Carta a los jueces : Etchecolatz no es un genocida más

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Mi nombre es Walter Roberto Docters. Fui secuestrado en setiembre de 1976, torturado, así durante más de tres meses, luego preso legal hasta 1983. Testimonié en más de 30 juicios. Desde Mega Causas hasta juicios individuales de Detenidos-Desaparecidos. Fui testigo en el Juicio a las Juntas Militares y en el Juicio a Camps, donde fue condenado por primera vez el comisario Miguel Etchecolatz, luego liberado por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Volví a ser testigo en Juicios de La Verdad donde se trató mi caso y la condena a Etchecolatz. Pero sin poder efectivizarla. Luego llegó el indulto y con él se desmoronó toda posibilidad de Justicia.

Cuando se derogaron todas esas leyes volví a testimoniar en el Juicio a Miguel Etchecolatz en 2006, junto a Jorge Julio López con quien aseguramos la existencia de restos humanos en Centro Clandestino de Detención de ARANA donde estuvimos. Lo cual luego fue confirmado por un minucioso estudio del EAAF.

El día anterior a la sentencia de aquel juicio lo “Desaparecen” a Julio López. En aquel momento escribí una carta al tribunal para expresar mi satisfacción en la condena que reivindicaba un largo camino buscando Justicia.

Luego escribí el libro “ARANA Centro de Tortura y Exterminio” donde describo el funcionamiento del CCD y dedique el libro a Julio López. Ahora estamos viviendo tiempos muy diferentes con un claro signo de complicidad con los Genocidas. Por esto escribí una posdata a aquella carta con la realidad que vivimos hoy.

CARTA A LOS JUECES DEL TRIBUNAL TOF N°1 LUEGO DEL JUICIO A ETCHECOLATZ
A 30 años de mi secuestro, desaparición y tortura, me siento a escribir estas líneas, porque por primera vez en tanto tiempo siento dentro de mí un hilo de verdadera esperanza en que se haga justicia en esta tierra.

El 20 de septiembre de 1976 fui secuestrado y torturado de muchas maneras. Luego permanecí detenido durante los siete años de la dictadura. Siete años conviviendo con el horror, con los gritos y recuerdos de los campos de concentración, con las vejaciones a las que era sometida mi vieja para poder visitarme, con la amargura, con la locura, con esa contradictoria sensación de querer sobrevivir y a la vez querer dejarse morir para que se termine ese horror.

Aclaro que nunca fui, ni soy, una víctima inocente producto del error. Fui y soy una persona convencida que solo la participación activa de cada uno en la vida de un país, es lo que puede transformar a la sociedad en cada vez más justa. En todo caso puede ser que haya sido una víctima más de la antipatria. Pero esa condición no me distingue de ninguna otra persona de este país. Hace 22 años cuando, luego del histórico juicio a las Juntas de Comandantes se redactó el informe del “Nunca Más”, tuve un atisbo de esperanza.

Pero demasiado pronto abofetearon a nuestra sociedad con las vergonzosas leyes  del perdón y los indultos… Y seguimos caminando como sociedad… a veces recto, a veces a los tumbos. Y así llegamos al hoy. Y resulta que por enésima vez fui convocado a declarar, a revivir, a revalidar las pericias, a soñar, a convivir con los fantasmas. Pero esta vez fue diferente. Esta vez estos jueces trataron al asesino con el derecho que él no nos dio a nosotros. Escucharon a la bestia, dejaron que el torturador esgrimiera sus nefastas convicciones. Le brindaron, en fin las garantías propias que debemos tener los seres humanos. Y luego lo condenaron con cada una de las letras… de las “g” a las “a” “genocida” fue la definición… Y nos reivindicaron como sociedad. Sabrán los Doctores Carlos Rozansky, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde la tremenda reparación y satisfacción que nos han dado a tantísimas personas, y a un pueblo entero?

Yo no tengo ninguna duda que la más férrea resistencia a la dictadura y la defensa irrestricta a los derechos humanos allí vulnerados, comenzó con la primer marcha de las Madres, Por mi vieja que fue una de ellas, por los 30.000 desaparecidos, por las embarazadas pariendo en las sombras, por los, niños con identidad robada, por los ancianos, por los adolescentes y por el futuro digno que todos merecemos, quiero agradecer públicamente a estos jueces esta luz de esperanza que me devolvió las ganas de creer que es posible.

Walter Roberto Docters Septiembre 2006
P / D
En estos momentos en los que se está otorgando, “por razones humanitarias”, prisiones domiciliarias a genocidas condenados de por vida y ahora se suma la posibilidad de Miguel Etchecolatz, surge en todos los sobrevivientes una profunda preocupación. Resulta que fuimos innumerables cantidad de veces a testimoniar sobre el horror vivido para hacer Justicia. Una Justicia que, en su oportunidad, se nos fue negada al igual que a todos nuestros compañeros. También resulta que a partir de nuestros testimonios muchos familiares de compañeros detenidos-desaparecidos pudieron saber la suerte corrida por sus seres queridos. También es un hecho que Miguel Etchecolatz NO es un Genocida más. Por el contrario, es todo un símbolo de la represión ejercida por el estado durante la Dictadura Cívico-Militar. El silencio de su relación con la segunda Desaparición de Julio López es una herida abierta en nuestra sociedad. Por otra parte quiero dejar claro que si con este tipo de hechos pretenden avanzar hacia el amedrentamiento de los sobrevivientes, testigos, y el campo popular en su conjunto sobre las conquistas de justicia ya obtenidas y las muchas que nos faltan obtener, deben tener en cuenta que tendrán que pagar el costo de ejercer nuevamente el Terrorismo de Estado, porque NO daremos un paso atrás… ni para tomar envión!!!
NO OLVIDAMOS – NO PERDONAMOS – NO NOS RECONCILIAMOS
Walter Roberto Docters Agosto 2016

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