El festín judicial

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El sainete entre la Corte Suprema y el ejecutivo disputándose el sentido de la “Justicia” ante el advenimiento del juicio oral a la ex-Presidenta, mostró a la vista de todos como sin sonrojo alguno, sin que les tiemblen las voces, sin medias tintas ni ocultamiento de sus intenciones vengativas y proscriptivas, volaron las amenazas hacia los cortesanos,  abandonado a las decisiones de las corporaciones que ostentan el verdadero poder en estos tiempos.

Hay hechos que debieran ser determinantes para notar la putrefacción en la que ha sumergido a la sociedad y a las instituciones del Estado, el actual (des)gobierno (anti)nacional. El sainete entre la Corte Suprema y el ejecutivo disputándose el sentido de la “Justicia” ante el advenimiento del juicio oral a la ex-Presidenta, es uno de ellos. Sin sonrojo alguno, sin que les tiemblen las voces, sin medias tintas ni ocultamiento de sus intenciones vengativas y proscriptivas, volaron las amenazas hacia los cortesanos, siempre más preocupados por tapar sus mugrientos pasados, que por elaborar y sostener el sentido último del valor que debieran tener bajo su custodia, abandonado a las decisiones de las corporaciones que ostentan el verdadero Poder.

Personajes de calañas nauseabundas se erigen en reclamantes de “justicia”, la única que existe para ellos, la que posibilite la destrucción de su archi-enemiga, la que los sostenga el “ratito” más que les hace falta para terminar con su obra de implosión nacional. No tienen límite alguno para sus trapisondas, porque están respaldados por los fabricantes de sentidos mediáticos que construyeron el odio en esos sectores sociales descerebrados que se pretenden parte de una fiesta a la que no serán nunca invitados.

Ya se aseguraron el festín televisivo para las próximas semanas, mostrando a la “shegua” sentada en el cadalso promiscuo de un tribunal amañado y sin escrúpulos. La pretenden cabizbaja y derrotada, admitiendo culpas imposibles. La quieren atravesada por la guillotina de las acusaciones. La sueñan suplicando por su libertad, arrodillada ante esos remedos de jueces que olvidaron a la Constitución en el oscuro rincón donde ocultan sus promiscuas relaciones con los dueños de un Poder que tiembla ante la posibilidad de su regreso.

El patetismo se eleva al registrar a esos pequeños grupos de imbéciles golpeando cacerolas que nunca han sabido utilizar para sus originales fines, gritando sus ya ridículas consignas de rencores clasistas, cayendo aún más abajo de la bosta que los sustenta. Y la inteligencia se derrite ante las palabras de los escribas del Poder, extorsionando y presionando a los jueces y fiscales para que cumplan con el “deber” para el cual han sido “contratados”.

“Algo huele a podrido en… Argentina”. La paráfrasis sobre la famosa frase del Hamlet de Shakespeare no puede ser más actual. Todo el Estado ha sido atravesado por un “tsunami” de horrores administrativos, financieros, económicos, sociales y jurídicos. Ninguna ventaja para el Pueblo se mantiene enhiesta, sometido desde el vamos a las peores resoluciones del fabulador bailarín de cumbias. Todas las prerrogativas para los ganadores de toda la vida, para los fabricantes de nuestras desgracias y el lavado de cerebros que les posibilita su permanencia temporal.

No comprenden a quien se enfrentan. No han podido dimensionar a su rival. Tan obnubilados por sus odios, no reconocen la realidad ni estando frente a ellos. Con la transparencia de su inteligencia, la contundencia de sus palabras y la fortaleza de su alma, convertirá el banquillo en trono y se plantará ante los arrogantes jueces de un tribunal esquizofrénico, que solo ven fantasmas de una realidad paralela, que solo registran lo que le dictan desde las bambalinas los titiriteros imperiales.

Tardará más o menos en obtener la victoria judicial, subirá o bajará en las sucias encuestas de los diarios de la dictadura mediática. Pero nada impedirá su trascendencia y nadie podrá destruir la historia edificada desde su sabiduría y su pasión, síntesis de una personalidad brillante que no supo el Pueblo valorar lo suficiente. Tan brillante, que no habrá tribunal alguno que pueda impedir que nos ilumine el camino que ahora estamos obligados a desandar para reconstruir, con pasión, a nuestra Patria deshonrada.

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