Día Internacional de la eliminación de la discriminación racial

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El próximo 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial como parte de la promoción y protección de los Derechos Humanos. En muchos lugares del planeta se está produciendo un incremento del odio “racial” con efectos de violencia sobre “otros”, considerados como “enemigos” o “amenazas”, cuyo fundamento la mayoría de las veces es la desigualdad social, con sus consecuentes y variadas formas de exclusión de aquellos considerados “sobrantes” para el sistema político/económico dominante. Lamentablemente, la Argentina de hoy no está al margen de este proceso. Desde el comienzo del gobierno del presidente Mauricio Macri, diversas medidas y políticas que se han adoptado, contribuyen a incrementar el odio y la violencia hacia poblaciones que integran la diversidad en la sociedad nacional.

El próximo 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial al recordarse la terrible masacre efectuada por la policía sudafricana en Sharpville, el mismo día del año 1960, cuando fueron asesinados un numeroso grupo de personas que se manifestaban contra el represivo régimen racista del “apartheid”.

En la actualidad, en muchos lugares del planeta se está produciendo un incremento del odio “racial” con efectos de violencia sobre “otros”, considerados como “enemigos” o “amenazas”, cuyas explicaciones o fundamentos la mayoría de las veces debemos buscarlas en la desigualdad social, con sus consecuentes y variadas formas de exclusión de aquellos considerados “sobrantes” para el sistema político/económico dominante. La mayoría de las veces dichas aplicaciones del racismo se legitiman mediante justificaciones o explicaciones pseudocientíficas de una supuesta “inferioridad racial”. Vemos entonces como los prejuicios, juegan un rol determinante en el sentido de hacer digeribles para ciertos sectores de la población, a través de actitudes defensivas u ofensivas, situaciones extremas de explotación, discriminación y violencia. De este modo, el prejuicio se convierte en una herramienta que, utilizada en forma estratégica por determinados sectores sociales dominantes, y expresados a través de ciertos canales de comunicación, obtienen beneficios combinando la lógica de la diferencia con la de la desigualdad.

Lamentablemente, la Argentina de hoy no está al margen de este proceso. Desde el comienzo del gobierno del presidente Mauricio Macri, diversas medidas y políticas que se han adoptado, contribuyen a incrementar el odio y la violencia hacia poblaciones que integran la diversidad en la sociedad nacional. Uno de los primeros casos ha sido la modificación de la Ley de migraciones Nº 25.871, mediante el Decreto Nº 70/2017 (de “necesidad y urgencia”), posibilitando la expulsión automática de inmigrantes. A ello debemos agregar el proyecto de construcción de una “cárcel para inmigrantes” en el barrio de Nueva Pompeya, en la ciudad de Buenos Aires, anunciado en agosto de 2016. Estas políticas oficiales suelen reforzar sentimientos y situaciones de violencia simbólica e intolerancia entre sectores populares, reforzando muchas veces la oposición de “pobres contra pobres”, aunque sus alcances superan esta dicotomía.

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Vemos en este caso que este tipo de deslizamientos racistas se constituye en un arma cuyo mecanismo principal lo conforma la deslegitimación de políticas que incluyen a los sectores más necesitados de la población (inmigrantes de países limítrofes, pueblos originarios, pobres urbanos), sobre los cuales recaen generalmente las más atroces formas de violencia física y simbólica, como por ejemplo los recientes asesinatos de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Pablo Kukoc, el niño de 11 años Facundo Burgos en Tucumán, entre otros; por parte de las fuerzas de represión del Estado.

Asimismo también nos encontramos ante formas de racismo cotidiano, en algunos casos lamentablemente considerados como “de baja intensidad”, cuyas consecuencias son difíciles de predecir, aunque continúan nutriendo valores colectivos no sólo entre los grupos hegemónicos sino también entre sectores subalternos, y que en apariencia parecen “ajenos a los valores de nuestra sociedad”, pero cuyos efectos futuros podrían llegar a sorprendernos.

Juan Carlos Radovich (Dr en Antropología, Profesor Titular UBA / Investigador Principal del CONICET.

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