuelta de las elecciones del año pasado. Jorge Glas es el Zannini de la historia, el hombre de confianza que Rafael Correa agregó a la fórmula presidencial para garantizar el rumbo de la Revolución Ciudadana.

El día que recibió el bastón y la banda presidencial, Moreno habló de la unidad de toda la sociedad, anunció una “mayor austeridad” y que se iba a buscar “mayor productividad”. De enumerar en campaña los logros de la “década ganada”, pasó a criticar la “herencia” que recibió.

El alejamiento discursivo se notó el primer día, pero la gran ruptura se produjo tres meses después, cuando el presidente le quitó todas sus funciones a su vice. Glas es investigado por supuestas coimas de la constructora Oderbretch. Pasaron dos meses para que, sin poder y aislado del gobierno, sea detenido con prisión preventiva. El ya conocido método macrista de encerrar dirigentes sin condena.

El pasado 4 de febrero, la población votó una consulta popular de siete propuestas. El oficialismo ganó en todas, así consiguió: desarmar el ‘Consejo de Participación Ciudadana y Control Social’, expandiendo los poderes del presidente por sobre quienes lo deben vigilar; limitar a solo una reelección para la Presidencia; y que quienes sean condenadxs por corrupción ya no podrán ser funcionarixs.

Se consolidó el terreno para el escrache y la persecución a opositorxs, y particularmente, a Correa. Por otra parte, en sintonía con los intereses del poder económico, el gobierno eliminó la Ley de Plusvalía, que regulaba el sector inmobiliario.

Scioli fue vicepresidente entre 2003 y 2007, Moreno lo fue entre 2007 y 2013. Se diferenciaron de sus líderes políticos en su forma menos confrontativa y su discurso apolítico. Su cercanía con el establishment generaba desconfianza en sus partidos, pero frente a la necesidad de convencer a sectores ajenos, los apoyaron con resignación.

Las similitudes llevan naturalmente a la duda de qué hubiera pasado si el ex gobernador hubiese ganado el ballotage en Argentina.

Scioli dejó una pista: antes de las elecciones hizo público quienes integrarían su gabinete si se convertía en presidente. La continuidad de Sergio Berni a cargo de la seguridad, y la inclusión de Alejandro Granados al frente del Ministerio de Defensa inclinaban hacia una visión de mano dura. Daniel Filmus en Educación, y Silvina Batakis, su asesora menos ortodoxa, en Economía, tranquilizaban a los sectores progresistas.

Además, con un perfil federal, tres gobernadores formarían parte: el misionero Maurice Closs en Turismo, el entrerriano Sergio Urribarri en Interior y Transporte, y el salteño Juan Manuel Urtubey al frente de las relaciones exteriores. La presencia de este último, sumado a Julián Domínguez en Industria y Diego Bossio en Infraestructura y Vivienda, muestra a tres dirigentes que se alejaron del kirchnerismo apenas asumió Macri, solo ellos sabrán si hubiesen hecho lo mismo en un gobierno justicialista.

Las especulaciones sobre algo que no pasó son inútiles, pero el análisis de Ecuador muestra que la presencia de Zannini no hubiese podido frenar un eventual giro a la derecha del sciolismo. Queda expuesto el repetitivo error de los gobiernos nacional y populares de no crear figuras propias para suceder a lxs líderes del movimiento, lo que deja indefensos los logros sociales de sus gestiones cuando se produce un cambio de gobierno.

Más allá de las necesaria autocrítica interna, cabe destacar que el retorno neoliberal es un fenómeno regional. Los métodos en Argentina y Ecuador son distintos al de Brasil, donde se llegó al poder a partir de un golpe institucional llevado adelante por el entonces vicepresidente Michel Temer, pero el proyecto de fondo es el mismo.

El club de los proscriptos

Para implantar una economía más desigual y dependiente, la derecha necesita perseguir a lxs dirigentes del campo popular, y para lograr esto, crea la excusa de la lucha contra la corrupción. Por esto el neoliberalismo es inaplicable sin la alianza (o el sometimiento) de los medios y del Poder Judicial, que señalan como corruptxs a quien moleste al plan conservador.

En los 70, fueron las dictaduras que introdujeron el neoliberalismo, en los 90, su profundización a través de gobiernos democráticos. En el nuevo siglo surgió una oleada de gobiernos progresistas, y ahora hay un contragolpe conservador. El conosur vive los procesos como bloque.

Queda la duda de qué tanto se puede cambiar nacionalmente, cuando toda la región va en sentido contrario. Pero también queda clara la obligación de mayor unidad entre los movimientos populares de la región, continuando el legado de Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Chávez cuando rechazaron en conjunto el tratado de libre ALCA, y la profundización de del UNASUR, fundado en 2008 como órgano político regional.

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